Entrevista
Gonzalo Oleggini, master en Negocios Internacionales
Freno del acuerdo: “Hay un juego político y una pulseada de poder, con Ursula von der Leyen en el centro”
La moción aprobada por el Parlamento Europeo para enviar a la justicia el acuerdo con el Mercosur y revisar si es compatible con otros tratados del bloque responde a un juego político y a una pulseada de poder, con la figura de Úrsula von der Layen en el centro, según explicó Oleggini en entrevista con CRÓNICAS. Sin embargo, más allá de este altercado que supone una parálisis en el proceso de avance de este acuerdo, el especialista anticipó que, una vez materializado, se deberán aumentar los niveles de inversión empresarial en el país para “producir más” y lograr aprovechar el acuerdo con el bloque europeo.
Fecha de publicación: 23/01/2026
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Redacción

-Recientemente el Parlamento Europeo frenó el acuerdo entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur y aprobó la moción para enviarlo a la justicia, para que un tribunal revise si es compatible con los tratados del bloque. ¿Cuál es el nuevo panorama que se presenta luego de este acontecimiento?

-Básicamente, el tema es que el acuerdo irá al Tribunal de Justicia de la UE, que decidirá si el tratado cumple con la normativa europea. Lo que se está planteando es la legalidad del tratado, principalmente en una de las cláusulas donde la UE se compromete a compensar al Mercosur en el caso de que existan cambios de normas de producción en el apartado ambiental. Esa es la parte más fuerte del tratado, que ellos ven que no tiene las mismas reglas que anteriores tratados del bloque. Por ese motivo es que se lleva al tribunal, para que se evalúe si el tratado comprende las mismas lógicas y cláusulas que anteriores tratados. Si eso es así, el acuerdo seguirá adelante, lo que ocurre es que, por más que se trate de hacerlo rápido, seguramente este proceso puede llevar entre seis meses y un año. Para los detractores es ganar tiempo, es una especie de chicana legal y lo que están haciendo es extender el inicio del funcionamiento del tratado con el Mercosur.

-Se habló de la posibilidad de implementar el acuerdo de forma provisoria, mientras se soluciona este problema.

-La Comisión Europea dijo que intentará que el tratado pueda iniciarse de forma provisoria. No hay nada estipulado sobre eso, pero es el camino que anunciaron de momento. Que todo siga como está y que el tratado pueda votarse. El tema es que el Parlamento Europeo no lo va a querer votar hasta que no vuelva del Tribunal de Justicia. Por más que se avance provisoriamente en muchas cosas, se puede avanzar hasta que se pare en la votación del Parlamento Europeo. Ahora, en estas condiciones, no se va a votar hasta que no tenga un dictamen. 

-¿Cuáles son las posibilidades de que el acuerdo finalmente se concrete, visto este nuevo panorama que se abre?

-El tema del tratado sigue en carrera. Esto, lo que hace, es dilatar el proceso. Los detractores lo toman como una victoria el ganar tiempo, pero en seis meses o dentro de un año, el tratado va a ser el mismo. En definitiva, lo que están tratando de hacer es ganar tiempo. Esto está inmerso en un tema político interno de lo que es la propia UE, porque el Parlamento está enfrentado con la Comisión. Hay un juego político y una pulseada de poder, con la figura de Ursula von der Leyen en el centro.

-Más allá de este proceso que frena, de momento, el acuerdo, una vez que el acuerdo se materialice y comience a mostrar sus efectos, ¿es factible esperar una variación en los precios en las góndolas del país?

-En primer lugar, hay que aclarar que el acuerdo es una herramienta que genera posibilidades. Puede suceder mucho, poco o nada a partir del acuerdo. Y eso va a depender de lo que hagan las fuerzas comerciales, básicamente. Esto es algo para tener en cuenta, porque Uruguay tiene un Tratado de Libre Comercio (TLC) con México, que es un acuerdo muy importante, y en este momento está subutilizado. Entonces, los acuerdos son una herramienta, que después hay que usarla. La seguridad de que ingresen nuevos productos y de que salgan muchos es algo relativo y va a depender de todo lo que el movimiento empresarial haga. Este acuerdo da herramientas. Ojalá ingresen nuevos productos europeos y con costos más bajos, a un mercado tan cerrado como el Mercosur, con un arancel externo tan alto que no ha permitido el ingreso de competencia de otros países. Lamentablemente, tenemos una estructura de precios que está muy atada a la región y cuando uno va a un supermercado, lo que mayormente se ven son productos argentinos y brasileños. Ojalá se logre competencia y que los precios bajen. Eso es un deseo, si se va a concretar o no, es muy difícil anticiparlo, pero sí existe la oportunidad. Esto es lo que hay que tener claro, porque muchas veces se dan cosas por dadas, como cuánto va a crecer el Producto Interno Bruto (PIB), cuánto va a aumentar el empleo y cuánto más se va a exportar. Todo eso es hipotético. La realidad es que debe haber un movimiento de fuerzas empresariales de un lado y del otro, para que todas esas previsiones que se hacen se concreten.

-Mencionaba que la materialización de avances dependerá de lo que el movimiento empresarial haga. ¿Qué aspectos serán importantes en este apartado?

-En primer lugar, hay que plantear una cosa: en el acuerdo hay una lista de productos, que son los que tienen cuotas, pero que son los que más interesan en el caso de Uruguay, que, en esos cuatro, siete y 10 años que lleva el proceso de desgravación, pueden aumentar su ingreso, pero también hay que producir más. La pregunta es si las empresas uruguayas tienen oportunidad de crecer y aumentar su producción para cumplir con esos aumentos. Yo creo que, hoy en día, no. Y hay que empezar a procesar cambios en las empresas para producir más. Lo primero que Uruguay tiene que hacer es tratar de, en algunos rubros donde se generan estas oportunidades, producir más. Uruguay hoy no tiene tanto problema de colocación, sino que tiene el problema de que paga aranceles más altos y para eso se necesita el acuerdo, pero también hay que producir más. Y uno de los cuellos de botella que surge ahí es el tema de la inversión. Hay que aumentar los niveles de inversión empresarial para producir más, para poder aprovechar el acuerdo. Las empresas que están más beneficiadas en el acuerdo van a tener que aumentar su capacidad de producción para poder cumplir e ingresar al mercado europeo. Por otro lado, Europa está preparada para venderle a cualquiera y no se puede esperar nada diferente de lo que hace.

-Otro tema trascendente en este aspecto es la competitividad. ¿Cuál es el camino para poder abordar este aspecto?

-El análisis depende de quién esté enfrente. En este caso está la UE, que mayormente tiene costos de producción, mano de obra e impuestos, entre otros, más caros que los que hay en el Mercosur. Y, sin embargo, cuando uno va a la góndola europea, los productos finales valen, algunos, la mitad que en Uruguay. El argumento de la competitividad y la productividad es clarísimo que existe, pero tiene su peor escenario en un TLC con China, no con la UE. China sí tiene costos de producción más bajos.

-Entonces, ¿qué hace falta?

-No es solamente un problema de productividad y competitividad, sino que el problema más grande es el de falta de innovación y de capacidad de producción en los productos finales. La oportunidad que brinda este tratado es la de vender productos terminados. ¿Estamos en condiciones de hacerlo? No, pero no es por la productividad y la competitividad exclusivamente, es por la falta de innovación que tenemos en los productos. En Uruguay tenemos los mismos productos hace 30 años y el que ha generado toda esa parálisis ha sido el Mercosur, porque nos ha tenido encerrado en un mercado donde cazábamos en el zoológico. Muchas empresas cazan en el zoológico. En este tratado hay que cazar fuera del zoológico y para hacerlo, hay que ser más ágil, más competitivo, productivo e innovador. Y nos falta todo eso. Por eso, cuando se plantea que vamos a vender más, yo diría que vamos a vender más si hacemos lo que debemos hacer. Todos hablan de ganadores y perdedores, un concepto que a mí no me gusta, pero yo voy a un tercer grupo que no estamos teniendo en cuenta, que es el 70% de los productos que caen al arancel cero cuando empieza el acuerdo. Esos productos caen porque hoy no hay una corriente exportadora y no son sensibles para ninguna de las dos partes, o la otra parte ve que el Mercosur no le va a vender esos productos, porque no los tiene. Ahí hay un montón de potencial y mejoran las condiciones enseguida, porque no hay que operar ni cuatro o siete años. Ahí hay agua mineral, cerveza, algunas frutas y un montón de productos, que muchos ni siquiera Uruguay produce.

“Un calendario largo reconoce una asimetría y que el otro debe reformular y reconvertir”

-¿Qué ocurre con la aplicación gradual de la quita de aranceles a productos europeos en el Mercosur, que algunos alcanzan hasta los 15 años? Se trata, básicamente, de productos manufacturados. ¿Esta gradualidad responde a la poca capacidad de competencia que tienen los productos manufacturados locales y regionales frente a los europeos?

-Si. En gran parte, cuando hay un calendario largo lo que se hace es reconocer una asimetría y que el otro debe reformular y reconvertir. Cuando Uruguay entró al Mercosur muchas industrias se iban a ver afectadas por el tamaño de Argentina y Brasil y, supuestamente, Uruguay iba a iniciar un proceso de reconversión, y la manija de ese proceso la tiene el Estado. Eso nunca sucedió y muchas empresas quedaron en el camino. Ahora viene una segunda etapa de eso, con una industria más disminuida. La UE está dando un plazo de 15 años en los que está diciendo que durante ese período cambie y mejore. Si dentro de 15 años no se hizo, los productos ingresan igual.

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Gonzalo Oleggini
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