Si bien se prevé que la tasa de desempleo mundial se mantenga en el 4,9% en 2026 (unas 186 millones de personas), millones de trabajadores en todo el mundo siguen sin tener acceso a empleos de calidad. “El crecimiento resiliente y las cifras estables de desempleo no deben distraernos de una realidad más profunda: cientos de millones de trabajadores siguen atrapados en la pobreza, la informalidad y la exclusión”, afirmó el director general de la OIT, Gilbert Houngbo.
Según se detalla, cerca de 300 millones de trabajadores continúan viviendo en la pobreza extrema, con ingresos inferiores a tres dólares al día, mientras que la informalidad va en aumento: se prevé que 2.100 millones de trabajadores tengan empleos informales de aquí a 2026, con acceso limitado a la protección social, los derechos laborales y la seguridad en el empleo. La marcada falta de avances en los países de bajos ingresos está dejando aún más rezagados a los trabajadores con las peores condiciones de empleo.
El informe destaca que la desaceleración en la transición hacia industrias o servicios de mayor valor añadido constituye un obstáculo importante para lograr avances sostenidos en la calidad del empleo y el crecimiento de la productividad.
Dificultades y riesgos
La OIT subraya que los jóvenes siguen enfrentando dificultades. El desempleo juvenil aumentó hasta el 12,4% en 2025, con alrededor de 260 millones de jóvenes que no estudian, no trabajan ni reciben formación (NINI). En los países de bajos ingresos, las tasas de NINI alcanzan un preocupante 27,9%. La OIT advirtió que la inteligencia artificial y la automatización podrían agravar estos desafíos, especialmente para los jóvenes con educación superior en países de ingresos altos que buscan su primer empleo en ocupaciones de alta cualificación.
“Si bien el impacto total de la IA en el empleo juvenil sigue siendo incierto, su magnitud potencial justifica un seguimiento estrecho”, señala el informe.
Además, las mujeres continúan enfrentando barreras profundamente arraigadas, representando apenas dos quintas partes del empleo mundial y tienen un 24% menos de probabilidades que los hombres de participar en la fuerza laboral. Los avances en la participación laboral femenina se han estancado, ralentizando el progreso hacia la igualdad de género en el trabajo.