-¿Cómo impacta en el oficialismo la polémica surgida a raíz de la camioneta que el presidente compró con un descuento de US$ 25.000 días antes de asumir?
-Es innegable que ha sido una situación compleja. Durante el proceso hubo una serie de errores vinculados al manejo de la información, pero tengo confianza absoluta en Yamandú Orsi. Si bien no tengo una relación de mucho tiempo con él, sí lo conozco. Nosotros fuimos el primer sector político en promover la candidatura de Yamandú Orsi a las elecciones internas. Creo que él es lo que se ve, un tipo transparente, que transitó por este proceso de la camioneta con cierta ingenuidad y me parece que hubo un manejo comunicacional complejo, con cosas que se podrían haber hecho de forma más prolija. A su vez, me parece que es natural que haya una repercusión importante porque es el presidente de la República. Ahora, en la izquierda, este tipo de cosas pegan en la línea de flotación. Hay una mirada sobre estos temas que no hay en otros sectores.
-Se refiere a que un mandatario de izquierda compre una camioneta de US$ 79.000.
-Claro. La izquierda ha defendido valores, desde el punto de vista ideológico, de la austeridad y demás, que hacen que esto tenga un impacto sobre la militancia, que en otros sectores no se da.
-La diferencia es que a Orsi se lo presentó como el heredero de Mujica y de esa imagen de sencillez, de un tipo que manejaba un fusca. Y que el presidente aparezca con una camioneta de ese costo no coincide con eso.
-Orsi no es Mujica claramente y no solo no es la persona. Son de generaciones diferentes, que transitaron por la vida política de forma muy distinta. Más allá de que Orsi comparte con Mujica y otras personas esos valores de fondo, que tiene que ver con dónde vive y cómo se relaciona con sus vecinos, siendo una persona de mucha cercanía. Entonces, suena disonante, pero me parece que eso y la transparencia no son cosas contradictorias.
-Más allá de los errores en la comunicación que menciona, ¿no considera inoportuno que el presidente aceptara ese descuento días antes de asumir?
-No sé hasta dónde hubo consciencia de este tema y de lo que podía implicar. Consciencia de cómo se procesó eso, en el marco de un momento en el que la cabeza de Orsi no estaba puesta en la compra de una camioneta, a pocos días de asumir la presidencia. Y descarto, además, cualquier vinculación entre eso y el auto con el que hizo su desfile de asunción. En esto me parece que se ha ido construyendo una historia que tengo absolutamente claro que Orsi no tuvo nada que ver en la elección del vehículo con el que desfiló. Sin embargo, se ha echado un manto de sospechas sobre eso.
-¿Y con el auto donado a la campaña, que después fue utilizado como medio de pago, no cree que da lugar a suspicacias?
-Eso tiene, en mi opinión, una explicación. Pero eso le corresponderá al Frente Amplio (FA) explicarlo y a los compañeros que trabajan en esa área específica. Pero en Uruguay falta profundizar en este tema. Tuvimos en 2024 una suerte de actualización de la Ley de Financiamiento de los Partidos, en mi opinión bastante insuficiente, y si se miran las campañas llevadas adelante por otros partidos, las declaraciones hechas ante la Corte Electoral tienen inconsistencias muy grandes.
-¿Valora la actitud de la oposición ante esta polémica?
-Creo que hubo distintas reacciones. Hubo reacciones responsables, que planteó dudas con respecto al proceso, pero de forma razonable y con todo el derecho, y después está la oposición que está en el borde de lo que el sistema político uruguayo ha mantenido como reglas de juego. Hoy encuentro un estilo de oposición que no vi en períodos anteriores, con un nivel de confrontación y agresividad alto. No estoy generalizando, solo estoy hablando de determinados sectores. Por eso, para mí fue un hecho muy importante el haber acordado un nombre para la Suprema Corte de Justicia. Creo que los uruguayos están pidiendo señales del sistema político que pasen de la polarización y la confrontación a encontrar escenarios de diálogo.
-¿Qué hace falta para llegar a ese punto en lo que refiere a la designación de un fiscal de Corte efectivo?
-Es una buena pregunta para la oposición.
-Imagino que el FA maneja algunos nombres. ¿Por qué no los propone?
-Yo no sé si el FA tiene nombres. Nunca hemos discutido en profundidad, puede haber nombres y deberíamos buscar opciones que generen acuerdos.
-¿Y qué ocurre con la Junta de Transparencia y Ética Pública (Jutep)? ¿Cree que debe modificarse su conformación actual?
-Durante todo el período pasado la Jutep tuvo una actuación absolutamente omisa. Pero, en realidad, hubo casos como el de Sartori, en el que se estuvo tres años esperando la declaración jurada completa. En aquel momento, nunca escuché a un legislador del entonces gobierno hacer ningún comentario negativo de la Jutep. Después, presentamos un proyecto para colocar al organismo lo más lejos que se pueda del poder político. La hoy oposición coincidió en el espíritu de nuestra propuesta y en darle a la Jutep un rol similar al del Tribunal de Cuentas o de la Corte Electoral, de autonomía. El tema es que, para ello, se necesitaba una reforma constitucional y nadie va a impulsar una reforma en la constitución con el objetivo de ubicar a la Jutep en determinado lugar. Yo tengo absoluta confianza en los dos integrantes de la Jutep, a los que conozco hace mucho tiempo y me parece bien que el presidente se someta a lo que el organismo entienda que todo este episodio le acarree como consecuencia.
-¿No es inevitable que la Jutep, por la forma actual para conformarla, quede en el centro de la polémica al tratar casos como este o como el caso Danza del año pasado, que también fue motivo de cuestionamientos de la oposición?
-El espíritu de la creación de la Jutep no fue este. La Jutep no estaba pensada como uno de los lugares de negociación política, como sucede, por suerte, al inicio de cada período de gobierno, cuando a la oposición se le da espacios de control en distintos lugares. Habría que buscar a personas, que siempre van a tener una orientación política, que den garantías de ecuanimidad en el tratamiento de los temas. Confío en la posibilidad de un acuerdo que incluya a los tres miembros de la Jutep en este tema. Eso sería lo ideal, que se lograra una interpretación de las normas vigentes en ética pública y que emitieran un fallo común. Eso no sólo fortalecería la imagen de la Jutep frente a la opinión pública, sino que también daría garantías de que lo que se resuelve está ajustado a la normativa vigente.
-¿Qué se juega el oficialismo en la próxima Rendición de Cuentas?
-Creo que tenemos un panorama internacional muy complejo, lo que explica alguna de las cosas que están pasando en el estado de ánimo de la población.
-¿Se refiere a la baja aprobación de Orsi que evidencian las encuestas?
-Me refiero al estado de ánimo de la gente, algo más genérico. La sensación es que estamos en un momento en donde hay una suerte de mala onda. Hay una sensación de incertidumbre que se vive día a día y el ser humano necesita certezas, por lo menos las básicas para vivir, y hoy vivimos en un mundo en el que no hay reglas de juego. Y creo que se puede ser consciente o no de esto, pero en realidad la demanda de inmediatez también responde a la demanda de certezas. Creo que en la Rendición de Cuentas el FA y el gobierno deben respetar las prioridades. Creo que se han hecho cosas muy importantes a nivel de educación y la construcción de comedores en liceos, entre otras cosas, que tienen un impacto en el interior muy bueno. Si logramos que lo que se aprobó en el Diálogo Social, en materia de adolescencia e infancia, se incorpore en la Rendición de Cuentas, es un paso importante; lo mismo si se completan los compromisos en materia de seguridad.
“El país tiene posibilidades de expandir el gasto, sobre todo tratando que el Estado juegue un rol dinamizador”
-Hay quienes se refieren a la necesidad de tener una Rendición de Cuentas de gasto cero, teniendo en cuenta que la economía no ha crecido al ritmo esperado y los niveles de déficit fiscal. ¿Está descartado esto?
-Hay un crecimiento de la asignación de recursos previsto en el presupuesto para este año, que ronda los US$ 50 millones. Me da la impresión de que mejorar la eficiencia del gasto es una cuestión positiva, y eso no es de izquierda ni de derecha, sino de una buena gestión. Por lo tanto, habrá que evaluar no solo la ejecución del gasto, sino también la buena gestión de ese gasto. Eso está bien, lo cual no significa que todo lo que se tenga que asignar, desde el punto de vista presupuestal, dependa exclusivamente del ajuste del gasto. Me parece que todo esto será parte del debate que tendremos, pero creo que Uruguay tiene posibilidades de expandir el gasto, sobre todo tratando que el Estado juegue un rol dinamizador de la actividad económica.