El proceso de ratificación del acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur volvió a ingresar en una zona de incertidumbre tras la decisión del Parlamento Europeo de elevar el texto al Tribunal de Justicia de la UE. La medida, adoptada por una diferencia mínima de votos, introdujo un nuevo compás de espera en un tratado que llevaba más de dos décadas de negociación y que era visto por los países del bloque sudamericano como una pieza clave para su inserción internacional en un contexto global cada vez más competitivo.
El consultor en materias como innovación, propiedad intelectual y gobernanza, exdirector regional de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) y actual miembro de la Academia Nacional de Economía (Acadeco), Carlos Mazal, reconoció, en diálogo con CRÓNICAS, que la parálisis es una realidad dado que sucedió "por una cantidad ínfima de votos". Este movimiento técnico-político tiene la capacidad, por lo menos en los papeles, de "paralizar de 12 y 24 meses" el proceso. A pesar de este complejo marco legal, el especialista mantiene un optimismo cauto basado en la flexibilidad de las instituciones europeas y sugiere que, al existir antecedentes de temas solucionados en la Comisión, "puede haber una aplicación provisoria" que no demande necesariamente todos esos meses de espera.
Incidencias políticas y el "capricho" regional
Para el consultor, gran parte del estancamiento actual no responde únicamente a tecnicismos jurídicos en el viejo continente, sino también a una falta de madurez política dentro del propio Mercosur. El analista fue crítico con la postura del gobierno brasileño y su impacto en la imagen del bloque al calificar como "un poco inmaduro, hasta infantil, el berrinche de Lula por no poder firmarlo en Brasil" y lamentó que el mandatario no acompañara al resto de los países a sellar el pacto en Asunción, ciudad donde "nace todo esto". Según su visión, este tipo de actitudes debilita la posición negociadora de la región frente a una Europa que ya enfrenta sus propias resistencias internas, lideradas principalmente por Francia.
El consultor sostuvo que Brasil es, paradójicamente, el actor que más tiene para ganar con este tratado, lo que vuelve la postura de su presidente algo "incomprensible más allá de un capricho". En este contexto de tensiones cruzadas, el especialista advirtió que Uruguay debe cuidar su imagen internacional con extremo celo. La reciente exclusión del país en menciones diplomáticas de alto nivel por parte de Estados Unidos es vista por Mazal como una señal de alerta de que "estamos en el radar y mal vistos".
El experto afirmó que si Uruguay, “que siempre ha servido de modelo para absolutamente todo”, no es mencionado, es porque en el exterior ya "tomaron nota" de ciertos rumbos que han generado malestar.
La autodisciplina como motor de cambio
Más allá de los números de exportación o los cupos arancelarios para la carne, defendió los tratados de libre comercio como herramientas de transformación estructural. Para el entrevistado, la integración no es solo mercantil, sino un compromiso con la calidad institucional porque "ser parte de un bloque más grande también tenemos que verlo como un apoyo a nuestra democracia", sostuvo. El analista enfatizó que los uruguayos necesitan ese impulso externo y aseguró que "en Uruguay necesitamos que nos empujen un poco y forzarnos a cumplir", lo que permitiría mejorar muchísimo la situación nacional.
Bajo esta premisa, la recomendación de Mazal para el sector productivo y el gobierno es no detener la marcha bajo ninguna circunstancia. Su postura es que "debemos seguir adelante con la preparación de toda la ingeniería" necesaria y que lo mejor es actuar "como si esto ya fuera firmado, y punto", destacó. Esta preparación implica fortalecer los equipos de negociadores comerciales, asimilando la experiencia de países como Chile, país que cuenta con una vasta red de tratados, y mantener la calma frente a las cámaras empresariales, entendiendo que "esto va a requerir muchísima negociación interna entre miembros del Mercosur" por el reparto de cuotas.
La interna política y un “despropósito” institucional
Por otro lado, cuestionó la convocatoria impulsada desde Presidencia para elaborar criterios en política exterior y el rol que asumió Álvaro Padrón. Fue enfático al señalar que “Padrón no es el ministro de Relaciones Exteriores” y que, aunque “tiene algún tipo de llegada al presidente”, eso no habilita a desplazar los canales formales de decisión.
El especialista calificó como “un despropósito” la participación de algunas figuras, en particular la de Alberto Volonté. “El tema de Volonté solo se justifica en función de su presencia en el Centro de Formación para la Integración Regional (Cefir), el cual está financiado por el Instituto Lula”, afirmó, y agregó que “no creo que él, beneficiándose de dineros del exterior, pueda participar en una reunión de este estilo”.
Si bien reconoció el valor de escuchar opiniones calificadas, marcó un límite claro: “Llamar a notables para escuchar una opinión está bien”, sostuvo, pero advirtió que “la opinión tiene que venir de los dirigentes de los partidos” y que “no se puede pasar por encima de los partidos en esto”, porque eso deja a Uruguay “en una posición que no tiene por qué estar ahí” en el plano internacional.
El puerto de Montevideo y el horizonte del Cptpp
Un punto ineludible en la visión estratégica de Mazal es la competitividad logística, centrada específicamente en la terminal capitalina. Para que cualquier tratado sea efectivo, el puerto debe ser una zona blindada ante conflictos internos, ya que "si nuestro puerto no es competitivo con Argentina o con Brasil vamos a tener problemas en cualquier tratado de libre comercio", mencionó.
El analista advirtió que el puerto envía una señal de si el país está realmente abierto a los negocios y sostuvo que "el puerto no se puede cerrar por temas sindicales o por conflictos" porque es, en esencia, "el corazón del Uruguay".