En ese escenario, el reciente viaje oficial a China funcionó como una ventana al futuro: un ecosistema donde la digitalización atraviesa toda la vida económica y donde la velocidad de adopción tecnológica marca la diferencia entre competir o quedar rezagado. ¿Qué aprendizajes deja ese modelo para un país pequeño como Uruguay? ¿Qué condiciones deben alinearse para aprovechar un crecimiento que ya está en marcha?
En entrevista con Empresas & Negocios, Andrés Marrero, presidente de la Cámara de la Economía Digital del Uruguay (CEDU), trazó un diagnóstico del presente de la economía digital en el país, repasa los principales hitos de la misión a China y planteó las claves estratégicas para proyectar a Uruguay como un actor digital competitivo en el escenario global.
¿Cuál es la situación actual del sector económico digital en nuestro país?
Diría que el sector goza de muy buena salud y no para de crecer. Esa es, en líneas generales, la situación. A nivel cuantitativo, contamos con muchísima información que respalda que el sector que representa la Cámara está en continuo crecimiento, y además crece a un ritmo al que prácticamente no lo hace ningún otro sector de la actividad económica en el país. Como dato concreto, el crecimiento del comercio electrónico en 2025 fue del 34%, y viene incrementándose a tasas superiores al 30% desde hace ya varios años. Uruguay está hoy dentro del top 10 mundial en términos de crecimiento del comercio electrónico.
Para llevarlo a números más tangibles, actualmente se realizan alrededor de 80 millones de compras online al año en Uruguay. Eso equivale a unas 10.000 compras por hora y unas 240.000 por día, lo que sería algo así como cinco estadios Centenario llenos de gente comprando todos los días por internet en el país. Es realmente un volumen muy significativo.
Lo que estamos viendo es cómo una tendencia global se refleja claramente en Uruguay, y cómo, mirando hacia adelante, el comercio electrónico va a seguir creciendo. Hoy, dentro de la economía digital, el comercio electrónico representa casi un 3% del PIB, y tenemos la expectativa de que en pocos años se acerque al 6%.
Todavía queda camino por recorrer y, junto con todos estos indicadores tan positivos sobre la incidencia y el crecimiento del sector, aparece también el desafío de jugar con las reglas de un mundo tremendamente cambiante. El desafío es crecer de manera saludable, adoptando tecnología y trabajando con los códigos que impone el comercio a nivel global.
El comercio electrónico, además, pone al comercio en general y a las tiendas a competir no solo con actores locales, sino también con actores globales, muchas veces con escalas muy superiores a las de los comercios uruguayos. Ahí hay un desafío importante para poder ser competitivos.
Por eso, los desafíos que tenemos por delante están muy vinculados a la educación, la actualización permanente, la incorporación de tecnología y la evolución de lo que llamamos el mindset digital: la mirada y la forma de gestionar y manejar los negocios adaptadas a los códigos del mundo actual.
Desde el sector, ¿qué lectura estratégica dejó este viaje a China sobre el lugar que puede ocupar Uruguay en el nuevo mapa tecnológico global?
La mirada hacia China es, en muchos aspectos, inspiradora, porque es una referencia mundial en lo que tiene que ver con el comercio electrónico. Es referencia en el manejo de la logística, del marketing digital, de la experiencia de usuario en plataformas digitales, de la automatización y de la digitalización en general.
En ese sentido, el viaje y la mirada hacia China lo que nos trae, en primer lugar, es un golpe de realidad respecto a todo lo que todavía queda por hacer. Creo que eso es, quizá, lo más fuerte: observar el funcionamiento de las operaciones comerciales en China es, de alguna manera, como mirar un poco hacia el futuro.
Eso impone un desafío grande, cierta presión y un sentido de urgencia sobre un montón de cosas que tenemos pendientes en Uruguay para poder proyectarnos como país y como sector competitivo en los próximos años, seguir creciendo de forma saludable y generando trabajo.
Después, en términos más concretos, en la misión fuimos a buscar dos cosas. Una de ellas tenía que ver con aprovechar oportunidades vinculadas a China, principalmente desde el aprendizaje y la identificación de espacios para el cruce de conocimientos. En ese marco, tenemos un proyecto presentado al gobierno chino que busca generar una instancia de aprendizaje en la que referentes del comercio electrónico uruguayo puedan conocer de primera mano la operación de los principales gigantes del comercio electrónico en China. La participación en esta misión también tuvo como objetivo darle seguimiento a ese proyecto, que esperamos se concrete en los próximos meses.
Por otro lado, estuvimos explorando —y vamos a seguir haciéndolo— la posibilidad de ser facilitadores para que empresas uruguayas puedan comercializar productos a través de plataformas digitales locales. Ahí todavía hay mucho por aprender y por conocer, porque se trata de un país donde la lógica de consumo es diferente y donde las plataformas tecnológicas que se utilizan no son las mismas a las que estamos habituados aquí. No se usa WhatsApp ni la mayoría de las plataformas que utilizamos nosotros, pero sí existen plataformas tremendamente robustas, de una masividad que cuesta imaginar por la escala que manejan. Son plataformas que hay que entender y dominar para poder competir y comercializar productos allí.
Al mismo tiempo, la mirada es que existe mercado para absorber prácticamente cualquier oferta que Uruguay tenga para dar. En ese sentido, estuvimos trabajando en generar contactos que puedan ser el punto de partida de proyectos de intercambio comercial con socios locales en China, con una mirada a mediano plazo, orientada a la construcción de puentes comerciales.
También trabajamos en la atracción de inversiones, generando espacios para identificar oportunidades de inversión china en Uruguay. Todo esto formó parte de lo que llamamos el carril de las oportunidades de vínculo comercial entre Uruguay y China.
Pero hay un segundo carril, que es el del vínculo con el gobierno y con el sector público. Este tipo de misiones también generan la posibilidad de compartir conversaciones, intercambios de ideas e iniciar diálogos que luego continúan a la vuelta, con los principales tomadores de decisión del sector público, tanto en materia de políticas públicas como de instituciones educativas y organismos que pueden incidir en los temas que nos preocupan.
Ahí entran cuestiones como el incentivo a la digitalización, la facilitación de mecanismos que permitan a las pymes uruguayas invertir en tecnología, y todo lo que tiene que ver con el desarrollo de líneas de trabajo en educación y formación técnica de profesionales para las tareas que requiere el comercio electrónico y la economía digital hacia el futuro.
Viajaron representantes de gobierno, empresas y trabajadores. ¿Qué impresiones dejó la contraparte china sobre la oferta de servicios digitales uruguayos y cómo las transmitió CEDU?
Desde la Cámara, lo primero que tuvimos fue contacto —por fuera de la agenda oficial— con distintas empresas, principalmente empresas chinas. Eso se dio también en paralelo a un vínculo que ya tenemos establecido con el gobierno chino a través de la Embajada, que es una relación más formal y en la que estamos trabajando en el marco de esta misión.
La impresión general fue muy clara: hay una valoración por parte de China hacia Uruguay, especialmente por la estabilidad que tenemos como país, por la oportunidad que representa como hub regional y como puerta de acceso a la región.
De alguna manera, eso se traduce en un respeto hacia el país, hacia sus formas de trabajo, hacia la seriedad institucional, y en la importancia estratégica que China le asigna a Uruguay, incluso a pesar de las enormes diferencias de escala que existen entre ambos países.
El viaje terminó con la firma de más de 30 acuerdos y memorandos de entendimiento en comercio, inversión, ciencia y tecnología. ¿Qué ámbitos de la economía digital uruguaya podrían beneficiarse directamente de esa agenda bilateral?
En relación con los acuerdos y los memorandos, algunos están directamente vinculados a temas de tecnología. En muchos casos se trata de ciencia y tecnología aplicada a áreas de la actividad económica que no son estrictamente el comercio, pero hay otros que sí lo son. Concretamente, hay memorandos que tienen que ver con cooperación mutua en innovación, capacitación y digitalización de procesos.
También existen acuerdos que habilitan proyectos de I+D, la creación de laboratorios conjuntos e incluso el intercambio de investigadores y estudiantes. Como decía, una parte importante de estos acuerdos está más enfocada en otros sectores, como el agro o la ciencia aplicada a distintas actividades que no son directamente el comercio, aunque hay puntos de contacto.
Además, hay una presencia concreta de temas vinculados a tecnologías de la información, inteligencia artificial y digitalización del comercio, que es donde a nosotros nos toca más de cerca. Entendemos que estos memorandos de entendimiento pueden convertirse en un terreno fértil para construir, en el futuro, proyectos de cooperación mucho más concretos, que empiecen a beneficiar al sector en el corto o mediano plazo.
Como anécdota, algo que también señalaban los propios chinos es que, entre las actitudes necesarias para desarrollar negocios en China y con China, está la paciencia. Su mirada está puesta en plazos largos, a pesar de la velocidad tremenda con la que hacen las cosas.
Es una manera de hacer que resulta tremendamente ágil y vertiginosa en el ritmo de cambio, pero, que al mismo tiempo, se apoya en una visión de largo plazo. Ese equilibrio también es un aprendizaje cultural que nos traemos y que creemos importante poder replicar desde aquí.
En términos concretos, ¿qué oportunidades se abren para empresas uruguayas de software, plataformas digitales, fintech o servicios tecnológicos tras este viaje?
Las oportunidades que se abren para las empresas uruguayas tienen, en primer lugar, que ver con el intercambio de conocimiento y el aprendizaje, que es lo que hoy tenemos más concreto y más avanzado, incluso desde antes del viaje a China, y la idea es seguir profundizando en esa línea.
Esto implica generar instrumentos de capacitación, misiones y misiones inversas, en las que venga gente de China a Uruguay a compartir buenas prácticas, y también que uruguayos puedan viajar a China para conocer de primera mano las formas de hacer del comercio electrónico allá.
En ese marco, también aparece la posibilidad de generar instrumentos e incluso carreras de capacitación vinculadas a los conocimientos que hoy requiere el mercado laboral en el ámbito del comercio electrónico. Ese es un eje claramente asociado a la formación y al desarrollo de capacidades.
Después, hay oportunidades vinculadas a la venta de productos uruguayos en China. La idea, o la oportunidad concreta que nos trajimos de la misión, tiene que ver con el vínculo con posibles partners locales en China y con la posibilidad de que la Cámara actúe como articuladora del vínculo entre Uruguay y China para facilitar ese proceso.
Por otro lado, hay oportunidades que nacen de la misión y que están más relacionadas con los vínculos con organizaciones locales, y con avanzar junto a instrumentos estatales de impulso a la digitalización. Ahí el trabajo pasa por identificar y difundir los fondos disponibles para la digitalización, apoyar misiones de intercambio de conocimiento y promover otras acciones que permitan, desde el sector público, impulsar la actividad del comercio electrónico y la economía digital en Uruguay.
Finalmente, también aparecen oportunidades vinculadas a la educación, con algunas líneas de trabajo en formación técnica que se podrían estar gestando y que forman parte de agendas que la Cámara ya viene trabajando junto con distintas instituciones, y que se proyectan para seguir desarrollándose de aquí en adelante.
Así como se han ido empresas del país, ¿existe interés de otras empresas mundiales, además de China, en instalarse en el país y aprovechar los recursos humanos locales?
Consolidar a Uruguay como un actor digital competitivo en Asia es un desafío grande, porque nos queda lejos históricamente, incluso a nivel cultural, en términos de cercanía y afinidad comercial. A los uruguayos nos cuesta dominar las reglas de juego de un continente que está distante, tanto por la lógica del comercio como por la forma en que funcionan los mercados y los rankings.
Por eso, tenemos desafíos que tienen que ver con el intercambio de conocimiento, con acercar las reglas de juego del mercado —en este caso, del mercado chino— a Uruguay, y con evangelizar y educar sobre cómo hacer negocios desde Uruguay con mercados que inicialmente nos resultan tan lejanos, pero que al mismo tiempo son tan prometedores y tan vastos en oportunidades como China.
En ese sentido, hay desafíos a nivel privado, que son todos los que mencioné, y también desafíos a nivel público, vinculados al apoyo a las iniciativas privadas para desarrollar un comercio competitivo, tanto a nivel local como internacional. ¿Cómo? A través de regulaciones habilitantes, incentivos a la inversión y a la digitalización, y apoyo a todas las iniciativas que apuntan a mejorar la calidad de los recursos humanos y de la gestión de las empresas locales, para que puedan competir internacionalmente.
Si uno tuviera que resumir la fórmula, diría que pasa por alinear regulación, infraestructura tecnológica, inversión en digitalización y formación de personas. En ese equilibrio, en ese esquema, es donde puede estar la clave para que Uruguay se proyecte hacia afuera como un país competitivo en el sector del comercio.
Finalmente, ¿qué desafíos regulatorios o de infraestructura interna identifica como necesarios para aprovechar los acuerdos alcanzados y consolidar a Uruguay como un actor digital competitivo en Asia?
La industria tecnológica en Uruguay ha sido muy importante en las últimas décadas y a nivel mundial tiene muy buena reputación. Siempre ha sido vista como una industria dinámica, destacada por su talento, y eso se suma a las características locales que tenemos como país: estabilidad institucional, perfil de nuestros profesionales y un ecosistema que históricamente ha sido valorado.
Ahora bien, también es cierto que la industria tecnológica en Uruguay enfrenta desafíos importantes. Uno de ellos es el costo país, que es muy alto. Los costos salariales en Uruguay son elevados y eso nos dificulta competir a nivel internacional. Ese mix que el país tuvo durante mucho tiempo —alta calidad de profesionales con un costo de recursos humanos competitivo a nivel global— hoy se está perdiendo, porque el costo de los recursos humanos en Uruguay está por encima o a la par del de los mercados más avanzados del mundo.
En ese contexto, Uruguay sigue teniendo el desafío de competir, como siempre, en calidad, pero con un peso adicional vinculado al costo del Estado y al costo general de operar en el país.
Esto mismo que comentaba aplica también al comercio. El comerciante y el importador en Uruguay enfrentan sobrecostos que dificultan mucho la competitividad, tanto a nivel internacional como frente a la competencia de plataformas extranjeras.
Por eso, el desafío hacia adelante es sostener la competitividad con calidad en la gestión y en los recursos humanos, y, desde el sector público y el gobierno, con reglas claras, incentivos y mecanismos de facilitación de la actividad. Todo eso es clave para que lo que producen y desarrollan los uruguayos pueda ser competitivo a nivel internacional.
Entender cómo avanza el comercio a nivel global
China no solo es un mercado, sino un modelo de desarrollo digital ¿qué aspectos de su ecosistema tecnológico le resultaron más relevantes o replicables para Uruguay?
Creo que, en primer lugar, algo muy interesante es la integración de la experiencia digital en lo que son las superapps. Son aplicaciones que concentran una enorme cantidad de servicios: la gestión del dinero, la compra y el uso de servicios como el transporte, la comunicación, el entretenimiento y las compras. Todo ese universo de servicios queda integrado dentro de algunas aplicaciones concretas que concentran prácticamente toda la vida digital de una persona.
Como ejemplo, ellos utilizan Alipay, que es una plataforma de este tipo, y WeChat, que además de ser la principal plataforma de intercambio —lo que hoy sería WhatsApp para nosotros— funciona también como mecanismo de pago y concentra muchos otros servicios dentro de la misma aplicación. En ese sentido, la evolución de la experiencia digital y la concentración de servicios en superapps es algo que resulta realmente interesante.
Después hay un aspecto más general, quizás más cultural, que creo que es muy valioso y del que tenemos para aprender, y tiene que ver con la determinación con la que avanzan. No hay un cuestionamiento del avance en términos de tecnología y automatización, sino una adopción temprana y profunda de las tecnologías, que termina redundando en una optimización muy fuerte del rendimiento de los procesos, de las formas de funcionamiento de las empresas y de los comercios en general, y que los hace mucho más competitivos.
Más allá de las enormes distancias y de las particularidades que tiene cada modelo de país, hay algo que me parece clave: China, al igual que varios de los principales mercados del mundo, avanza a un ritmo y con una determinación en la adopción de nuevas tecnologías y en la digitalización que es un ritmo que nosotros deberíamos conocer, comprender y tener muy presente.
Ese es, para mí, el principal aprendizaje que nos traemos de China: entender cómo avanza el comercio a nivel global, a qué ritmo y en qué dirección, para poder jugar con las mismas reglas desde acá y tratar de acompasar ese proceso como país y como sector comercial.