Entrevista
EN LA CORTE
Sanjurjo: “Las estadísticas que nosotros damos son fiables, pero no cuentan toda la historia”
Pertenece al Partido Colorado, integró el Ministerio del Interior en la anterior administración y actualmente mantiene su cargo dentro de la cartera, pese al cambio de gobierno. Diego Sanjurjo es uno de esos casos atípicos que no suelen verse con frecuencia en la política uruguaya. En entrevista con CRÓNICAS, dio su visión acerca de la situación actual de la inseguridad, afirmó que la mayoría de los uruguayos “se sienten inseguros” y defendió las estadísticas de delitos que brindan desde Interior, pero reconoció que “no cuentan toda la historia”.
Fecha de publicación: 13/02/2026
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Diego Sanjurjo, gerente del Área de Estadística y Criminología Aplicada del Ministerio del Interior
Por:
Mateo Castells

Menú: El entrevistado eligió de la carta de La Corte salmón salvaje de Alaska con coulis de tomates secos y crocante de sésamo, que acompañó con agua sin gas. De postre, optó por gelatina y un té.

-Las cifras de delitos que presentaron recientemente muestran a grandes rasgos que las denuncias de delitos bajaron levemente y que los homicidios descendieron un 3,4% en comparación con 2024. ¿Qué muestran estos números, si se tiene en cuenta la realidad más allá de las cifras que se vive en Uruguay?

-A grandes rasgos, la evolución anual es satisfactoria, en el sentido de que de los 15 indicadores con los que trabaja el Área de Estadística y Criminología Aplicada (AECA) del Ministerio del Interior (MI) en el 2025, hay 13 que bajaron. De esos 13, varios bajaron poco, dentro de una estabilidad, y hay otros que bajaron de forma contundente, como las rapiñas, los hurtos, secuestros, vehículos hurtados y extorsiones. Luego, aumentó levemente la violencia doméstica, dentro de una estabilidad, y el que aumentó realmente es el abigeato. Ahora, si se ve en perspectiva histórica, lo que importa es decir que el indicador de homicidios, que es el que más preocupa a la ciudadanía, se mantiene sorpresivamente estable y es difícil de reducir. Luego, tenemos buenas noticias, ya que delitos tradicionales contra la propiedad, como rapiñas, daños y hurtos, no solo bajaron el año pasado, sino que vienen bajando desde 2019 y 2020. Por otro lado, hay que destacar que el año pasado comenzamos a medir delitos complejos, como secuestros y extorsiones, que no son menores, porque son aquellos delitos que aterrorizan a toda América Latina. Esos delitos, que en la mayoría de la región aumentan y generan preocupación, en Uruguay, al menos en 2025, disminuyeron. 

-Pese a que usted menciona que la extorsión y los secuestros disminuyeron, ¿se puede hablar de una mutación de la delincuencia en el país?

-Sin duda. Lo que vemos en Uruguay es lo mismo que vimos en otros países, a menor o mayor escala, pero es un tema mundial y regional. Hay dos grandes transformaciones históricas que están muy entrelazadas y que tienen que ver con la tecnología y con la globalización. Esa preocupación que había hace 40 años, de una persona en un barrio que roba en un supermercado porque está borracho, todavía existe, pero es la menor de las preocupaciones. Hoy tenemos una delincuencia infinitamente más compleja de la que había antes, donde se entrelazan personas que se agrupan para delinquir, alrededor de mercados ilegales que son transnacionales. Eso, en Uruguay, tiene que ver con sustancias ilícitas y los grupos actúan de forma que a nosotros nos llama la atención, pero todo lo que ellos hacen está ligado a lo que hacen otras personas en otras partes del mundo. A su vez, la tecnología permite que todo esto se vuelva cada vez más dinámico y complejo. Entonces, el mundo criminal se complejiza y se organiza y se pasa, cada vez más, al mundo digital, como todo en nuestras vidas. Eso es una diferencia enorme. En Uruguay tenemos la suerte de que solo hay uno o dos mercados ilegales importantes, como el narcotráfico y el contrabando. Otros países de la región tienen minería ilegal o tráfico de fauna y flora. Hay que entender a la delincuencia de hoy como una delincuencia que se da dentro del marco de mercados ilegales transnacionales. Si no entendemos eso y pensamos que simplemente son malas personas que se matan por sus motivos, no vamos a entender nada.

-¿Hoy el Estado uruguayo tiene la capacidad y los medios para hacerles frente a estas organizaciones?

-Tiene, lo hacemos todo el tiempo. El problema es que, si se entiende el delito como una banda a la que se desmantela y se termina el problema, estamos errados. Ahora, si entendemos que esa banda responde a un mercado ilegal, tenemos que saber que, si desmantelamos a esa banda, pasado mañana va a surgir otra. No hay manera de que no surja otra, porque hay que pensar que el problema no se va a acabar. Mañana hay que desmantelar otra banda y saber que el caldo de cultivo que da lugar a estas bandas es infinito. Y yo estoy mandando a todas esas personas a prisión, y la población carcelaria va a terminar siendo una población del tamaño del segundo departamento más grande del país. Lamentablemente no hay ningún país del mundo que esté logrando acabar con ese mercado ilegal. El narcotráfico se está mostrando como un desafío que nadie está logrando reducir de manera significativa.

-Usted está planteando que la batalla contra el crimen organizado está perdida, tanto a nivel local como internacional.

-Yo no diría contra el crimen organizado, porque hay muchos tipos. Si hablamos de crimen organizado, en el contexto de tráfico de estupefacientes, sí. No digo que sea una batalla perdida, pero sí que, al parecer, la evidencia muestra que no es posible ganarle. No es posible ganarle la batalla al narcotráfico, porque cada año más personas en todo el planeta deciden que quieren consumir drogas cada día. Y es un mercado que está marcado por la demanda. Cuantas más personas consumen drogas ilegales, más personas querrán suplir esa demanda, lo que implica más crimen organizado, y ya están en un punto en que tienen el poder de fuego para enfrentarse a los Estados y ganarles.

-En ocasiones se ha colado en la discusión pública y política la posibilidad de la legalización de las drogas, como alternativa al combate directo al narcotráfico. ¿Entiende que es una posibilidad para considerar? ¿Es viable?

-Creo que, cuando hay un problema tan fuerte como este y claramente nadie lo está logrando resolver, más allá de si es viable o no, creo que uno no puede ser tan necio de no probar. A esta altura, casi todos los expertos en estos temas, sobre todo los que venimos de la academia, entendemos que es cuestión de tiempo hasta que alguien diga que no puede seguir con este derrotero y plantearse cosas nuevas. No he escuchado en Uruguay un planteo serio al respecto.

-¿Lo imagina en el mediano plazo?

-No sé, ojalá que alguien lo proponga. Creo que en Uruguay aún hay muchas personas en el ámbito político y en el ámbito de la seguridad que no han entendido esta transformación y no conciben al delito como parte de un mercado ilegal que es infinito, sino que lo siguen entendiendo como se lo entendía en los años 70 u 80, donde hay personas malas que si las meto presas se termina el problema.

-¿Cuál cree que es el termómetro real de la sociedad uruguaya con respecto a la situación de la inseguridad? 

-Las estadísticas que nosotros damos son fiables, pero no cuentan toda la historia, porque la inseguridad es un fenómeno que tiene una dimensión objetiva y otra subjetiva. Intentamos medir la parte objetiva de este fenómeno, pero hay una parte subjetiva, que es importante. Si yo me siento inseguro caminando por la calle, por más que la seguridad objetiva sea baja, el Estado debe responder a eso. Es nuestra responsabilidad que la gente se sienta segura, porque es una necesidad básica del ser humano. A mí nunca me van a ver diciéndole a la gente que no puede tener miedo porque bajaron las estadísticas. Si tiene miedo es real, y nosotros estamos en debe. Creo que hoy la mayoría de los uruguayos se sienten inseguros y tienen razón, porque Uruguay es un país peligroso. Hay lugares más peligrosos que otros, pero creo que nadie se acostumbra a sentirse inseguro del todo. Si Uruguay, como toda América Latina, viene en un declive de la inseguridad, es normal que la gente tenga mucho miedo.

-Cuando salen estadísticas oficiales que muestran cifras de delitos, quien ocupa el lugar de Ejecutivo lo utiliza como bandera política y eslogan si los resultados son relativamente buenos y quienes son oposición dudan de la veracidad y la fidelidad de esos números. ¿Es imposible que esto ocurra?

-Es gran parte del problema. La politización de la seguridad pública es un problema acuciante en toda la región y una de las principales causas del fracaso en muchos países. Porque, cuando frente a los desafíos enormes de los que he hablado, el Estado no logra reducir los números, se crea un incentivo para que alguien en la oposición plantee medidas cada vez más populistas y extremas. Eso hace que se polarice la sociedad. En Uruguay hay muchos actores del sistema político, no todos y tampoco la mayoría, en la oposición de turno, que aprovechan la situación para politizar el tema inseguridad, hacer política menor y denunciar maquillaje de cifras y que el gobierno miente. Cuando asumí la responsabilidad de reformar el AECA, entre todos los objetivos ambiciosos que nos planteamos, uno era lograr ganarnos la confianza ciudadana y lograr superar esas críticas infundadas que siempre hace la oposición. Estoy convencido de que Uruguay no puede seguir con eso y debe ser denunciado.

“Hay que poner a la seguridad pública por encima de lo político-partidario”

-¿Se siente cómodo en el rol que hoy ocupa, pese a que integrantes de su propio partido han criticado las medidas y cifras de seguridad de este gobierno?

-Seguramente podría estar en una situación mucho más cómoda, pero también ya estoy acostumbrado. El MI nunca es un lugar cómodo y siempre te están responsabilizando de cosas sobre las cuales vos no tenés incidencia y estás en la palestra pública. Cuando acepté continuar en el cargo, sabía que esto iba a ser un grado mayor de incomodidad. Y sabía que podía pasar esto, que yo tuviera que cruzar a alguien de mi propio partido, pero porque entiendo que hay que poner a la seguridad pública por encima de lo político-partidario.

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Diego Sanjurjo
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