-¿Qué momento atraviesa hoy el acuerdo entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur?
-Estamos convencidos de que, gracias al anuncio de la presidenta Úrsula von der Leyen, que clarificó que vamos a aplicar provisoriamente este acuerdo, y gracias sobre todo a que Uruguay y Argentina comenzaron el proceso de ratificación por parte del Mercosur, estamos a meses de que empecemos a ver la concretización de los desgravámenes y de un mayor flujo comercial y de inversión. El acuerdo también se compone de una parte política, que esperemos que muy pronto entre en vigor provisoriamente, para poder estrechar lazos en todo tipo de ámbitos y que son muy concretos para la gente. Esto tiene que ver con la ciberseguridad, la cultura, el medioambiente y el intercambio académico, entre otros. El acuerdo, en definitiva, toca muchos ámbitos y crea una comunidad de países que defienden una visión del mundo de confianza, basado en reglas y que es previsible, algo que en estos momentos es muy importante. Este es el pensamiento que nos moviliza.
-¿Cuál es la opinión que se tiene al respecto del Mercosur, y específicamente de Uruguay, desde la UE?
-Desde el inicio, Uruguay ha sido el que más apoyó y mantuvo una constante en este tema. La impresión es que en ningún momento Uruguay falló en apoyar este acuerdo. Quizás hubo países en la UE y en el Mercosur que por distintas razones expresaron sus preocupaciones. Uruguay jamás lo hizo, más allá de divergencias puntuales que aparecen en cada negociación. Pero, en general, vimos que en este acuerdo se traducía claramente que Uruguay siempre ha sido un gran apoyo para nosotros. Visto desde la UE, siempre contamos con Uruguay y lo seguimos haciendo. Este país ha sido el primero en ratificar y hubo un compromiso casi unánime en el Parlamento, lo que es excepcional y no existe en ningún otro país tanto de la UE como del Mercosur. Uruguay también es un baluarte de defender el libre comercio y la previsibilidad. Es el país que más estabilidad otorga en el Mercosur y es su mayor capital, algo que defiende muy bien. Y la previsibilidad y la estabilidad que brinda este acuerdo es totalmente compatible con lo que busca Uruguay.
-¿Qué cambió en Europa y en el Mercosur para que finalmente, luego de tantos años de negociación e idas y vueltas, se ingresara en esta etapa final?
-Los avatares de la política comercial en el mundo en el último año y medio, la debilidad de la Organización Mundial de Comercio (OMC), más la inestabilidad geopolítica que se generó, claramente, y a nadie le cabe ninguna duda, fueron los desencadenantes que destrabaron la parte final de las negociaciones. La UE sigue buscando socios de confianza para diversificar los riesgos y no depender de la volatilidad de los mercados, de los flujos comerciales y de los aranceles. Claramente todo eso jugó a favor de la concretización del acuerdo de la UE con el Mercosur.
-Dentro de la UE ha habido ciertas reticencias al respecto, que han llevado a la judicialización de este acuerdo. ¿Dónde están los principales desafíos dentro del bloque para poder avanzar y acordar una vez aprobado, para que no existan reclamos?
-Crónicamente en la UE hay sectores, particularmente en la agricultura, que no solo con el Mercosur han mostrado preocupaciones. La Comisión Europea en particular, que es quien llevaba el acuerdo, a fines de 2025 para responder a esa preocupación creó un mecanismo de salvaguardas, que se activaría en una medida muy puntual y con condiciones muy concretas y detalladas, luego de constatar una descompensación o un desequilibrio en un mercado particular y de un commoditie sensible. La respuesta de la UE fue acorde a esa preocupación, pero como ha ocurrido con otros acuerdos comerciales, aunque este es inédito por su tamaño, la aplicación provisoria está completamente respaldada por una jurisprudencia de la UE. La decisión y el voto del Parlamento Europeo, más allá a lo complicado que fueron todos estos años de negociación, donde la palabra Mercosur ya era asociada de forma excesiva a ciertos temores, se tradujo en el voto de los eurodiputados y en una solicitud de examen judicial, que nos parece que está totalmente respaldado en la base de los tratados de la UE. Eso hizo que la presidenta Úrsula von der Leyen la semana pasada anunciara que vamos adelante con la aplicación provisoria, con todo respeto hacia lo que dictamine el tribunal de la Corte Europea de Justicia más adelante. Esto es algo que no es novedoso, pero quizás es atípico porque todavía el Parlamento Europeo no dio su consentimiento, que es una etapa formal, pero no vemos ningún conflicto con lo que se nos permite hacer en el marco de los acuerdos de la UE. En definitiva, apostamos a que, a medida que este acuerdo entre en vigor de forma provisoria, se vea que muchos de los temores no estaban fundados y que el mecanismo que pusimos en marcha, en caso de que sea necesario, funciona. Las palabras se traducirán en hechos, que contamos con que calmen las resistencias en la UE.
-¿Por qué elegir el Mercosur en este momento para un acuerdo de este tipo? ¿Por qué no México o Europa Central, por ejemplo?
-En el caso de Uruguay, la UE es el primer inversor por lejos. Con México tenemos un acuerdo similar en curso que todavía no ha sido firmado, pero estamos a pocos pasos de concretarlo. Además, hemos firmado un acuerdo con India y la UE también sigue afirmando y diversificando sus inversiones. Quiero resaltar que la UE con el Mercosur tiene lazos históricos y culturales, y a muchos nos parece natural que afiancemos esos vínculos, porque somos principales inversores en muchos ámbitos y en muchos países del bloque. Esto se trata de traducir esos lazos en algo mucho más concreto, en lo que refiere a cooperación a nivel internacional, con respecto a decisiones que se toman en esferas multilaterales; defender a nivel mundial y promover los derechos humanos, los derechos de la mujer, la igualdad de género y principios básicos que están en el ADN de nuestra sociedad. Y eso se hace también afianzando este tipo de acuerdos, porque hay toda una serie de comités, reuniones y experiencias compartidas, para crear y alimentar estos vínculos con intercambios y visitas entre ambos bloques. Es por ello por lo que el Mercosur resalta, más allá del tamaño del mercado de 750 millones de personas, con aranceles cada vez más bajos y, esperamos, cada vez con más inversiones de ambos lados. Estamos muy contentos con el apoyo que recibió este acuerdo. Yamandú Orsi lo resaltó recientemente, al igual que Gabriel Oddone y Mario Lubetkin. Toda la sociedad parece estar a favor, más allá de algunas preocupaciones puntuales que son legítimas.
-¿Qué se puede esperar de acá en más al respecto del sello final de este acuerdo?
-El proceso de judicialización va a tardar su tiempo y puede extenderse, pero lo importante es que provisionalmente, en los próximos meses, entre en vigor la parte comercial. La etapa siguiente sería que lo que se denomina pierna política del acuerdo de partenariado UE-Mercosur también sea ratificado por todos los parlamentos, que engloba todas las partes de cooperación, de economía digital, medioambiente y defensa de derechos humanos, que hará que este año entre en vigor y se creen las bases institucionales con los comités conjuntos de ambos bloques. Esto es una parte más institucional que al público no le afecta tanto, pero que es crucial para manejar y monitorear, además de implicar a las sociedades civiles a través de los parlamentos y los distintos representantes de la sociedad civil. Seguramente empecemos a ver visitas e intercambios de alto nivel y se sentirá de a poco el efecto de este comercio incrementando.
“Las economías son más eficientes y productivas cuando se implica más a las mujeres”
-La semana pasada llevaron a cabo un evento denominado "Generando economía con equidad" en el marco del 8M. ¿Cuál es la importancia de este tipo de eventos en la agenda de la delegación de la UE en Uruguay?
-En el marco del 8 de marzo, creamos un espacio con el Instituto Nacional de las Mujeres, invitamos a la embajadora de Francia, a colegas de los estados miembros de la UE y, sobre todo, a muchas jóvenes que quieren compartir sus experiencias. Nuestra posición es de compromiso de alto nivel, que se traduce tanto en tratados como también en la carta fundamental de derechos humanos del bloque y en su política exterior, donde tenemos diálogos de igualdad de género en más de 60 países en el mundo. Estamos interesados en debatir cómo hacer para que se cierren las barreras estructurales, para que las mujeres no sean maltratadas, discriminadas y, sobre todo, para lograr concientizar que no solo se trata de derechos humanos, sino que también las economías son más eficientes y productivas cuando se implica más a las mujeres. Para eso hay que tener un debate e identificar qué es lo que hay que hacer. Nos parece que tenemos la autoridad moral, pero también la experiencia, para invitar a los actores de las sociedades civiles a reflexionar en este tema.