-Recientemente el dólar se situó en valores mínimos en el último año y medio. ¿Qué consideraciones tiene al respecto de esta baja?
-Hay dos canales a tener en cuenta a la hora de ver la cantidad de dólares en la plaza: el financiero y el comercial. En cuanto al financiero, actualmente en el mundo hay tasas relativamente bajas y con negocios poco rentables, y en ese sentido los instrumentos nominados en pesos uruguayos son atractivos. Ese precio del dólar para nosotros terminó siendo una referencia, porque no tenemos índice de bolsa sobre los cuales tener una referencia de nuestro sistema financiero. El precio del dólar está dando una idea de lo que es la importante disponibilidad de dólares. Después, el canal comercial siempre va a fluctuar con la disponibilidad de dólares por buenas cosechas o temporadas de exportación. Eso va a ser fluctuante y ese canal se podrá ensanchar más o menos, pero, de momento, el canal financiero tiene un ancho de banda que es el que determina que el dólar tienda a estar en la referencia de $ 40 o menos.
-En este contexto, ¿qué ocurre con los ahorros de la población y el acceso al crédito? ¿Es momento para que el uruguayo ahorre en pesos?
-Siempre fue momento, porque el uruguayo gana en pesos. Si la mirada de ahorro del uruguayo es de largo plazo, teniendo en cuenta que contamos con la herramienta de la Unidad Indexada, es bastante lógico que el uruguayo ahorre en esos pesos protegidos y, en la medida en que la inflación se ha reducido paso a paso, aún más puede ser lógico que el uruguayo pueda endeudarse en pesos libres, por decirlo de alguna forma.
-La inflación se encuentra en mínimos históricos. En diciembre cerró por debajo del rango fijado por el Banco Central del Uruguay (BCU), lo que ha encendido ciertas alarmas en el Ejecutivo. ¿Qué escenario imagina para este 2026 respecto a la inflación?
-Nuestra proyección es que se recuperarán algunos puntos de inflación, pero que, en definitiva, la inflación va a estar dentro de los objetivos que persigue el BCU y bastante cercanos a la meta de 4,5%. Eso es lo que estamos previendo hacia finales del 2026. Más allá de las proyecciones, sí estamos viendo una dinámica más desacelerada del crecimiento de precios.
-¿Será necesaria algún tipo de medida o maniobra de las autoridades monetarias?
-No. Entiendo que el BCU está administrando el contexto interno y externo, que es lo que determina este comportamiento de la inflación, en cierta forma, con una política monetaria adaptativa.
-En un contexto internacional con tasas a la baja, ¿qué imagina que pueda ocurrir con las tasas en Uruguay? Recientemente el BCU recortó 50 puntos básicos...
-Las tasas ya han bajado. Si bien se preveía que el BCU siga bajando tasas, de todas formas, sorprendió la baja de 50 puntos básicos en diciembre. Da la sensación de que la política monetaria del BCU será adaptativa y tendrá un tono más neutral, y en ese sentido, irá acompañando el contexto interno y externo, que determinan ese sesgo.
-Guillermo Tolosa marcó recientemente que el ente apostará a desdolarizar la economía para proteger el ahorro de los uruguayos y facilitar el acceso al crédito. ¿Qué debería tener en cuenta el BCU en este proceso?
-Estas situaciones se hacen más de facto que de iure. Es más el peso de los hechos que de las reglamentaciones. El poder lograr una moneda estable y una inflación baja y estable, al mismo tiempo, es lo que lleva a que se modifique el comportamiento de los agentes. Simplifica mucho la fijación de precios a nivel micro el cumplimiento de una meta de inflación. Entonces, eso da mucho poder de juego para que luego la autoridad monetaria comience a reducir los niveles de inflación a un nivel bajo, estable y permanente. En un régimen de meta de inflación con un tipo de cambio flexible, el ancla es el cumplimiento de la meta. Entonces, más allá de las reglamentaciones o de los decretos, es el propio cumplimiento de la meta y la estabilidad de los precios en un nivel bajo, predecible y permanente, que va a llevar a una desdolarización.
-¿Qué evaluación hace del 2025 en materia económica?
-El 2025 fue un año de normalización desde el punto de vista económico. Desde la salida de la pandemia tuvimos, en cuanto a la cifra de crecimiento, muchos movimientos estadísticos que arrojaban números que se daban a raíz de efectos rebote, que muchas veces no representaban efectos de normalización. Se venía de niveles muy bajos y actividades que se normalizaban y provocaban esos efectos. Pasó con la pandemia, la sequía e incluso con la actividad de Ancap. En ese sentido, el 2025 fue un año en el que todos esos pequeños efectos terminaron de darse, donde la actividad económica quedó librada a esa soledad de ese crecimiento vegetativo, que está notoriamente por debajo del 2%. Nosotros, con este último dato del tercer trimestre, ajustamos a la baja el crecimiento al 2,3% y tenemos algún efecto rebote. De todas formas, se empieza a ver que la economía y su capacidad de crecimiento se va hacia la estructural y el crecimiento potencial, en el entorno del 2%. Por tanto, quedamos dependiendo del contexto externo. Hoy el mundo está muy complejo, porque hay reglas que se complejizaron, porque hay grandes motores que se desaceleraron mucho como China, y que no estará con la potencia que tuvo a principios de este siglo. En definitiva, estamos con un contexto externo, que es el que empuja nuestra economía, que ya no es viento, es brisa. Y después, tenemos un motor del auto que tiene muchas falencias, que es una analogía que intenta a apuntar a la competitividad de la economía uruguaya, donde hay islas muy interesantes que pueden ser ejemplo de estudio de universidades en el extranjero, como la exportación de servicios globales o la industria del software, pero que, después, se tienen que juntar con sectores que no tienen esos niveles de competitividad. Y cuando se hace el promedio, la competitividad es baja. Si hay un mundo complejo, que es hacia donde hay que salir a realizar las ganancias, y sos poco competitivo, con pocos empujando del carro, después te das vuelta y tenés que sostener una economía de bienestar y decir que ganas poco y que hay que repartirlo entre muchos, donde está la crepitación a nivel de lo que son las cuentas fiscales y las situaciones sociales que vemos permanentemente, es complejo.
“Si Uruguay se moviera bien podría, de una situación mundial de este tipo, sacar algo positivo”
-Distintos organismos internacionales han advertido sobre los altos niveles de incertidumbre en las perspectivas económicas a nivel mundial. ¿Cómo se inserta Uruguay en este mundo complejo?
-Si Uruguay se moviera bien podría, de una situación mundial de este tipo, sacar algo positivo. Pero, cuando uno pasa raya, con una economía que está deprimida a nivel mundial, con China creciendo a niveles bajos y Estados Unidos con complejidades, manejando una diplomacia comercial particular, evidentemente todo se vuelve más complejo. Uruguay ya no puede manejarse con un piloto automático y debe moverse con un nivel de sofisticación en sus relaciones internacionales que hagan que se puedan aprovechar los problemas como oportunidades, pero eso siempre es un desafío. A su vez, creo que a China creciendo a dos dígitos no la vamos a ver más y eso no es una buena noticia. A priori, no son buenas noticias que la economía mundial registre un crecimiento más débil; Uruguay está lejos en el mundo, porque estar en el Atlántico, y siendo un país como lo es Uruguay, nos hace estar lejos. Incluso, el puerto de Montevideo ha estado complicado, y si estamos cada vez más lejos, es difícil convertir los problemas en oportunidades. Pero, en definitiva, ese es un desafío que tiene el sector privado y se deberán buscar sinergias entre el ámbito privado y el público, para lograr darle una solución a este problema.