La Organización de Mujeres Empresarias del Uruguay (OMEU) se ha consolidado como un actor clave en el impulso de la autonomía económica femenina, con una propuesta que trasciende la capacitación tradicional para enfocarse en un abordaje integral del desarrollo profesional y personal. Bajo la dirección ejecutiva de Fernanda Castellanos, la institución ha expandido su alcance a todo el país y diversificado sus programas, con el objetivo de acompañar a mujeres en distintos estadios de su trayectoria laboral.
Según explicó Castellanos, el foco no está puesto en casos individuales de éxito, sino en generar condiciones para que más mujeres puedan “vivir de lo que hacen” y, a partir de esa independencia económica, ejercer plenamente su capacidad de decisión. En ese sentido, remarcó que muchos de los desafíos no son únicamente técnicos o financieros, sino también culturales y personales: desde el síndrome de la impostora hasta las barreras estructurales que aún limitan la participación femenina en espacios de liderazgo.
Con una lógica de trabajo basada en la mentoría, el acompañamiento y la construcción de redes entre mujeres, OMEU busca no solo fortalecer emprendimientos y carreras, sino también promover transformaciones más profundas. “La autonomía económica es poder elegir”, sintetizó la ejecutiva, al explicar que ese es el eje que articula todas las iniciativas de la organización.
¿Cómo se desarrolló su trayectoria profesional, hasta llegar a ser directora ejecutiva de OMEU?
Hoy puedo decir, mirando en perspectiva, que creo que me preparé toda la vida para este cargo. Todo lo que me pasó, lo que viví, lo que hice, lo que estudié, lo resignifico hoy entendiendo que lo iba a tener que usar ahora.
Yo venía de una gerencia de comunicación institucional, donde había estado algunos años. Me dedicaba a la comunicación pura y dura, pero también hacía responsabilidad social empresarial, y en ese ámbito me conecté con OMEU.
En ese momento, la organización tenía la necesidad de que las mujeres pudieran juntarse, conocerse, hablar de negocios, validarse y escucharse entre ellas. Después vino un programa de emprendimiento que empezó a generar ese ejercicio de mujeres profesionales acompañando a otras mujeres.
Ahí me conecté con la organización y participé en el diseño de un programa que llevamos a todo el país. Era mostrar qué es OMEU y dar herramientas para que las mujeres puedan empezar a pensar su propio negocio con pasos concretos.
Me enamoré de la filosofía de la organización, de esas mentoras que recorrían el país. Después se dio un cambio en la dirección y la presidenta y vicepresidenta entendieron que yo podía hacerme cargo. Ahí empiezo a trabajar en evaluar necesidades y diseñar soluciones que hoy son programas, talleres y actividades en todo el país.
Además, la pandemia nos obligó a reconvertirnos y nos permitió llegar a todo el país. Hoy tenemos casi un 60% de mujeres del interior participando. Eso cambió todo.
¿Cuáles fueron los hitos más significativos en su carrera?
Tuve que hacerme cargo muy joven de un negocio muy masculinizado. Era mujer, era chica y estaba en un ámbito de maquinaria industrial, con compañeros mayores. En ese momento no lo relacionaba con género, hoy sí lo entiendo.
Tomé decisiones. Me fue bien, me fue mal, me fue regular, como a todo el mundo, pero fui adquiriendo mucha experiencia en distintos ámbitos.
También hubo un quiebre familiar que me obligó a reconvertirme, a hacerme cargo y ponerme al frente. Eso me permitió entender mucho lo que les pasa a las mujeres: los cuidados, las responsabilidades, las inseguridades.
Hoy tengo empatía, entiendo las posiciones, entiendo lo que pasa cuando te sentís preparada y tenés que poner todo de vos. Entiendo el tema de los cuidados y lo que implica hacerse cargo de otros.
Todo ese recorrido me permitió llegar acá con otra visión. No creo que sea casualidad.
En un entorno de negocios muchas veces cortoplacista, ¿cómo logran que la consigna “marzo es todo el año” se traduzca en impacto real?
Nosotras no pensamos en programas aislados. Nuestro parámetro es la autonomía económica y eso no termina nunca. No buscamos el emprendimiento más innovador ni el titular. Buscamos que el resultado sea que las mujeres puedan vivir de lo que hacen.
Porque si no tengo autonomía económica, no puedo elegir… No puedo elegir con quién estoy, dónde trabajo, ni cómo vivo.
Todos nuestros programas —emprendedoras, ejecutivas, referentes territoriales— son distintos caminos hacia ese objetivo.
Lo que buscamos es que las mujeres puedan mirarse, definirse, saber qué quieren hacer y cómo hacerlo. Nosotras estamos para acompañarlas en ese proceso de liderazgo y de toma de decisiones
El programa “Más Ejecutivas” reveló en su último informe que un 62% de las participantes del programa logró superar el síndrome de la impostora. ¿Qué importancia tiene la salud emocional y la confianza personal en la sostenibilidad de los proyectos?
Es central; nosotras trabajamos de forma integral. Si no trabajamos las competencias personales, el liderazgo y las conversaciones internas, no podemos desbloquear el resto. Cuando vimos que un 62% superó el síndrome de la impostora fue espectacular, porque no es solo negocio, es una reconciliación con ellas mismas.
Entonces, para poder avanzar y lograr que ella diseñe su carrera y llegue a donde quiere, o que pueda desarrollar su emprendimiento y salir del autoempleo para convertirlo en un negocio, hay que trabajar en eso.
Porque nosotros tenemos un gran porcentaje de mujeres que no están en el emprendimiento, sino en el autoempleo: son jefas de familia que están haciendo lo mejor que pueden, pero en una situación de vulnerabilidad y si no trabajás lo personal, no pueden avanzar.
Por eso hoy la mentoría incluye un proceso de coaching, donde trabajan sus creencias y lo que las frena.
Hay un momento en el que si no se enfrentan a ellas mismas, no pueden dar el siguiente paso. Y cuando lo hacen, pasan cosas muy fuertes: se reconocen, se valoran, confían en otras mujeres.
Eso genera comunidad, compromiso y también felicidad. Muchas dicen que se sienten más felices, y eso también es parte del resultado.
Por otro lado, el programa “Entre Todas” llegó a once departamentos. ¿Qué potencial identifican en el interior del país y qué falta para dar el salto?
Hay mucha diversidad. Muchas mujeres hacen lo que pueden para vivir y otras emprenden hace años pero no se animan a crecer. En el interior hay barreras adicionales, como lo son la dificultad para comercializar, para salir del territorio o las responsabilidades familiares.
También hay casos increíbles: mujeres con muchísimo talento que nunca se habían animado a dar el salto.
Por eso diseñamos programas intermedios y programas para referentes territoriales. Porque no podemos llegar una a una, pero sí fortalecer a quienes están en territorio.
La idea es que esas mujeres puedan acompañar a otras y generar impacto en sus comunidades.
¿Cuáles son los principales frenos a la hora de negociar y cómo afectan la competitividad?
Hay barreras culturales muy fuertes; creencias sobre lo que podemos o no podemos hacer. También están los sesgos y que todas estamos atravesadas por una cultura que nos deja en inferioridad de oportunidades. Y algo clave es que nunca sentimos que estamos lo suficientemente preparadas.
Nosotras proponemos pararnos desde la fortaleza, no desde lo que falta. Cuando entienden lo que les pasa y trabajan eso, adquieren herramientas y cambian su posicionamiento.
Ahí es cuando se sienten preparadas para negociar, para buscar cargos y para avanzar. Ese es el gran quiebre: pasar a ser protagonistas de su vida.
De la transformación individual al cambio organizacional
¿Cómo visualiza el futuro del ecosistema empresarial si se consolidan estas redes de apoyo entre mujeres?
Tengo mucha esperanza. Por un lado, porque se están desarrollando herramientas como el modelo de calidad con equidad de género, que impulsa transformaciones culturales en las empresas con resultados medibles. Y por otro, porque cuando una mujer se transforma, impacta en su entorno. La realidad es compleja y todavía hay problemas graves, pero si avanzamos en autonomía económica y liderazgo, podemos cambiar otras realidades también. Ese es el eje de nuestro trabajo.