Luego de consolidarse en pocos años como una experiencia innovadora, el proyecto Maldonado Boxea volvió a tomar impulso tras una reciente pelea internacional y el crecimiento sostenido de sus participantes. Actualmente, el programa trabaja con alrededor de 15 jóvenes, de los cuales entre 12 y 13 ya han debutado como boxeadores profesionales. La iniciativa, que combina deporte e inclusión, busca generar oportunidades concretas para jóvenes en contextos críticos.
En diálogo con CRÓNICAS, Javier Azcurra, director de Relaciones Institucionales y Ventas del hotel Enjoy Punta del Este y líder de “Maldonado Boxea”, explicó que el origen del proyecto estuvo marcado por una convicción clara: “No faltaban sueños en los barrios, sino que faltaban escenarios”. A partir de esa premisa, comenzó a estructurar junto al entrenador Nicolás Barrales una propuesta que transformara una práctica aislada en un programa con impacto real.
El proyecto surgió a partir del trabajo previo de Barrales en barrios vulnerables, donde el boxeo funcionaba como herramienta de contención, aunque sin una estructura formal. En ese proceso, Azcurra aportó una mirada más organizacional. Según explicó, en una primera etapa comenzaron con una iniciativa de “boxeo por los barrios”, armando rings en distintos puntos del territorio. Luego, agregó que empezó a “intentar ponerle estructura, planificación y metodología” para consolidarlo como proyecto.
Esa profesionalización permitió escalar la iniciativa y en apenas tres años, el programa no solo logró inserciones deportivas, sino también cambios profundos en la vida de sus participantes. “Ese sueño que parecía lejano, a partir de que fuimos sumando otros soñadores, empezó a desencadenar en todo este recorrido que hoy ha servido para cambiar muchas vidas”, señaló.
Más allá de los resultados deportivos, el impacto se mide en transformaciones cotidianas. El director relató el caso de un joven que, pese a perder todas sus peleas, logró mejorar sus condiciones de vida: “Con la plata que ganó le hizo el piso a su casa, después el techo y después pudo mejorar su cama. Entonces, más allá del resultado deportivo, ganan en la vida”.
A esto se suman procesos personales complejos, como ejemplo relató que el joven es un adicto rehabilitado, y “hoy está en un proceso de rehabilitación muy avanzado”, explicó, destacando el rol del deporte como disciplina y sostén.
El crecimiento del proyecto tuvo uno de sus hitos recientes en la pelea del pasado sábado 11, cuando Joaquín Silva, uno de los jóvenes formados en Maldonado Boxea, se presentó en Las Vegas, uno de los principales escenarios del boxeo mundial. “Estar yendo a Las Vegas a pelear en la meca del boxeo es un sueño más que se suma”, sostuvo.
En esa línea, subrayó que el valor de la experiencia trasciende el resultado deportivo. “Hicimos una tremenda pelea, estuvo a la altura y con creces. Fue una pelea que podía haber sido para cualquiera de los dos”, afirmó, al tiempo que remarcó que este tipo de instancias validan el proceso formativo y abren nuevas oportunidades.
Además, explicó que estas peleas permiten generar ingresos que impactan directamente en la vida de los jóvenes. “Un par de peleas de estas le pueden permitir comprarse un terreno y empezar a hacer su casa”, señaló. El caso de Silva sintetiza ese recorrido: “Hasta los 17 años no había salido de su barrio, y hoy está viajando por el mundo, trabajando, entrenando y proyectando su futuro”.
Más allá de los logros individuales, el objetivo es escalar el modelo. “Mi gran sueño es que este sea un proyecto nacional y que pueda generar impacto e inserción social y laboral en todo el país”, afirmó Azcurra.
En esa dirección, el desafío pasa por consolidar una propuesta replicable que combine disciplina, acompañamiento y oportunidades. “Los logros personales se transforman en logros deportivos, pero lo importante es el cambio de vida”, concluyó.