-¿Cómo evalúa la actualidad de la economía uruguaya?
-Estoy preocupado y no veo una perspectiva clara. Es cierto que el contexto internacional no ayuda, en el contexto regional, tal vez Argentina ayuda un poco más, pero Brasil no está empujando. Me da la impresión de que hay un cierto desorden en la economía desde el punto de vista de que no hay una línea única dentro del gobierno, sino que hay una línea en el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y otra línea que no es el MEF. Eso está dificultando mucho la cosa y me parece que los esfuerzos que se puedan hacer desde el MEF no van a rendir sus frutos. En segundo lugar, creo que sí hay una tendencia hacia una mayor estatización o socialización de la economía uruguaya. Veo tendencias que no son auspiciosas porque noto que se están tratando de destruir cosas buenas que se han hecho y se quieren implementar cambios que van en una dirección equivocada.
-¿A qué se refiere?
-A la seguridad social. Por ejemplo, ya se había rechazado la eliminación de las AFAP y se pretende llevar por delante la Constitución. En la intermediación financiera creo que se está tratando de forzar a una desdolarización de la economía, que no me parece que sea adecuado. Creo que la gente debe decidir la moneda que quiere tener y en la moneda que quiere ahorrar. Y en el campo de la economía real, creo que hay una percepción de que no se va en una dirección pro inversiones y pro capitalistas.
-¿Qué señales ha dado el gobierno que respalden esto que menciona?
-Creo que está la línea del MEF, la del Ministerio de Trabajo y la del PIT-CNT. Se insiste en el aumento de los impuestos a los ricos como si fuera una fuente inagotable de donde extraer recursos para poder gastar más. Por otro lado, se aumentan impuestos a las empresas, a las inversiones que los uruguayos mantienen en el exterior, pero se aspira a atraer inversiones. Se aumentan los controles y tanto los inversores como la gente en general no pueden ganar confianza en un sistema así.
-Pese al relato de Gabriel Oddone, que desde un principio se mostró pro crecimiento e inversiones, ¿no era de esperar de un gobierno de izquierda que se diera esta situación, de priorización de aspectos sociales antes que señales pro capitalismo?
-Creo que la gente confió en Orsi y por algo lo votó y es el presidente, pero hoy está sufriendo una decepción. El desencanto que tienen los electores es muy grande. Hace tiempo no veía tanto descontento. Entonces, por más de que fuera de esperar, se pensaba que iba a ser distinto. Estaba la figura de Oddone por un lado, la promesa de Orsi por otro, pero cuando se empieza a ver cómo se mueven los distintos actores y ministros, se ven situaciones que dejan preocupación. Este es un panorama que preocupa particularmente, porque no se vislumbra que vaya a haber un cambio en la dirección correcta para que aumente la inversión y crezca la economía.
-¿Cómo lo ve parado a Oddone en este panorama político?
-Tengo un concepto muy bueno de Gabriel Oddone como economista. Creo que, además, es una persona que ha estado cerca del empresariado durante unos cuantos años y eso le ha dado un buen discurso frente a los sectores empresariales. Las medidas que él propone, los empresarios han dicho que les parecían bien, pero que tenían gusto a poco y que no iban a mover mucho la aguja. Ahora habrá que ver. Este no es un momento como para decir si algo va a funcionar o no. Hay algunos conceptos de la política económica que no comparto. Por ejemplo, el principio de que Uruguay es caro y que seguirá siendo caro, es algo que me rechina y no es algo bueno. En segundo lugar, que se diga que Uruguay es caro porque su sociedad es cara, algo que no es así, porque no hay un bienestar como para decir que acá el nivel de vida es espectacular. Acá hay mala salud, mala educación, entre otros. Entonces, yo creo que este es un concepto falso desde el punto de vista de decir que esto debe seguir así. También me sorprende cuando se dice que la macroeconomía está estable y que se debe actuar sobre la microeconomía. Yo creo que la macroeconomía no está estable. Hay un déficit que puede rondar cómodamente el 5% del Producto Interno Bruto (PIB), porque hay ítems que no están computados dentro de ese déficit, como los déficits totales de las intendencias que no están computados dentro del gasto público. También el potencial déficit de la salud, que debe ser superior al 1% del PIB, que probablemente el Estado lo va a absorber. Deuda pública de 74% y creciendo. Atraso cambiario que afecta la competitividad. Entonces, no podemos decir que la macro está estable.
-¿Qué panorama se presenta para el país de cara a lo que resta del quinquenio en cuanto a la tensión que genera el déficit fiscal?
-Este es un tema que está relacionado con varios puntos. Nosotros tenemos un esquema y un modelo basado en obtener financiamiento externo para cubrir el déficit. Entonces, ese es el fundamento. Y el paradigma que se aspira a mantener es el de la estabilidad, de mantener las instituciones y respetar los derechos de propiedad. Uruguay es un país que tiene muchas virtudes, y eso es lo que se está vendiendo. Por eso nos compran la deuda. Los inversores compran estabilidad y seguridad, pero no ven la realidad del país. Y la realidad es que hay un país que no marcha, que está trabado, que el Estado ha sido el protector de los débiles, pero que hoy es un ancla que no permite crecer. Cuando los inversores perciban que no es posible bajar el déficit reduciendo el gasto público, la demanda de deuda uruguaya podría restringirse.
-¿Esperaba un mayor avance en reformas de desburocratización y de reducción del tamaño del Estado del gobierno de Lacalle Pou?
-Yo hubiera esperado, sí. Creo que Lacalle Pou no lo pudo hacer porque se le dieron muchas cosas en contra.
-¿Qué debe hacer Uruguay para crecer más?
-Básicamente, hay tres temas. Uno es generar confianza, que es la clave. Los uruguayos mantienen sus ahorros en el exterior porque no creen en la moneda ni en la estabilidad fiscal. El segundo es la reforma y el tamaño del Estado, y el tercero es el desmedido poder de los sindicatos, amparados en el gobierno y el automático acceso a los aportes de los trabajadores. Me parece que los esfuerzos por lograr una moneda de calidad se están logrando, pero no del modo en que se debe hacer. No se puede bajar la inflación a prepo, apretando el tipo de cambio y destruyendo la base productiva del país. Bajar la inflación sin bajar el déficit fiscal es algo que no es permanente. En cualquier momento está la amenaza, porque si tenés un déficit alto y tenés que pedir prestado todo el tiempo o estar pensando en sacarles más plata a los ricos para financiar un mayor gasto público, no es sostenible. Porque, en determinado momento, el financiamiento externo se va a terminar y los ricos van a decir basta, como ya lo están haciendo. Es ingenuo pensar que se puede seguir con este paradigma toda la vida. Entonces, ¿cuál es el paradigma? Que hemos comprado nuestro propio estancamiento. Esa es la realidad y la conclusión que saco. Los jóvenes que tienen expectativa de cambio y que quieren mejorar, emigran. El descontento es grande. Los empresarios están descontentos, pero no actúan.
“Estamos mal en cuanto a generar confianza, al tamaño del Estado y al poder sindical”
-¿Encuentra similitudes de este momento de la economía local y global con otro momento de la historia?
-Que haya habido una conflictividad geopolítica como la hay en este momento, no lo recuerdo. La Guerra Fría sí fue importante, y quizá sea lo más parecido. La crisis del petróleo sí. Ha habido situaciones similares a la actual, como en el 73, pero esta en particular tiene una característica que la diferencia de aquella del 73, y es que la matriz energética de Uruguay cambió y el daño no es tan importante como lo fue en ese momento. Entonces, creo que el impacto de ahora será menor. Desde ese punto de vista no estamos tan mal, pero sí estamos mal en cuanto a generar confianza, al tamaño del Estado y al poder sindical. En cuanto a su pregunta, de qué le faltó a Lacalle Pou, tal vez le faltó sacarles poder a los sindicatos, evitar su financiamiento automático y tener voto secreto. Ese tipo de cambios fueron los que podrían haber aparecido con Lacalle Pou.