Entrevista
EN LA CORTE 
“Todos transitaron la oposición y la gestión; deberían tener la madurez de no hacer promesas difíciles de cumplir”
Richard Read cree que el mundo sindical, en la actualidad, se aggiorna al mundo laboral si habla de productividad, de evaluación de tareas y de su empresa y su rubro. En entrevista con CRÓNICAS, el exdirigente sindical afirmó que los Consejos de Salario pierden su atractivo si “solo discuten el salario” y se mostró pesimista al respecto del futuro económico del país. Por otro, lado destacó que a Uruguay “lo salva” la Olímpica y no la Ámsterdam y la Colombes, en alusión a las personas y políticos que buscan generar acuerdos.
Fecha de publicación: 24/04/2026
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Richard Read, exdirigente sindical
Por:
Oscar Cestau

Menú: El entrevistado degustó en La Corte salmón salvaje de Alaska, con crema de palta y crocante de semillas, que acompañó de agua con gas. Para la sobremesa, optó por un café.

-¿Cómo evalúa la marcha del país en términos económicos y sociales?

-A excepción de Paraguay, Chile un poco más y Argentina con números raros, el resto de América Latina está creciendo entre el 1% y el 1,8%. Brasil está en el 1,6% y nosotros en 1,3%. Y seguramente, con esta tendencia, es probable que ajusten a la baja. No hay inversión, el crecimiento está topeado y más en este país que no tenemos espalda económica y dependemos de terceros y de los commodities. Por lo tanto, no soy optimista en lo que respecta al futuro económico. Habrá que ajustar el cinturón y ver de qué forma Uruguay mantiene su nivel de poder adquisitivo y su nivel de vida. Pero reitero, para América Latina no está fácil la cuestión. Y si en la evaluación se integra un pronóstico inmediato muy oscuro, como puede ser una guerra mundial o un estallido donde el petróleo pase a los US$ 130 el barril, seguramente tengamos una situación de restricción económica grande. Y eso, en la parte social traerá repercusiones. Hay una sociedad que viene mutando día a día. La uruguaya es una sociedad que todos los lunes hay que revisarla cuando salís a la calle y ver a qué colectivo salís, porque muta hacia el individualismo y la hostilidad. La democracia se sostiene con partidos políticos fuertes, y para que estos existan debe haber políticos que construyan sociedad a través de su ideología, respetando la pluralidad y al que piensa distinto, tratando de sumar a su causa a partir del convencimiento. Hoy tenemos una clase política, no toda, donde hay representantes nacionales que le hacen asco a esa situación. Pescan en el charco, en el lodo, con agravios y descalificativos. Y si eso proviene desde arriba, el que lo escucha de abajo, no le va a importar y va a insultar. Entonces, se da una degradación en la sociedad, que se genera por la antipatía de los actores políticos y sociales. Es un tema mundial y llegó a Uruguay, que es algo muy peligroso, porque es el ingreso a una zona sin retorno, que es el descreimiento en el sistema democrático. Y la sociedad termina sin referentes éticos.

-¿Cómo analiza el desempeño del Frente Amplio (FA) en esta etapa? ¿Está cumpliendo con las expectativas que generó en la campaña?

-El FA no deja de ser parte de esta sociedad, no deja de ser una organización más que compone el sistema social uruguayo, como las cámaras empresariales o el movimiento sindical. ¿Cuánto hace que no tenemos a aquellos próceres de la escritura? Cada día hay menos referentes en la cultura y en el arte, por ejemplo. No aparecen los galeanos o los onettis. Y el FA no escapa de esto, porque además se nutre de ciudadanos que viven en esta sociedad, que son contemporáneos a esta realidad. Las estructuras se mantienen, como se mantienen las del Partido Colorado o el Partido Nacional, pero me da la sensación de que están lejos de ser estructuras políticas partidarias generadoras de opiniones y de esa lluvia de ideas que llevan a confrontar con otras, logrando un punto de síntesis. Está faltando la tolerancia y el FA no escapa a eso. Gobernando uno puede hacer un proyecto país en la campaña electoral y después podés encontrarte con que la vida es otra. Ya todos transitaron la parte opositora y la parte de gestión en este país, por lo tanto, todos deberían tener un grado de madurez de no hacer promesas difíciles de cumplir, porque eso genera descreimiento. Y si se genera descreimiento, en una sociedad donde el sistema educativo está al borde del colapso y hay poco nivel de análisis, volver del descreimiento es un camino para transitar muy embromado.

-¿Qué temas deberían estar en el centro de la agenda política y que hoy usted considera que no están?

-Hace cerca de nueve meses que la sociedad recibe todos los días el tema de las dos lanchas que mandaron a construir a España, que debe tener un grado de importancia, pero no para ser titulares durante nueve meses... ¿A quién carajo le importa, dentro de la gente común y corriente? ¿Y que el túnel de 18 de julio sea el segundo tema más importante de los últimos 60 días? ¿De verdad no hay otros temas prioritarios? El tema de la desnutrición infantil está pendiente hace 15 o 20 años. De cinco chiquilines, uno no come. El sistema educativo viene de mal en peor, producto de esta sociedad que desmerece la lectura y la concentración en el aula, donde llegan a sexto año y la mitad no tiene comprensión lectora. Entonces, creo que las prioridades están en una reforma educativa que ponga a la educación de cara a este mundo tan exigente y cambiante. Necesitamos una educación que brinde la universalidad del estudio, pero que también prepare para el mundo laboral. Son prioridades. 

-Las encuestas muestran una baja aprobación del presidente Yamandú Orsi. Fue un proceso rápido, en base a lo que lleva el gobierno al mando. ¿Cómo interpreta este dato?

-Ojalá la baja adhesión o simpatía al presidente fuera el resultado de un análisis de la política, en sus pros y sus contras. Ojalá hubiera surgido a partir de un grupo de uruguayos que analizaran la política todos los días y que llegaron a la conclusión de que las expectativas no se colman, pero lamentablemente no es así. Creo que esto es el resultado del Tik Tok. Quién más descalificativo es, gana. Por eso, algunos senadores, que de tontos no tienen nada, insisten todos los días en machacar con el descalificativo, que, repetido 100 veces, en un sector de la sociedad que poco lee y se instruye, para no quedar fuera del escenario, tiene respuestas rápidas.

-No le gusta ese estilo de política.

-No. Yo prefiero la política confrontativa, de hacha y tiza. No es otra que aquella política de la vieja discusión del boliche del Sorocabana, donde se juntaban cinco parroquianos que pensaban totalmente distinto desde las diez de la mañana hasta las once de la noche. 

-Los tiempos han cambiado, hoy la sociedad está más aislada, producto de la tecnología.

-Y este es el resultado. Hoy la gente está contentísima porque trabaja desde la casa y en pijama. Y esa es la sociedad que estamos teniendo. Reivindico la confrontación de ideas y, por eso, desde mi humilde lugar y mi opinión, sin tener los elementos que tienen otros, trato de no tener filtro y decir lo que pienso, siempre con respeto.

-¿Cómo evalúa el rol actual del movimiento sindical en Uruguay? ¿Está más fuerte o condicionado?

-Está más condicionado por la propia realidad social que hacía mención, pero principalmente porque el mundo del trabajo está cambiando rápidamente. El Uruguay de las chimeneas, el viejo lugar de concentración de la mano de obra, no existe. En las viejas fábricas, las chimeneas se apagaron. Y donde está resguardado el trabajador, hoy es en la parte de los servicios y la administración, un lugar que viene siendo muy apaleado, porque está siendo sustituido por las apps, los tótems. El mundo del trabajo cambió. Pucha si hubo visión en los Consejos de Salarios, en esos políticos de la década del 40, que crearon una herramienta para dirimir la confrontación capital-trabajo de forma tripartita, con el Estado como anfitrión convocante y moderador. No existe algo así en el mundo. Lo que pasa es que tiene un hermoso envase, pero se está perdiendo el contenido. Deja de ser atractivo cuando solo se discute el salario. Entonces, aggiornar hoy el mundo sindical a la vida real del mundo del trabajo, es hablar de productividad, de evaluación de tareas y de la empresa y su rubro. Ahora, ¿de qué manera el mundo del trabajo y el sindicalismo se aggiorna al mundo actual? Primero, con un lenguaje claro, vinculado al mundo de hoy. Segundo, introduciendo temas dentro de las relaciones laborales que pasen por el mantenimiento de la fuente de trabajo. Entonces, aggiornar significa incluir. No es negocio un sindicato abierto con empresas cerradas. Puedo creerme más vivo, meto cuatro pesadas, cerraste y te fuiste. Y yo me quedé en la calle. ¿Dónde está la viveza? Entendamos que el uno es importante para el otro y viceversa, y que ambos tienen derechos y obligaciones. La clave está en encontrar puntos de encuentro, que sean ganar-ganar.

-¿Eso lo tiene claro el movimiento sindical o le ha costado adaptarse?

-Le ha costado, porque a mí también me costó mucho. Me costó años. Yo veía la productividad como más explotación y no tenía claro lo que era el concepto. 

-La productividad es un tema presente desde hace años en la agenda pública. Sin embargo, persiste la percepción de cierta resistencia —tanto de trabajadores como de empresarios— a abordarlo en profundidad, posiblemente porque implicaría transparentar distintas prácticas. ¿Lo ve así?

-Creo lo mismo. Si yo no sé lo que es la productividad y creo que me van a explotar más, el que sabe lo que es debe blanquear cómo son las cosas y generar un espacio de confidencialidad con el interlocutor sindical. La productividad se aprueba por rama y se aplica por lugar de trabajo. En la bebida se aprobó por rama, pero se aplicó por fábrica. Y no se aplicó en todas. Y no es fácil. 

“Al Uruguay no lo salva ni la Amsterdam ni la Colombes, lo salva la Olímpica”

-Usted presentó el pasado 24 de noviembre el proyecto "Cosechando esperanzas", que busca brindar reinserción a jóvenes del Inisa, con herramientas educativas y de formación. ¿Cómo vivió ese momento?

-Me llenó de orgullo ver cómo el 24 de noviembre una sala de reuniones del Senado se llenó y quedó mucha gente afuera, donde estaba el presidente de la República, Lucía Topolansky, Martín Guerra, Luis Lacalle Pou, Pedro Bordaberry, Pablo Mieres, Fernando Pereira, seis cámaras empresariales y el PIT-CNT, entre otros. Eso era como ver a la Olímpica, no a la Ámsterdam y la Colombes. Tengo claro que fue por el atractivo del tema que convocaba, pero ahí había 2.000 diferencias y matices, pero también se demuestra que también hay coincidencias. 

El proyecto cuenta con el apoyo de cámaras empresariales y más 15 empresas importantes del país que creyeron y apostaron al mismo, que brinda oportunidades a unos 80 jóvenes, para los cuales los puestos de trabajo están asegurados.

Siempre hay que trabajar sobre la coincidencia, lo que genera confianza. ¡Si habrá temas nacionales que involucren al bienestar de la gente y para los que esa Olímpica tiene la solución! 

-¿Falta más Olímpica?

-Al Uruguay no lo salva ni la Ámsterdam ni la Colombes, lo salva la Olímpica. 

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