El Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), busca captar las privaciones que enfrentan los hogares uruguayos en cinco dimensiones clave: educación, condiciones habitacionales, servicios básicos, protección social y empleo. Cada una de estas dimensiones se compone de tres indicadores, sumando un total de 15.
El informe del INE aclara que el IPM y la pobreza monetaria son medidas distintas, ya que capturan diferentes aspectos de la pobreza. “Mientras que la pobreza monetaria se basa en el nivel de ingresos de los hogares, el IPM identifica carencias en dimensiones seleccionadas. Por esta razón, los resultados de ambas mediciones no son directamente comparables, dado que una persona puede no ser pobre en términos de ingresos, pero sí enfrentar privaciones en otras áreas clave, o viceversa”, explica el documento.
Con este indicador se puede analizar tanto la incidencia de la pobreza, que refleja el porcentaje de la población en situación de privación, como la intensidad de la pobreza, que indica el nivel promedio de privaciones entre las personas afectadas. A partir de estas dos medidas, se obtiene la tasa de recuento ajustada, que representa la parte de privaciones observada entre los pobres en relación al total de privaciones que podrían ser observadas entre toda la población. Para determinar la condición de pobreza multidimensional, se establece un umbral de 21% (este umbral exige que una persona esté privada en el equivalente a más de una dimensión para ser considerada como pobre multidimensional).
Principales resultados
En 2025, para el total país el 18,7% de las personas son pobres (incidencia), según el método multidimensional, y sufren, en promedio 33,4% de privaciones ponderadas (intensidad). El IPM captura tanto la incidencia como la intensidad de la pobreza y en 2025 se ubicó en 0,063.
El informe del INE explica que, para el caso de la incidencia, no se puede afirmar que hubo una reducción significativa del indicador entre un año y otro. Sin embargo, en el caso de la intensidad, sí se puede afirmar que hubo una caída entre ambos años.
En cuanto al IPM, este pasó de 0,068 a 0,063, lo que representa una caída de aproximadamente el 7% entre 2024 y 2025. No obstante, debido a que la diferencia estimada se situó en el límite de la significación estadística (al 95%), el INE aclara que “la evidencia de esta reducción debe interpretarse con cautela”.
En 2025, los mayores niveles se observan en los indicadores de años de escolarización de la población adulta, informalidad en el empleo y materialidad de la vivienda. En particular, casi la mitad de la población reside en hogares donde algún adulto presenta privación en años de escolarización, cerca de un 30% en hogares con al menos un miembro en situación de empleo informal y aproximadamente un 17% en hogares con problemas de materialidad en la vivienda. Entre la población en situación de pobreza multidimensional, estas mismas privaciones continúan siendo las más relevantes: el 17,4% de las personas pobres vive en hogares con carencias en años de escolarización, alrededor del 12% en hogares con informalidad en el empleo y cerca de un 10% en hogares con privaciones en la materialidad de la vivienda.
En conjunto, estos resultados indican que, al igual que en 2024, los años de escolarización, la informalidad laboral y la materialidad de la vivienda concentran las mayores incidencias, tanto en el total de la población como entre quienes se encuentran en situación de pobreza multidimensional.