Menú: A media mañana, en Moderno Bar, ubicado en la planta baja del Hyatt Centric, la senadora degustó huevos revueltos y un capuchino.
-¿Cuál cree que es el rumbo de este gobierno?
-El gobierno empezó con 63 medidas súper concretas y concentradas en vivienda, salud, educación, pobreza y empleo. Ese fue el rumbo. Políticas sociales, fortalecimiento de las empresas públicas, que es algo que no está en el programa, pero se ve y, sin dudas, seguridad. El tema seguridad estuvo en la campaña y está siempre, porque es un tema importante en Uruguay. Luego, la forma ocupó mucho al inicio del gobierno… la forma de sortear las dificultades en Diputados, sobre todo para aprobar el Presupuesto, y los diálogos. También me parece que el gobierno priorizó mucho su pacto federal, por así llamarle. Esto quiere decir que el gobierno trabajó mucho, con el primer presidente del interior desde la transición democrática hasta ahora, en buscar acuerdos con las intendencias del interior, donde hay un porcentaje importante de plata, que no se ve en el presupuesto y que está vehiculizada en fideicomisos para gobiernos departamentales. Eso asegura también la gobernabilidad.
-¿Entiende que esto que menciona también asegura la posibilidad de generar acuerdos en Diputados? Pensando específicamente en acercarse a diputados del interior de la oposición para conseguir sus votos en determinadas cuestiones, por ejemplo.
-Es clave a la hora de buscar acuerdos en Diputados, pero también en el Senado. En el Senado se ve en la forma de discusión. Falero discute distinto que otros legisladores, por ejemplo. Pero en Diputados se ve específicamente en la consolidación de los acuerdos que es necesario tener para aprobar cosas. Esa es una parte importante de lo que ha hecho Orsi, que no ha estado destacada. Y el país es todo eso. Además, siempre está la crítica de que se gobierna desde Montevideo, y el presidente debe haber salido más al interior que al exterior. Eso tiene una clara orientación país, que es importante en cualquier contexto, pero más en este.
-¿Cómo evalúa el vínculo entre oficialismo y oposición?
-Hay varias oposiciones, triunfa la acérrima. Tenemos distintos tiempos de la oposición. Políticamente, esta oposición no es lo peor que hemos visto en la vida, pero incentiva la grieta. La oposición incentiva que la persona común se refiera a los frenteamplistas con variados epítetos y adjetivos. Incentiva eso, que esa violencia social y esa rabia se exprese en desprecio e insultos. Si ves que insulta el político, ¿por qué no vas a insultar vos? Esa posición intransigente y agresiva, que no es toda la oposición, pero es una parte importante, incentiva la grieta. Y la grieta genera despolitización.
-¿El Frente Amplio (FA) no pecó y no peca en ocasiones de entrar en ese juego?
-El FA puede haber pecado de mucha cosa, pero en general es reactivo, porque en la historia del Uruguay, al que le dieron palo fue al FA. ¿A quiénes se llevaron preso? ¿A quiénes torturaron? ¿A quiénes mataron? La violencia política es de derecha a izquierda y no al revés en este país y eso no está bueno, después de que recuperamos la democracia y que se hicieron todos los acuerdos interpartidarios que se hicieron. Después, lo de no ir a los diálogos me parece un poco infantil, pero hubiera sido importante que fueran al Diálogo Social, porque las cosas sobre las que ahora protestan de las AFAP, las podrían haber dicho en ese ámbito.
-Uno de los argumentos de la oposición para no presentarse al Diálogo Social fue que hubo un plebiscito en 2024 donde la ciudadanía se expresó democráticamente sobre las AFAP y la seguridad social.
-Pero además la oposición no quiere sentarse, porque después, cuando sale el acuerdo, y ahí el FA debe tener cuidado con lo que declara, el gobierno dice que ellos apoyaron, a lo que ellos van a contestar que el hecho de que estuvieran sentados ahí no quiere decir que lo apoyaran. Eso lo vi muchas veces y entiendo que, si la oposición se sienta en esa mesa, después estaría avalando nuestras políticas.
-¿Pero, cuál fue la pertinencia de impulsar un Diálogo Social para reformar la seguridad social, cuando en 2024 hubo un plebiscito donde se plantearon grandes temas y la población fue tajante en las urnas?
-Entiendo que el de las AFAP es el tema más complicado, porque una vez que hay un actor económico de esa magnitud, es difícil sacarlo en un ecosistema económico pequeño como el nuestro. Entonces, lo que se hace son ajustes. Una vez que una persona se jubila de la AFAP, vuelve al Estado. El que paga es el Banco de Seguros. Al final, cuando te jubilás, te desvinculás de la AFAP. Ellos dicen que las AFAP son buenas y trabajan invirtiendo la plata del usuario y aseguran una rentabilidad del ahorro. Lo que cambiaría, y hay que ver cómo lo termina de resolver el sistema, es el vínculo directo que ellos tienen con el usuario a lo largo de su vida activa.
-¿Hasta qué punto el gobierno impulsó este diálogo para saldar cuentas a la interna, luego de que el plebiscito en 2024 generara posturas opuestas y divisiones sobre esa propuesta?
-El Diálogo Social está motivado y empujado porque quedaron deudas pendientes y cosas por corregir de la reforma de Luis Lacalle Pou. Está bien y es una motivación válida. La otra motivación es el Sistema Nacional de Cuidados. Yo espero buenas cosas del Diálogo Social. Ya meterse con las comisiones de las AFAP está muy bien y, además, estoy segura de que Oddone tiene un diálogo muy fluido con las AFAP, él viene del palo de la relación con los empresarios y no va a hacer nada por lo cual los empresarios lo maten, lo puedo asegurar. La oposición va a poner el grito en el cielo, pero Oddone no va a hacer nada que altere el clima empresarial en un país con una inversión interna baja.
-¿Qué le ha parecido el rol de Oddone como ministro y como articulador?
-Ha tenido un rol más político del que hubiera esperado. Hay mucha gente que le gusta y hay gente que no le gusta.
-¿A usted le gusta?
-A mí Oddone ni me gusta ni me deja de gustar. Es el ministro de mi gobierno, pero reconozco sus virtudes. Y una de sus virtudes es su capacidad de disuasión y convencimiento muy importante. Cuando Oddone dice que no al impuesto del 1% nada bien me cae, pero me parece que llevó adelante un presupuesto difícil en un contexto de restricciones, que sigue presente. Y ese vínculo que tiene con los empresarios es lo que ha permitido, más o menos, sortear lo del presupuesto. Críticas no le voy a hacer en una entrevista.
-Deja entrever, sin embargo, que no está del todo conforme con él.
-Creo que la reacción de Oddone es que no se discutan ciertas cosas porque vamos a ahuyentar a los empresarios. Y esa es una cuestión política. Este país debe discutir de todo lo que se le cante. No hay que autocensurarnos de la capacidad de propuesta y discusión porque los empresarios se vayan a asustar, porque los empresarios se asustan por otras cosas, no por lo que se discuta. Después, también creo que esta sociedad debe tener mucho cuidado con la economía de recursos naturales.
-¿Considera que es un error que el gobierno se haya amputado la posibilidad de implementar el impuesto al 1% más rico para abordar la pobreza infantil?
-El gobierno no se plantea implementarla, pero la discusión está abierta. Me parece que la pobreza infantil es un problema serio y también hipoteca el desarrollo del país a futuro. Un 30% de la mano de obra del futuro vendrá con carencias de la infancia, que nacieron en una casa con piso de barro. Para hacer una inversión maciza en vivienda, por ejemplo, de asentamiento cero, se precisa mucha plata. Y propuestas como la del 1% tienen que ver con eso. Pero con lo primero que tienen que ver es con poder imaginar un país sin pobreza.
-¿Por qué antes de plantear un impuesto como este, que sin dudas sería un importante aporte a la situación de la pobreza infantil, no se piensa en efectivizar el gasto y reducirlo en aquellos lugares del Estado donde hay superposiciones?
-Eso es Oddone. Estoy de acuerdo con la ineficiencia del gasto. Hay lugares del Estado donde se gasta con eficiencia y otros en que se gasta con ineficiencia, pero la eficiencia del gasto tiene un límite. Lo de la eficiencia del gasto ayuda, pero hay que detectar en el Estado qué es lo que funciona mal. Estoy de acuerdo con usted, pero creo que la eficiencia del gasto tiene un límite. No se pueden resolver los grandes problemas solo aumentando la eficiencia del gasto, pero sí está bien que se haga, y hay que saber dónde.
“Muchas cosas funcionan mal y hay que corregirlas, y la reforma del CPP es para eso”
-¿Hacia dónde se piensa ir con el Código del Proceso Penal (CPP)?
-Es un ajuste. Lo más importante es la reforma que se le hizo, pero después se le echaron culpas de muchas cosas en las que el CPP no tenía responsabilidad. Y entonces lo empezaron a toquetear. Se le tocó la libertad anticipada, la suspensión condicional del proceso, el aumento de la pena por microtráfico. No digo quién lo hizo. Fueron varios. Entonces, ahora, a la luz de los resultados del hacinamiento carcelario y otras cosas, hay que consensuar un ajuste. Los operadores jurídicos saben muy bien qué cosas funcionan mal. Muchas cosas funcionan mal y hay que corregirlas, y la reforma del CPP es para eso.