-En el actual contexto internacional, ¿qué balance hace del sector exportador del país?
-Los números muestran una tendencia positiva en cuanto al crecimiento de las exportaciones. Nosotros lo que buscamos es que existan bases suficientes de competitividad y de posicionamiento del país para sostenerlo. Creemos que en parte responde a sectores puntuales y lo importante es la rentabilidad de ese porcentaje de crecimiento, que permita pensar en inversiones, en aumentar su capacidad. Eso es lo que define el desarrollo futuro. Además, se están abriendo mercados, como por ejemplo el de la Unión Europea (UE), y el desafío es que esas oportunidades se aprovechen de forma efectiva. Para eso, es clave mejorar la competitividad, fortalecer la inserción internacional y trabajar más en inteligencia comercial, especialmente para que las pymes puedan acceder a esos beneficios.
-¿Qué falta para mejorar la inserción internacional?
-Hay que profundizar en el posicionamiento frente al resto del mundo. Uruguay tiene buena reputación en algunos mercados, pero en otros todavía hay desconocimiento sobre qué ofrecemos. Somos un país confiable, estable y con seguridad jurídica, lo cual es un valor en un contexto internacional incierto. Pero la pregunta es si eso alcanza. En muchos casos competimos con países que tienen costos más bajos, y ahí la balanza depende del tipo de industria. Por eso, tenemos que repensar qué ofrecemos como país y reforzar nuestra identidad.
-¿Han sentido el apoyo del gobierno?
-Hay un muy buen flujo de comunicación y apertura. Se lograron avances concretos como la reducción de la tasa LATU, la eliminación de la tasa ANSE y la autocertificación de origen. Sin embargo, además de las reformas estructurales, hay urgencias de corto plazo. Las empresas enfrentan costos altos de energía, combustibles, fertilizantes, además de un contexto internacional muy volátil. También influyen factores como el tipo de cambio o la sequía, que pueden afectar el desempeño exportador. Por eso se necesitan medidas que atiendan la coyuntura.
-¿Cómo impactan las medidas arancelarias en los principales mercados de exportación?
-Ciertamente debilitan la toma de decisiones de mediano plazo. Las proyecciones de crecimiento de las economías se han reducido y corregido a la baja y eso afecta tanto al comercio de bienes como al de servicios. En la medida que el comercio se va ralentizando, se ralentiza también la exportación de servicios.
-China, Brasil, la UE, Estados Unidos y Argentina siguen concentrando las exportaciones. ¿Por qué cuesta ampliar la base de mercados?
-La región siempre va a ser importante por la cercanía y los costos logísticos. Pero también hay que ver cómo se comporta cada producto. Hay factores como las preferencias arancelarias, que pueden definir la presencia o ausencia de un producto en el mercado. Hay países en los que una diferencia arancelaria, aunque parezca mínima, hace la diferencia. Tenemos que hacer hincapié en la necesidad de avanzar con mayor rapidez en la inserción internacional de Uruguay para no perder competitividad. Al mismo tiempo, hay destinos nuevos, especialmente en Asia, en los que hay que seguir un relacionamiento de largo aliento para lograr concretar los negocios. Tenemos que ampliar nuestro espacio, nuestros destinos de exportación para tener diversidad y contar con un plan B ante eventos complejos.
-¿Qué expectativas hay respecto al acuerdo del Mercosur-UE? ¿Puede ser una puerta de entrada hacia un mejor futuro?
-Puede abrir oportunidades, especialmente para empresas que ya tienen negocios en ese mercado y pueden aprovechar rápidamente los beneficios. Pero también hay oportunidades para sectores como la pesca, que había perdido su lugar y puede recuperarlo. Pero todavía hay temas en discusión, como el de las cuotas, y en algunos casos el acceso será competitivo. Por eso es clave estar preparados y actuar lo más rápido posible.
-¿Qué otros acuerdos miran con expectativa?
-El EFTA (Asociación Europea de Libre Comercio) ya está, pero debe ser ratificado por cada país miembro. Son mercados de alta exigencia, donde podemos encontrar nichos que asignen buenos precios a productos de calidad, o productos que puedan validar nuestro trabajo en materia de sostenibilidad. Hay que buscar apalancarse en todo eso que Uruguay ya construyó, en el manejo sostenible de sus recursos, en la matriz energética, buscar certificarnos y validar nuestras credenciales. Otro acuerdo que está en el radar es el Cptpp (Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico), que implica una estrategia de mayor volumen y diversificación. Pero para que las empresas, sobre todo pymes, puedan aprovechar estos acuerdos, es necesario que haya un trabajo previo de inserción y acompañamiento desde las instituciones.
-¿Qué rol juega el tipo de cambio en la competitividad?
-El tipo de cambio impacta en nuestros costos y nuestra estructura de resultados a nivel local, pero también define cómo se posicionan nuestros productos frente a los de otros países. Si nuestros costos son más altos o el tipo de cambio nos deja menos competitivos, muchas veces las empresas tienen que bajar precios y resignar márgenes. Eso luego afecta en las decisiones de inversión, expansión o incluso iniciativas en sostenibilidad. En Uruguay está subiendo un poco más que en el resto del mundo en las últimas semanas por el contexto internacional que estamos atravesando, y eso afecta también a nivel de cómo pensamos nuevas formas de llegar a un determinado lugar, ya sea por el tipo de producto, el traslado, la refrigeración o el aumento de combustible. Ahí tenemos un cuello de botella importantísimo.
-¿Cuáles son los principales escenarios que manejan a futuro?
-Hacer proyecciones es una de las tareas más difíciles que podemos llegar a enfrentar. Veníamos de un crecimiento esperado del 2% que finalmente se superó y se llegó a un récord histórico de exportaciones. Ahora estamos viviendo estos primeros meses también con un incremento interesante de las exportaciones, pero los organismos que nosotros monitoreamos internacionales están corrigiendo a la baja las proyecciones de crecimiento, por lo que no visualizamos el crecimiento general. Sin embargo, acuerdos como el de la UE pueden generar oportunidades si logran materializarse. El punto clave es ver si realmente podemos materializar eso en el corto plazo como para que tenga un impacto en el crecimiento de este año, y además cómo se comporta en relación a otros factores que pueden estar afectados por eventos internacionales como los precios de los commodities, el impacto de la sequía y la evolución de exportación de servicios.
-¿Qué lugar ocupa la inteligencia artificial (IA) en el sector?
-Estamos trabajando en hojas de ruta para ayudar a las empresas a identificar oportunidades de innovación. La velocidad de los cambios es muy alta y existe el riesgo de que algunas queden rezagadas. Nosotros abrimos esa puerta en un proyecto que nos está financiando ANII (Agencia Nacional de Investigación e Innovación) para encontrar los espacios, colaborar y ver las hojas de ruta. Nuestro foco es acompañar ese proceso, porque no todas las empresas tienen los recursos para seguir el ritmo. Algo similar ocurrió con la sostenibilidad, un tema que hace seis años no estaba tan anclado en la diaria de las operaciones de las empresas. Hoy con la IA puede pasar lo mismo. Ahí encontramos nuestro nicho y en eso estamos trabajando durante este 2026.
-¿Cuáles son las fortalezas y las debilidades del sector?
-La realidad nos acorrala muchas veces y últimamente cada vez más. Sin embargo, el sector sigue creciendo, y eso habla mucho de las capacidades. Por otro lado, la debilidad más clara es que Uruguay es un país caro. A nivel de ecosistema, hay margen para mejorar en trabajo colaborativo. Cuando los sectores trabajan juntos, como ocurrió en temas de sostenibilidad, los resultados son muy positivos. Hay que trabajar mirando el bien mayor y las oportunidades que tenga el país, que en definitiva van a ser oportunidades para todos. Ese trabajo hace sinergia y genera cosas buenas.
“Los datos del primer trimestre son alentadores, pero el contexto es muy inestable”
-Con un primer trimestre positivo y el acuerdo con la UE en puerta, ¿qué tan claro está el panorama para el cierre del año?
-Hoy no hay certezas. Los datos del primer trimestre son alentadores, pero el contexto es muy inestable. Los precios del petróleo están fluctuando permanentemente, la conectividad está amenazada en forma constante. De esta manera sigue habiendo un signo de interrogación con el tema de los números finales, que a priori aparecen como positivos. Tenemos que prestar mucha atención a cómo se van desarrollando los cultivos, qué precios encontramos. Creo que hay bastantes temas en el horizonte que pueden tener un impacto significativo.