La incorporación de inteligencia artificial en el ámbito laboral avanza a ritmo acelerado, pero lo hace en un clima de expectativas desalineadas entre empresas y trabajadores. Así lo revela la edición 2026 del Randstad Workmonitor, que muestra que el 56% del talento en Uruguay considera que la adopción de IA beneficiará principalmente a las empresas y no a los trabajadores, una percepción que supera el promedio global, ubicado en 47%.
El dato se inscribe en un contexto de tensión creciente en el mercado laboral, atravesado por la volatilidad económica y la transformación tecnológica. A nivel global, mientras el 95% de los empleadores espera crecer durante este año, solo el 51% de los trabajadores comparte ese optimismo. Esta brecha de expectativas impacta directamente en los niveles de confianza y en la forma en que el talento procesa los cambios impulsados por la automatización y la digitalización.
En ese escenario, el liderazgo cercano aparece como un ancla de estabilidad. El estudio muestra que, ante una caída en la confianza hacia la alta dirección, el 72% de los trabajadores afirma apoyarse cada vez más en la relación con sus managers directos para atravesar la incertidumbre económica y los cambios organizacionales.
Aunque las organizaciones aceleran sus planes de adopción de IA con foco en la eficiencia y la productividad, la percepción del impacto entre los trabajadores sigue siendo dispar. A nivel global, uno de cada cinco considera que la inteligencia artificial no tendrá ningún efecto en sus tareas cotidianas. Esa mirada contrasta con la evolución del mercado laboral: durante 2025, las vacantes que requieren habilidades vinculadas a “AI Agents” crecieron 1.587%, evidenciando una demanda que avanza mucho más rápido que la percepción del talento.
De acuerdo con Randstad, este proceso configura lo que define como una “Gran Adaptación de la Fuerza Laboral”, en la que la inteligencia artificial se utiliza mayoritariamente como una herramienta para mejorar la eficiencia y la productividad, más que como un mecanismo de reemplazo directo de puestos de trabajo.
“El uso de herramientas de IA avanza sin pausa en las empresas y se perfila más como un complemento que como un reemplazo del trabajo humano”, sostuvo Andrea Avila, CEO de Randstad para Argentina, Chile, México y Uruguay, y agregó que el debate sobre sesgos, alucinaciones y la necesidad de regulación refuerza la importancia del control humano. “Veremos un creciente avance de la tecnología actuando como copiloto de los trabajadores, lo que hará que las habilidades blandas se valoricen aún más”, afirmó.
En el plano regional, Uruguay muestra niveles de confianza alineados con el promedio global. El 69% del talento local se siente confiado en su capacidad para utilizar IA en el trabajo, aunque por debajo de países como Argentina, Chile y México, donde ese indicador se ubica entre cuatro y cinco puntos porcentuales por encima de la media global.
Esa confianza se traduce en impacto concreto: el 54% de los trabajadores en Uruguay afirma que la inteligencia artificial contribuye a mejorar su productividad, consolidando una visión mayormente positiva respecto a su efecto en la organización del trabajo, la optimización de tiempos y la eficiencia en la ejecución de tareas.
Al mismo tiempo, el avance de la IA refuerza la conciencia sobre la necesidad de actualización. El 65% de los trabajadores reconoce que debe mejorar sus habilidades digitales y de inteligencia artificial, y más de la mitad ya busca activamente oportunidades para asegurar el futuro de su empleabilidad. “Esta demanda de nuevas habilidades plantea a las organizaciones un desafío clave: garantizar la formación de la fuerza laboral con foco en la equidad, para evitar nuevas brechas de acceso”, concluyó Avila.