-¿Qué factores están marcando hoy el rumbo de la economía y cómo evalúa su desempeño? ¿Hay margen para crecer al ritmo previsto por el gobierno?
-En la última parte de 2025, la economía creció 1,8% frente al 2,6% proyectado por el gobierno. Para este año se preveía un aumento de 2,2%, pero algunos adelantos, como el Indicador Mensual de Actividad Económica, muestran que la economía continúa débil, sin impulso del consumo ni de la inversión. Se espera que, a lo largo de este año, haya problemas para crecer al ritmo que se estimó.
En cuanto a la inflación, se encuentra por debajo del límite inferior del rango objetivo, en 2,94%, lo que es un registro que desde la década del 50 no se tenía. Esto responde a la política monetaria contractiva que se lleva adelante por el Banco Central desde el año 2022. Si bien ese desequilibrio se ha mejorado sustancialmente por una baja inflación, la política monetaria contractiva también ha jugado en contra del tipo de cambio que ha caído significativamente. En consecuencia, hay una falta de competitividad significativa, además de que los costos suben en dólares mientras que los ingresos no pueden hacerlo.
-¿Qué se espera para adelante?
-Se espera que la inflación, a pesar de cómo está el mundo, siga relativamente baja, que el nivel de actividad siga débil y que el atraso cambiario tarde en solucionarse.
-¿Cómo incide el contexto internacional y regional en este panorama?
-La guerra impulsó al alza el precio del petróleo, lo que encarece el precio de las materias primas que nosotros compramos, pero al mismo tiempo, favorece a los propietarios agropecuarios, ya que elevan los precios de los productos agrícolas, así como también de soja, maíz y trigo. Aun así, el impacto neto es incierto y no necesariamente dinamiza el crecimiento. Respecto a la región, Argentina muestra cierta mejora, pero Brasil crece con más dinamismo que Uruguay. En este contexto, es difícil que la reactivación venga desde los países vecinos.
-¿Qué rol juega la situación fiscal?
-Ahora están tratando de sacar determinado tipo de leyes que, desde el punto de vista económico, pueden ser buenas. Sin embargo, la situación mundial y el encarecimiento de la economía nos llevan a pensar que el déficit fiscal va a subir. Además, Uruguay enfrenta este año vencimientos de deuda muy importantes y tiene que pagar los intereses de esos créditos. En este contexto, no hay margen para una política fiscal expansiva ni para bajar impuestos de forma significativa. El manejo de la deuda va a ser muy difícil de aquí en más a lo largo de este año.
-Con este panorama, ¿qué combinación de políticas se puede esperar?
-La política monetaria contractiva debería hacerse un poco expansiva, pero la política fiscal no tiene margen para estimular la actividad. Esto deja a la economía en una situación delicada: bajo crecimiento, inflación controlada y escasa capacidad de respuesta desde la política económica. Al bajar la inflación, la competitividad cayó fuertemente. Somos un país caro y se ha vuelto poco competitiva la producción uruguaya.
-¿Cuáles son los principales riesgos externos?
-El principal riesgo es el aumento del precio del petróleo. Si no se calman los conflictos en Medio Oriente, los combustibles seguirán encareciéndose, con impacto directo en los costos internos. En el corto plazo, tenemos que esperar a ver qué pasa con Medio Oriente. A mediados de marzo, el ministro de Economía, Gabriel Oddone, anunció medidas microeconómicas para mejorar la competitividad, pero hoy no veo que se esté haciendo prácticamente nada y lo único que recibimos son choques externos.
-¿El Banco Central debería revisar la meta de inflación?
-El Banco Central dijo que “se había pasado de revoluciones”, que había sido demasiado contractivo con la política monetaria. Cuando querés bajar la inflación, lo que se hace es llevar adelante una política monetaria contractiva, se contrae, en este caso, con subas o altas tasas de interés. Pero con lo que está pasando en el mundo, suben los precios y, por lo tanto, creo yo que no van a bajar la tasa de interés ni la meta de inflación. Tenemos que esperar a ver qué opina el resto del mundo, pero para mí la expectativa de inflación que está en el orden de 3-4% se va a ir mucho más para arriba, por lo menos al 6% este año. Lamentablemente actores exógenos nos han hecho subir los precios y, de ese modo, la inflación.
-¿Hay margen para reducir el déficit fiscal?
-No veo que el déficit fiscal vaya a caer por el lado de la recaudación que puedan generar a través de los impuestos, y tampoco hay señales de que vaya a bajar el gasto público. Por lo que el déficit, que hoy se encuentra en torno al 4,1% del PIB, podría incluso aumentar.
-¿Cómo observa el mercado laboral? ¿Hay margen de aumento del salario real?
-El desempleo está en 7,5% aproximadamente y es probable que suba. Una economía débil y aumentos salariales por encima del crecimiento del PIB podrían traducirse en mayor desempleo. Hay que tener en cuenta que, por razones exógenas y por la propia debilidad de la economía, que viene de la combinación de las políticas que se hacían hasta ahora, lo que va a pasar es que no van a poder subir los costos salariales porque las ventas van a caer.
“El país no resiste que sigan subiendo impuestos”
-Pensando en mediano y largo plazo, ¿qué reformas entiende que son claves para Uruguay?
-El principal desafío es reducir el costo país. Eso implica, entre otras cosas, bajar el gasto público y mejorar la eficiencia del sector público. Una medida clave sería eliminar el déficit primario del sector, es decir, el déficit operativo que tiene el gobierno; a ese déficit operativo se le suman siempre los intereses que se deben pagar en el año. Sin embargo, la actual administración no va a provocar ningún cambio con la combinación de políticas que lleva adelante. No va a poder hacerlo solo por la multiplicidad de ideas que hay dentro del conglomerado del Frente Amplio. El país, o quienes pagan, no resisten que les sigan subiendo impuestos. En este contexto, es difícil que Uruguay pueda entrar a crecer como debería crecer para ser un país que mejore, para ser un país próspero.