-¿Cuál es su evaluación del 2025 en materia económica?
-Fue de más a menos. Venía arrastrando un buen crecimiento, sobre todo en los primeros meses del año con una buena temporada turística y varios rebotes interanuales. Después, la economía entró en una desaceleración que se mantiene hasta hoy, que hace que el crecimiento vaya a estar por debajo de lo proyectado, en el entorno del 2%, cuando en la Ley de Presupuesto se proyectó 2,6%. Fue un año que arrancó relativamente bien y terminó totalmente desacelerado, sin fuerzas como para encarar el 2026. Se presentó un presupuesto con el incremento de gasto más chico en la historia de los gobiernos del Frente Amplio, pero no deja de ser un presupuesto en el que el gasto se incrementa. Es un presupuesto con supuestos de crecimiento optimistas y que son la base para poder sostener el incremento del gasto. Si no se crece al ritmo esperado, que es lo que estamos viendo en este momento, creo que se perdió la oportunidad de poder generar una mayor eficiencia de gasto público, que, a la larga, derive en que el gasto público al menos no crezca. Y, a su vez, en el presupuesto se dejó pasar la oportunidad de hacer una revisión del gasto público, que es muy importante, y que la mayoría de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) lo han hecho. En el 2025 también se profundizaron los problemas de competitividad, de la mano de que no hubo reformas grandes a nivel micro y de que el dólar tuvo una trayectoria a la baja, algo que sufren los sectores exportadores, tanto de bienes como servicios, que complicó aún más los temas de rentabilidad. Por su lado, la inflación se consolidó dentro del rango meta, más cerca del piso que del techo, y eso es una buena noticia por más que pueda traer perjuicios.
-El valor del dólar actual amenaza los equilibrios entre inflación, competitividad y crecimiento. ¿Considera acertado el cambio a una política monetaria expansiva y la posibilidad de que la Tesorería y las empresas públicas adquieran dólares?
-En las últimas semanas hubo medidas razonables y esperables por parte del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), con el objetivo de poder mover al alza el valor del dólar. Eso ocurrió no en la magnitud que el sector exportador esperaba, pero se salió del valor tan bajo al que se había llegado. No hay que dejar de entender que en este tema el gran driver son los fenómenos globales y que Uruguay a nivel local puede hacer poco y el margen de maniobra es limitado. Lo que ha pasado en los últimos meses es algo a nivel global, de lo que Uruguay no escapa, y lo que ha dicho el ministro de Economía, Gabriel Oddone, es que la atención se tiene que centrar, y esperemos que así sea, en reformas micro que mejoren la competitividad de todo el sector transable y no transable, más allá de lo que pase con el valor del dólar. Son reformas que abaraten la producción y hagan que sea más fácil mejorar la productividad a través de la innovación, sin tener que atarse únicamente a que el valor del dólar suba.
-El Índice Big Mac, elaborado por The Economist, estableció que el peso uruguayo es la moneda más devaluada ante el dólar. ¿Es un análisis por fuera del contexto o que refleja fielmente la realidad del peso uruguayo?
-Lo que marca el Índice Big Mac es qué tan subvaluada o sobrevaluada está la moneda con respecto al indicador que toma. Decir que el dólar acá debe estar en tal o cual valor, creo que es muy variable dependiendo de la metodología que se utiliza. Nosotros preferimos no centrarnos en un valor al que el dólar debería estar, sino entender qué es lo que sucede con el dólar, qué factores lo sitúan en ese valor y qué se puede hacer para mejorar la rentabilidad. Es un dato que debe preocuparnos en el sentido de que debe ser una motivación para avanzar más rápido en otro tipo de reformas que mejoren la rentabilidad. Este dato deja de manifiesto los problemas de rentabilidad que esto genera, pero no centraría la atención en el valor en el que el dólar debería estar, porque eso simplemente no va a pasar. La política monetaria actual, lo que es adecuado, no busca y no va a mover el dólar hacia un valor que lo deje cómodo hacia tal o cual número, sino que hay que centrar la atención en otras variables, sin dejar de reconocer que ese valor del dólar genera muchas afectaciones. A su vez, vemos que los años en los que el dólar está en el valor que marcan sus fundamentos o por encima, la economía crece más, se genera más empleo y hay más inversión. Y en los años en los que está por debajo, como en estos años, la economía crece menos, se genera menos empleo y hay menos inversión. Entonces, en ese entendido, tomamos dimensión de lo que genera tener un dólar en estos valores, pero eso no quiere decir que alentemos políticas para que muevan su valor a tal o cual lugar, sino que se debe centrar la atención en todo lo accesorio que se pueda hacer en torno a eso, para mejorar la rentabilidad.
-El valor del dólar actual perjudica a los sectores exportadores, como usted menciona. ¿Cree que este gobierno ha impulsado iniciativas que busquen, con fundamento, atacar esta problemática?
-La visión del MEF es ir por esas otras cosas, en trabajar en regulaciones para hacerlas más amigables y en diferentes beneficios impositivos, focalizados en pequeños y medianos emprendimientos y trabajar en política exterior, que es algo muy importante, que debería ser uno de los primeros focos para abrir mercados y mejorar el acceso a mercados ya existentes. A su vez, se pueden hacer políticas de incentivos fuertes en riego, que no solo mejorarían el rendimiento y la estabilidad de los cultivos, sino que también repercutirían en lechería y ganadería, por ejemplo. Hay muchas cosas que se pueden hacer para mejorar la productividad y abrir más el abanico de opciones en términos de innovación y mejoras de productividad del sector agropecuario que es donde se debe poner el foco, dado que el margen de acción con el dólar es bajo. No solo el sector agroexportador sufre de esto, sino que también lo padecen aquellas personas que ganan en dólares y el sector turístico, que muchas veces nos olvidamos que es un sector de actividad que representa a más del 6% del Producto Interno Bruto (PIB), y que más allá de que haya tenido un buen flujo en esta temporada, buena parte de sus ingresos están en dólares y las tarifas no se ajustaron acompañando la baja del dólar para mantener rentabilidad, sino que en promedio se mantuvieron para poder seguir siendo atractivos.
-En el segundo semestre de 2025 el mercado laboral experimentó una leve desaceleración en comparación con los primeros seis meses del año pasado. ¿Considera que este movimiento en las cifras se explica a raíz de políticas contrarias por parte del Ejecutivo?
-Sí. Esto tiene sentido porque se han dado señales que repercuten negativamente para la inversión y la generación de empleo. Se ha generado, desde el segundo semestre de 2025, mucha incertidumbre tanto por cambios impositivos del presupuesto o por algunas diferencias en la visión dentro del Ejecutivo por determinados aspectos que han salido del Ministerio de Trabajo y se han dado señales de incertidumbre y un poco contrarias a lo que un inversor busca cuando piensa en el país. Y esas incertidumbres generan frenos y que no se tomen determinadas decisiones, lo que repercute directamente y de forma negativa en el mercado laboral, lo que se refleja en las cifras de empleo y de la actividad económica. Son números que hacen sentido respecto a las señales que se dieron y a la incertidumbre que se generó.
Túnel en 18 de Julio: “Hay muchas interrogantes que surgen del análisis”
-El Ejecutivo, junto a la Intendencia de Montevideo, analiza un plan de movilidad para Montevideo que implicaría, entre otras cosas, la construcción de un túnel por 18 de Julio desde Plaza Independencia hasta Fernández Crespo. ¿Cree que esta es la mejor alternativa?
-Yo propuse una alternativa y creo que, dado que se tratará de la mayor inversión pública en el tema en aproximadamente el último siglo, merecemos un debate técnico donde se explique por qué se va a elegir esta alternativa, cuál es la estimación costo-beneficio que llevó a elegirla y por qué no se contrató un informe externo, entre otras cosas. Hay muchas interrogantes que surgen del análisis, que como población merecemos que se nos conteste, dado que se trata de la inversión pública más grande de las últimas décadas en Montevideo y que se asumirá una deuda millonaria. En mi tesis de maestría seguí el tema para proponer una alternativa y esa propuesta costaría menos de la que hoy en día está sobre la mesa y lo que muestra, en diferencia a la propuesta del túnel, es que en aquellas zonas más céntricas y pobladas circulen tranvías por superficie, sin pasajes a desnivel o túneles, con tres líneas principales. Una de Plaza Independencia hasta Avenida Italia y Barradas, que seguiría hasta el Géant y al aeropuerto, otra línea desde Plaza Independencia hasta el Intercambiador Belloni y una última que aproveche el Ferrocarril Central, reflotando la Estación Artigas, desde allí hasta Paso Molino, con la posibilidad de seguir hasta Las Piedras. Esto, sumado a la incorporación de líneas de ómnibus directas desde el final de estas líneas hasta distintos puntos de la periferia, costaría menos que la propuesta que hoy se maneja.