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El futuro no esperó a las empresas uruguayas
Algunas lo entendieron a tiempo: incorporar inteligencia artificial (IA) fue la clave para competir, crecer y sostener empleo en el camino hacia 2030.
Fecha de publicación: 27/02/2026
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Por:
Leonardo Loureiro

Les propongo un viaje al futuro cercano. Estamos en 2030 y Uruguay se prepara para el Mundial del centenario, el evento que vuelve a poner al país en el centro del mapa global, cien años después de que todo comenzó. El clima es de efervescencia. No solo por el fútbol: todos los sectores de la actividad económica se prepararon durante años para estar a la altura de este momento histórico.

En todo el país, pagar es casi invisible. En comercios grandes y pequeños se utilizan dispositivos electrónicos sin contacto: celulares, relojes inteligentes, pulseras e incluso lentes. En bares y restaurantes, el menú dejó de ser una carta impresa para convertirse en una experiencia interactiva. Desde el celular, un asistente virtual recomienda platos según los gustos y restricciones, sugiere maridajes y permite dividir la cuenta en tiempo real entre los comensales, de la forma más conveniente para cada uno.

El turismo funciona como un reloj. Los visitantes reciben recomendaciones personalizadas incluso antes de aterrizar: qué barrios recorrer, qué espectáculos ver, cómo moverse de forma eficiente y sostenible. Los hoteles ajustan dinámicamente los precios y los servicios según la demanda y el perfil del huésped. Los eventos se organizan con precisión quirúrgica, anticipando los flujos de personas, el consumo energético y las necesidades de transporte.

En el agro, la producción es más eficiente y resiliente. Sensores, modelos predictivos y asistentes inteligentes ayudan a decidir cuándo sembrar, fertilizar o cosechar. Se reduce el desperdicio, se cuidan los suelos y se maximiza el valor de cada hectárea. Mediante modelos de computer vision, los productores detectan malezas o enfermedades antes de que sean visibles al ojo humano y aplican insumos de forma quirúrgica. Uruguay ya no solo exporta carne y granos: exporta alimentos con trazabilidad inteligente, donde cada corte cuenta su historia, respaldada por algoritmos que garantizan la sostenibilidad y la calidad premium.

En la industria, las plantas anticipan fallas antes de que ocurran, optimizan los inventarios y adaptan la producción casi en tiempo real. La IA conecta máquinas, proveedores y mercados en un único sistema de toma de decisiones. Se reducen las paradas no planificadas, se ajustan los volúmenes según la demanda internacional y se optimiza el uso de energía y de materias primas. La industria uruguaya compite por eficiencia, calidad y confiabilidad, integrándose a cadenas globales de mayor valor agregado.

La presión de recibir a cientos de miles de visitantes en pocas semanas ya no estresa los servicios. La predicción de la demanda, basada en arquitecturas de deep learning, permite que UTE y OSE anticipen picos de consumo con gran precisión. Estos modelos procesan variables climáticas y flujos de personas para redistribuir carga eléctrica y agua de manera autónoma. Las ciudades entienden cuánta gente llegará a cada barrio, evitando problemas en el suministro. El Uruguay de 2030 funciona como una máquina bien aceitada.

Las empresas de todos los tamaños —desde grandes corporaciones hasta pymes familiares— toman decisiones mejor informadas. No porque tengan ejércitos de analistas, sino porque la IA se transformó en un copiloto cotidiano: resume información, propone escenarios y detecta riesgos y oportunidades. La productividad creció, pero también la calidad del trabajo. Las personas realizan menos tareas repetitivas y más tareas de valor.

Nada de esto ocurrió por casualidad. Este Uruguay de 2030 fue posible porque, en algún momento, hubo una decisión colectiva. Porque en 2026 muchas empresas entendieron que la IA no era una moda ni un experimento reservado a unos pocos, sino una capacidad estratégica que había que incorporar cuanto antes. Entendieron que no se trataba solo de tecnología, sino también de cultura, procesos y personas. Que adoptar IA no era reemplazar a la gente, sino potenciarla. Que esperar tenía un costo, y ese costo era quedarse atrás.

El éxito del 2030 se gestó antes. El futuro no se espera: se planifica y se crea. Y nosotros, en 2026, decidimos construir un Uruguay más inteligente, con una visión humana.

(*) Presidente de la Confederación de Cámaras Empresariales.

Buenos Aires 484, CP 11000, Montevideo, Uruguay
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