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Fernando Cabada, dirigente y ejecutivo de fútbol en Perú
“Los clubes deben tener mucho diálogo entre ellos, y cuando aparecen desuniones, pueden surgir situaciones que distorsionen el mercado”
La apertura del mercado de derechos televisivos en Uruguay tras décadas de dominio de Tenfield marcó un punto de inflexión en el fútbol local. Con nuevas licitaciones, el auge de operadores como Directv y negociaciones que redefinen quién y cómo se verá el torneo, surgen tensiones entre tradición, ingresos y modelo institucional. En ese escenario, Fernando Cabada —dirigente y ejecutivo de fútbol en Perú— ofreció una mirada que busca equilibrar el negocio y la cohesión del sistema.
Fecha de publicación: 16/01/2026
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Redacción

El fútbol uruguayo vive un reordenamiento profundo de su principal activo comercial: los derechos de televisión. Tras 25 años de hegemonía de Tenfield, la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) abrió una licitación para el período 2026-2029 que puso en juego la producción y comercialización de las transmisiones del fútbol local. El proceso ya obtuvo adjudicaciones: Directv se quedó con los derechos principales por TV cable, mientras Team Click Sports Media–Antel lidera el streaming, aunque Tenfield aún podría igualar algunas ofertas. 

Pasada la licitación, este replanteo generó lo que la prensa local define como una “nueva era” audiovisual: señales y duplas de relatores comienzan a aparecer para la Copa Liga AUF; DirecTV negocia con cableoperadores y busca consolidar equipos periodísticos propios para los partidos del verano; y las transmisiones están disponibles en una serie de operadores a nivel nacional, aunque aún no hay acuerdos definitivos con varios del interior y Montevideo.

La puja desbordó lo meramente económico; algunos cables están obligados a vender el producto como premium, se debaten cláusulas como la “cláusula de igualación” para que Tenfield pueda igualar ofertas, y canales tradicionales se retiraron o negocian sus contenidos en función de cómo evolucionen las relaciones contractuales. 

Este nuevo mapa del negocio audiovisual del fútbol uruguayo convive con un debate más estructural sobre el reparto de ingresos entre clubes, la inserción de Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) como forma de gobierno y la sostenibilidad financiera de un sistema que busca diversificar sus ingresos tras años de concentración del mercado.

Fernando Cabada no proviene del ecosistema tradicional del fútbol. Su llegada a la gerencia general de Alianza Lima, uno de los clubes más populares e históricos de Perú, fue el resultado de una decisión poco convencional: aplicar una lógica empresarial a una institución atravesada por deudas, crisis de gestión y un complejo proceso concursal. 

“Mi llegada a Alianza fue una locura”, admitió en diálogo con CRÓNICAS. “Vengo de una trayectoria muy larga en temas de energía e hidrocarburos, y de repente me dicen: ‘¿Qué pasa si te proponemos participar de Alianza?’. Y dije que sí sin preguntar demasiado”.

Ese punto de partida condiciona su mirada. Cabada no habla de esquemas tácticos ni de nombres propios, sino de estructuras, incentivos y reglas de juego. “Yo estratega de fútbol no soy. Mi rol es otro: reorganizar, generar ingresos, ordenar”, explicó. Para él, el fútbol profesional moderno exige asumir que los clubes son, además de símbolos identitarios, organizaciones económicas complejas.

Este modelo no llevó al éxito”

Desde su experiencia en Perú, es crítico del modelo clásico de asociación civil sin fines de lucro. “Lo que pasó con los clubes peruanos nos demostró que este modelo no llevó al éxito al fútbol”, sostuvo. Alianza Lima, como otros grandes del país, cayó en insolvencia tras años de acumulación de deudas tributarias y mala administración, lo que obligó a recurrir a una ley especial de reestructuración patrimonial.

En ese contexto, Cabada planteó una cuestión central: la visibilidad de la propiedad y de las responsabilidades. “En una sociedad anónima tienes claridad sobre quién cuida qué intereses. Cuando la propiedad no se hace visible, la plata es de todos o no es de nadie”, afirmó. Para el ejecutivo, esa ambigüedad es terreno fértil para el desorden financiero y la falta de planificación, una advertencia que resuena con fuerza en el debate uruguayo sobre las SAD.

Sin adoptar una postura dogmática, sostuvo que la discusión no debería ser ideológica sino funcional: ¿qué modelo permite mayor control, mejores incentivos y una gestión más profesional del fútbol?

Cuidar el valor antes que maximizar la puja 

Uno de los ejes centrales de su análisis —y el que conecta directamente con la coyuntura uruguaya— es el de los derechos de transmisión. Como presidente del comité de dirección de la Liga 1, Cabada participa activamente en la negociación y administración de los contratos audiovisuales en Perú, y observa con atención lo que ocurre en Uruguay.

“Uruguay tiene un valor de derechos de transmisión importante para su dimensión país”, señaló. Y agregó un matiz clave: “El desafío no es solo cuánto se cobra, sino cómo se conserva ese valor”, afirmó. En su lectura, los procesos de licitación y apertura del mercado pueden fortalecer al sistema, pero también generar riesgos si no están acompañados por acuerdos sólidos entre los clubes.

Además, insistió en la necesidad de cohesión interna. “Los clubes tienen que tener mucho diálogo entre todos. Cuando aparecen desuniones, pueden surgir agentes o situaciones que distorsionen el mercado”, advirtió. En Perú, explicó, el cambio en el esquema de reparto buscó corregir una concentración excesiva que beneficiaba a pocos y dejaba al resto sin exposición. “Pasamos a un modelo más socializado. No siempre es lo mejor para los grandes, pero es necesario si querés que el fútbol del país se desarrolle”, remarcó.

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