-¿Cómo evalúa el contexto económico actual del país?
-Prácticamente, la economía uruguaya está estancada desde mediados de 2025. Todos los indicadores están mostrando eso y, más allá del error de medición que pueda haber, con lo difícil que es medir el nivel de actividad, todo apunta a un virtual estancamiento. Los propios datos del Producto Interno Bruto (PIB) del Banco Central del Uruguay (BCU) y el indicador de avance, entre otros, además de la leve caída de la recaudación impositiva de la Dirección General Impositiva (DGI), muestran esencialmente una economía estancada y meseteada, donde el único sector que recibe una influencia externa positiva, sobre todo por el lado de precios y la demanda, es el complejo cárnico. Después, en el resto del sector agropecuario, está la parte agrícola muy complicada por la sequía en los cultivos de verano y nuevamente complicada por el impacto del conflicto en Medio Oriente sobre el precio de los fertilizantes y los costos logísticos que, de acuerdo con las personas que siguen estos temas, está llevando a decisiones más complejas para los cultivos de invierno, debido a que los rendimientos de equilibrio por el incremento de los costos han subido. A su vez, la temporada turística no fue tan buena como se pensaba que iba a ser, principalmente por el encarecimiento de Argentina. Si bien el país vecino está más caro en dólares que Uruguay, hay un tema de efecto ingreso que juega en contra. La clase media argentina no está en condiciones de repetir temporadas turísticas como lo fue el récord anterior a la pandemia y, además, tenemos un competidor formidable en Brasil por el tema costos. Esencialmente, lo que se ve a nivel general es una actividad amesetada, donde se podrá ver un crecimiento donde se registren leves caídas o subidas, pero que no muestra, salvo el sector cárnico, ningún sector con un dinamismo significativo, y lamentablemente no hay mayores perspectivas de que ello vaya a cambiar, al menos en este 2026, ante el cambio negativo registrado en el contexto externo por el conflicto en Medio Oriente y las dificultades que empiezan a mostrar Argentina y Brasil, en alcanzar ritmos de crecimiento importantes que traccionen a Uruguay.
-¿Qué comportamiento sería el esperable, teniendo en cuenta lo que usted menciona, de las tasas de interés de la Fed? ¿Ve difícil que se materialice la baja que se esperaba a fines de 2025 para este período?
-La tasa de interés en Estados Unidos, que es relevante para nosotros por ser una economía que todavía está bastante dolarizada, difícilmente vaya a disminuir lo que mucha gente y el mercado esperaban a fines de 2025. Las expectativas de inflación por el shock de los combustibles y el de costos en general que trae el conflicto en Medio Oriente están empezando a aumentar en Estados Unidos. Y ahora, de alguna manera, lo que hace unos meses era la expectativa de que la Fed fuera a recortar las tasas de interés hacia mediados de 2026, se está trasladando a, eventualmente, la posibilidad de algún recorte, si es que lo hay, hacia fines de este año. De esta forma, las condiciones financieras internacionales para Uruguay y toda la región creo que serán menos favorables de lo que se estimaba a fines del año pasado.
-Lo previsto por el gobierno en la Ley de Presupuesto presentada en 2025, principalmente en lo que refiere al crecimiento y déficit, está muy lejos de lo que ha mostrado la realidad en los últimos meses. ¿La Rendición de Cuentas es la oportunidad clave para el Ejecutivo para corregir ciertos gastos?
-Sí. Es la única que va a tener este año. Sería una señal muy poderosa que el gobierno reconociera la realidad de crecimiento mucho peor a la demasiado optimista que plasmó en el Presupuesto el año pasado. Ya están los datos del 2025, donde la economía creció bastante menos de lo que estaba previsto y, sobre todo, el comportamiento del segundo semestre fue muy malo. Como señalaba antes, las proyecciones para este 2026 también apuntan a un crecimiento mucho más bajo del que estaba contenido en la Ley de Presupuesto y, entonces, el gobierno tiene la oportunidad en la Rendición de Cuentas de mostrar que, de alguna forma, se toma en cuenta la realidad, y ni hablar del cambio de las condiciones externas generadas por el conflicto en el Golfo, que trae shocks negativos sobre Uruguay. Sería deseable que existan medidas en la Rendición de Cuentas que tomaran en cuenta todos estos factores y que llevaran, inexorablemente, a una reducción importante del gasto público. Si tomará o no tomará esta oportunidad el gobierno, lo veremos cuando se mande la Rendición de Cuentas y cuando se discuta en el Parlamento. Pero pretender mantener los niveles de gasto que se habían prometido en el Presupuesto de 2025 y ni hablar si se fuera a un aumento del gasto global en la Rendición, como se había prometido el año pasado para conseguir los votos para que se aprobara el Presupuesto, sería una locura. Pero veremos en los próximos meses cómo se dilucida este proceso.
-¿Por dónde imagina que puede venir ese hipotético recorte de los gastos?
-Tendrá que decidirlo el gobierno. Sin cambios estructurales, no hay mucho para recortar, pero el problema lo tendrá que dilucidar el ministro Gabriel Oddone. No creo que esto se arregle simplemente con el expediente de reducir la flota de vehículos oficiales, gastos en celulares y demás, que son más bien cosméticas, pero es algo que deberá encarar el gobierno. Eventualmente, no cubrir las vacantes que se vayan produciendo a medida que los funcionarios públicos se jubilen o se retiren, posponer planes de aumento de la inversión pública u otro tipo de gastos que se habían prometido, pero es una decisión que debe tomar el gobierno para corregir un error del año pasado en las previsiones de crecimiento y para adecuarse a lo que han sido los shocks negativos importantes, que fueron sorpresas en las que el gobierno no tiene culpa, pero que han cambiado la realidad. Veremos con qué se viene la próxima Rendición de Cuentas.
-¿Cómo se inserta en este contexto la actual repercusión que generaron los resultados del diálogo social? ¿Qué señal está dando el gobierno con esto?
-Son señales negativas e innecesarias, desde mi punto de vista. Al final del día, lo que el gobierno va a intentar para satisfacer a la parte más radicalizada del Frente Amplio, será disminuir la rentabilidad de las AFAP. Ese es el escenario menos malo. El escenario más malo terminaría en algún tipo mayor de injerencia o intervención estatal. Esto el ministro Oddone lo tiene claro, pero habrá que ver, en definitiva, qué es lo que propone el gobierno y qué se logra aprobar. En particular, habrá que ver si hay cambios en temas como edad de jubilación, tasas de reemplazo y demás aspectos, que afecten la sostenibilidad a mediano y largo plazo del sistema.
-¿Hasta qué punto identifica que está afectando el curso del gobierno esa puja interna y los intereses de ese sector radicalizado que menciona?
-Hasta ahora, diría que la ha venido llevando bastante bien, más allá de que ha generado una falta de audacia o una inamovilidad para atacar los temas importantes y de fondo. Ahora, le veremos las patas a la sota en los próximos meses y veremos en qué termina la eventual reforma a prepo de la seguridad social, después de que el plebiscito dejara claro que la ciudadanía no quería modificar el sistema y cómo se conforma la próxima Rendición de Cuentas, en función de lo que mencionaba antes, con un deteriorado panorama fiscal, una economía estancada y lejos de las metas de crecimiento. Y las dos cosas están atadas, porque cualquier cosa que se haga a nivel de la seguridad social, que aumente el costo del sistema o deteriore la sostenibilidad de este a mediano y largo plazo, también tiene un impacto económico. Los próximos cuatro meses van a ser bastante interesantes, desde el punto de vista de cómo serán las dinámicas entre los distintos sectores del partido de gobierno y con quién consiguen los dos votos que faltan en Diputados para aprobar lo que eventualmente quieran aprobar.
“Vamos de vuelta hacia un año que, en el mejor de los casos, será mediocre en materia de nivel de actividad”
-¿Hay alguna señal que pueda anticipar un repunte de la economía nacional frente al segundo semestre del 2026?
-No, en la actualidad, ninguna. Es más, en la situación regional, sobre todo en lo que refiere a Argentina, hay signos de deterioro importante. El tema del shock por el conflicto en Medio Oriente va a durar varios meses más en la mejor de las hipótesis, en materia de los precios de los combustibles. Recientemente, el Fondo Monetario se vio obligado a reducir por este tema las previsiones de crecimiento de la economía mundial en el 2026 y, salvo la situación del sector cárnico, no veo ningún factor importante como para mover la aguja en 2026. Si se concretara el tema de la inversión en hidrógeno verde, de la que hace varios años se viene hablando, tal vez sea un efecto expectativas importante y cuando empiece la construcción de la planta se puede registrar un pequeño repunte. En general, vamos de vuelta hacia un año que, en el mejor de los casos, será mediocre en materia de nivel de actividad, donde no esperaría que la economía saliera del rango de 0%-1%.