El relevamiento, realizado para analizar cómo las empresas desarrollan estas capacidades y qué tan preparadas están para enfrentar los desafíos actuales, se basó en 187 entrevistas a ejecutivos de 154 organizaciones y mostró que, si bien existe claridad sobre el rumbo estratégico, la capacidad para ejecutar esas prioridades –especialmente en materia de liderazgo– continúa siendo limitada.
Durante la jornada, Inés Arrospide, country manager de ManpowerGroup, y Julio Martínez Itté, fundador de Apprecia, presentaron los principales hallazgos del estudio Factor Liderazgo Uruguay 2026, centrados en las fortalezas y brechas en las capacidades de liderazgo de las organizaciones uruguayas.
La actividad se estructuró en dos instancias y culminó con un panel moderado por Fernando Aldabalde, gerente comercial de ManpowerGroup, en el que participaron Santiago Casas, country manager de Nestlé Uruguay; Virginia Maruri, gerente de HR y EHS en Saman; y Guillermo Prósper, vicepresident, IT partner management de Sabre.
“En Uruguay existe mucha retórica sobre liderazgo. Sin embargo, el liderazgo como capacidad organizacional ha sido poco estudiado, y aún menos con el objetivo de entender cómo construirlo para afrontar los desafíos del progreso en un contexto de disrupción digital y severa volatilidad geopolítica”, sostuvo Martínez Itté durante la presentación.
Más exigencia y mayor complejidad
Uno de los principales hallazgos fue la expectativa de un entorno más volátil y complejo en los próximos años. Más del 80% de los encuestados anticipó un aumento en la complejidad del contexto, mientras que cerca del 78% previó mayores niveles de volatilidad.
El fenómeno se acentúa en empresas con mayor exposición internacional, que mostraron mayor percepción de riesgo frente a los cambios globales. En contraste, las organizaciones de alcance local evidenciaron menor nivel de alerta, lo que podría convertirse en una desventaja competitiva frente a competidores con mayor presencia regional o global.
El informe detectó una diferencia significativa entre la importancia que las empresas asignan al liderazgo y el tiempo que efectivamente destinan a su desarrollo.
Aunque casi el 90% de los CEO declaró un alto compromiso con la formación de líderes, solo dos de cada 10 afirmaron dedicar más del 20% de su tiempo a esa tarea. El documento advierte que el desarrollo de liderazgo requiere tiempo y evidencia una brecha entre su prioridad declarada y la dedicación efectiva.
En términos generales, el 67% de las organizaciones consideró el liderazgo como una prioridad estratégica alta o muy alta.
Otro de los ejes analizados fue la relación entre liderazgo e innovación. Los resultados mostraron que las empresas uruguayas cuentan con líderes sólidos en la ejecución, pero presentan dificultades para impulsar dinámicas innovadoras.
Comportamientos como fomentar el intraemprendimiento, liderar como coaches o modelar conductas innovadoras registraron niveles más bajos. En algunos casos, menos de la mitad de los encuestados percibió estas prácticas.
Este patrón refleja una cultura orientada a la certeza más que a la exploración, en un contexto en el que la adopción de inteligencia artificial exige experimentación y aprendizaje continuo.
El estudio evaluó la capacidad de las organizaciones para desarrollar liderazgo de forma sistemática –lo que los especialistas definieron como una “fábrica de líderes” – y detectó debilidades en todas las dimensiones, desde la identificación de talento hasta la planificación de sucesión.
Solo el 19% de las empresas afirmó contar con un modelo de liderazgo aplicado de manera consistente. Además, se identificó falta de incentivos para desarrollar sucesores y baja disponibilidad de candidatos preparados para posiciones clave.
“En la era de los datos, los algoritmos y la inteligencia artificial, el liderazgo es más relevante que nunca. El principal desafío de la innovación digital es crear una cultura organizacional que la favorezca, y los líderes eficaces tienen el poder de definir esa cultura más que cualquier otra variable. Por eso el liderazgo se convierte en un factor clave para la creación de valor económico, social y ambiental”, destacó Arrospide.
El informe advirtió que Uruguay tiene una oportunidad para fortalecer sus capacidades de liderazgo, pero que la brecha entre intención y ejecución puede afectar la competitividad si no se corrige.