Nacido en San Miguel, Buenos Aires, el 22 de setiembre de 1985, Medina Walker creció en una familia numerosa donde, desde chico, entendió el valor del esfuerzo y la iniciativa. Mientras otros pensaban en juegos, él ya mostraba curiosidad por el mundo de las ventas -en el colegio vendía distintos productos para generar su propio dinero-. No era solo una cuestión económica —aunque ayudar siempre sumaba—, sino una inquietud más profunda por entender qué necesitaban las personas, cómo acercarles una solución y cómo concretar una oportunidad. Esa curiosidad inicial fue, con los años, transformándose en una vocación clara por los negocios y por liderar procesos comerciales orientados a resultados.
Su primer trabajo formal llegó cuando tenía 18 años, en un estudio jurídico, en tareas administrativas y contables. Fue una experiencia fundacional. Allí aprendió, según reconoce, el valor de la responsabilidad, del esfuerzo cotidiano y de crecer desde abajo. No era todavía el mundo comercial que lo apasionaba, pero sí una escuela temprana de disciplina y compromiso, dos elementos que marcarían su recorrido profesional.
Con formación en recursos humanos y una especialización clara en gestión comercial y desarrollo de negocios, su carrera fue avanzando hacia roles de mayor responsabilidad, siempre vinculados a mercados dinámicos y entornos competitivos. Hace ocho años se incorporó a Motorola, en un momento en el que buscaba un desafío profesional que le permitiera crecer y asumir un rol de mayor impacto. La propuesta le atrajo tanto por el potencial de la marca en Argentina como por su proyección regional.
Hoy, como gerente regional, destaca de su trabajo la cultura colaborativa, la velocidad de ejecución y la posibilidad concreta de influir en el desarrollo de mercados complejos y cambiantes. Trabajar con equipos diversos, tomar decisiones estratégicas y ver cómo esas decisiones se traducen en resultados reales es parte de lo que más lo motiva. Motorola, señala, combina historia, innovación y una mirada de futuro que dialoga bien con su propia forma de entender el liderazgo.
Los desafíos de su área no son menores. Los mercados cambian rápido, los consumidores son cada vez más exigentes y los contextos económicos presentan variaciones constantes. En ese escenario, adaptarse es una condición básica para competir. Pero Medina Walker ve en ese dinamismo una oportunidad: innovar, fortalecer la presencia de la marca y consolidar relaciones estratégicas con clientes y partners es parte central de su agenda diaria.
Si hay un aprendizaje que rescata de sus experiencias laborales es que los resultados no son casuales. Se construyen con planificación, disciplina, consistencia y, sobre todo, trabajo en equipo. Escuchar a colegas, clientes y colaboradores no es para el ejecutivo un gesto accesorio, sino una herramienta clave de liderazgo y de toma de decisiones con impacto real.
Fuera del trabajo, busca equilibrio. Entrenar, hacer actividad física y compartir tiempo con amigos y familia le permite sostener la intensidad del día a día profesional. Su familia —su mujer y sus dos hijos— es su principal motor y su mayor apoyo en cada etapa de la vida. Ese anclaje personal aparece también en la forma en que concibe el trabajo: como un espacio de crecimiento, pero no aislado del resto de la vida.
Cuando habla de referentes no duda en señalar a sus padres como las personas que más enseñanzas le dejaron, tanto en la vida como en el trabajo. De ellos heredó valores como la responsabilidad, la humildad, la perseverancia y la fe. En el plano profesional, reconoce la influencia de quienes lo impulsaron a mejorar continuamente, a sostener una mirada estratégica y a tomar decisiones difíciles con claridad y criterio.
En su oficina no pueden faltar algunas cosas simples pero esenciales: un café, un buen clima de trabajo y un cuaderno donde anota ideas, planes y prioridades. Es su forma de ordenar la cabeza, bajar pensamientos al papel y pensar con claridad en medio de la vorágine.
Entre sus lecturas, hay un libro que lo marcó especialmente: “El hombre en busca de sentido", de Viktor Frankl. La historia y el mensaje de resiliencia, fortaleza interna y búsqueda de propósito funcionan para él como un recordatorio permanente de que la actitud frente a las circunstancias puede transformar cualquier realidad, incluso en los contextos más desafiantes.
La música lo acompaña según el momento: algo tranquilo para concentrarse, algo más energético para entrenar o despejarse. Y si hay una pasión que atraviesa su vida más allá del trabajo, esa es el deporte, en particular el rugby. Haberlo jugado durante muchos años dejó una huella profunda en su forma de entender el trabajo en equipo, el compromiso colectivo y la construcción de valores compartidos.
En lo laboral, su motivación pasa por generar valor en el negocio sin perder de vista lo humano. Priorizar las relaciones interpersonales y construir vínculos de confianza es, para él, tan importante como alcanzar objetivos comerciales. No es casual que su frase de cabecera sea “Trust the process”. Confiar en el proceso implica entender que los resultados sostenibles no llegan de un día para el otro, sino que son fruto de decisiones coherentes, esfuerzo constante y una dirección clara.
Cuando proyecta su futuro, se imagina liderando proyectos aún más desafiantes, contribuyendo al crecimiento de equipos y organizaciones y participando en iniciativas de impacto. Siempre con la misma premisa: seguir aprendiendo, ampliar la mirada y no perder de vista el sentido de lo que se hace.
Porque, al final, su recorrido parece confirmar esa idea que lo acompaña desde hace años: confiar en el proceso no es esperar pasivamente, sino comprometerse todos los días con el camino elegido.