-¿Considera que el episodio de la camioneta del presidente está realmente cerrado?
-Hay que esperar, porque acá lo que importa es cómo impacta el tema en la gente, y sobre todo cómo impacta en los votantes de Orsi. Los votantes de la oposición ya tienen una visión contraria. Quizá el tema afecta a uno de los valores de Orsi, que se consideraba que estaba al margen de alguna posibilidad como esta, con la honestidad y la transparencia como bandera. Pero habrá que esperar a que decante, porque acá lo que importa no es el shock inmediato, sino como decanta y ver, dentro de unos meses, si esto realmente lo afectó o no. Es probable que a Orsi le pueda quedar alguna secuela por el caso de la camioneta.
-¿Entiende que merece la pena seguir con el tema? Hay opiniones divididas, tanto en el arco político como de parte de periodistas y analistas, sobre si se debe seguir discutiendo el tema.
-El tema es que la sociedad uruguaya y la opinión pública tenía, hace unos meses, grosso modo, un 10% de intransigentes, que son los que rodean a los dirigentes políticos y quieren atacar. Pero es solo el 10%, dividido una parte hacia el oficialismo y otra hacia la oposición. Otro 60%, también repartido, quiere diálogo y soluciones, y que los políticos se ocupen de los problemas del país y de la gente, y otro 30% está entre los desinteresados, desilusionados y enojados. Hay que tener cuidado, porque este es el panorama y estos temas son importantes, pero a la gente le hace ver que están en un fuego entre ellos y se aumenta el descreimiento global. A principios de 2018, este número estaba en el 28%. Cuando se analiza la elección de 2019, y se suman los votos que recolectaron Guido Manini Ríos, Juan Sartori, Ernesto Talvi, Edgardo Novick, César Vega y Gustavo Salle, se alcanza el 22%. Es decir, ese 28% que registramos a inicios de 2018, se tradujo en un 22% de votos disruptivos. Lo que no generó es un shock, porque a diferencia de otros países, como ahora Colombia, no se concentró en una figura o en una propuesta, sino que se dispersó en propuestas que fueron dentro de los partidos o nuevos partidos, pero no uno unificado. Ahora, hay que ver qué pasa. Lo cierto es que estamos en un momento en el que puede no afectar el voto, pero no está captando entusiasmo ni credibilidad de la gente.
-¿El anuncio del Ejecutivo de que vehículos blindados del Ministerio de Defensa, manejados por militares, que llevarán a policías a patrullar zonas rojas, es una buena medida para un gobierno de izquierda?
-El Frente Amplio (FA) se opuso mayoritariamente en su momento al ejército en la calle, que iba acompañado de habilitar los allanamientos nocturnos. Esto es una medida distinta, que se basa en la apoyatura militar a la acción policial. Dentro del FA, sobre todo en el tercer gobierno, hubo medidas muy duras aplicadas por el ministro Eduardo Bonomi, como los operativos de saturación, que también generaron opiniones divididas, pero en general hubo una mayoría de la opinión pública que apoyó. Y en la medida en que la seguridad es una preocupación dominante en la sociedad y el narcotráfico aparece como una preocupación, este tema va a quedar, seguramente, en la resistencia de algunos conjuntos de pensamiento, pero probablemente tenga un apoyo mayoritario de los propios votantes del oficialismo. La idea inicial es que, guste o no, al gobierno lo fortalece.
-¿Qué muestran las contradicciones existentes dentro del oficialismo sobre qué rumbo seguir en materia económica?
-La verdad es que hay poca tensión. Lo que hay es una muy fuerte disconformidad a nivel de votantes y militantes. Han sido muy cuestionadas la política económica y la política exterior. Hay que ver cómo se posicionó Uruguay en estos meses, donde hay un papel protagónico de Estados Unidos y que el 90% de votantes de Orsi tiene una visión negativa de cómo Trump está actuando en el mundo. Entonces, la forma en que llega la política exterior es uno de los momentos de gran disconformidad, y el otro es la política económica. En la política social, hay un empuje limitado, una crítica de que es estrictamente asistencial, y que no va a lo estructural, pero entra dentro de lo esperable de la visión país. En la transición española, en el momento estelar del rey Juan Carlos, ya llegados los años 80, el otro gestor de la transición, Adolfo Suárez, estaba en un cuestionamiento muy grande. El rey le dijo algo así como que estaba gobernando para los que no lo votaron ni lo van a votar, y que encima perdía a los suyos.
-Usted está queriendo decir que Orsi está gobernando para quienes no lo votaron.
-No, yo estoy diciendo lo que le dijo el rey de España a Adolfo Suárez.
-Pero hay una analogía clara que usted está queriendo ilustrar, vista mi anterior pregunta.
-Bueno, cada cual… las conclusiones son suyas. Lo otro es que ciertos sectores del FA hicieron un giro hacia el centro, y eso tiene algunos problemas. Hay que mirar las experiencias en países con democracias de partidos, que son muy pocas. Y los que hicieron ese giro, tuvieron éxito, por lo menos, en una etapa, que fue cuando su oposición, es decir, el centro-derecha o la derecha, no tenía un espacio y una estructura clara. Eso pasó en España. Cuando Felipe González hizo ese giro, el centro-derecha y la derecha estaban fragmentados, hasta que se formó el Partido Popular y quedaron dos bloques. Lo otro es que los partidos progresistas o reformistas que hicieron estos giros, terminaron desfigurándose si del otro lado tenían una construcción fuerte. Es decir, hay que tener cuidado y mirar si el otro lado del mostrador está libre o no. Si está fuertemente ocupado, ese giro se da contra la pared y produce el desencanto de los propios y no capta hacia afuera. Hoy en Uruguay se observa que el lugar del centro o de la centro-derecha, está ocupado. La coalición está afectada por la propia afectación del sistema político, pero no en el juego de uno contra otro. Y en este momento la fortaleza de Lacalle Pou es mucho mayor que cuando estuvo en el gobierno, y ni hablar que en 2019. Entonces, creo que hay un diagnóstico no muy afinado sobre qué implica el giro en el FA.
-¿Qué se juega Gabriel Oddone de cara a la Rendición de Cuentas?
-Lo que ha logrado el gobierno es que, lo que se puede llamar el centro presidencial, es quien decide. Y ha quedado la idea de que en el FA hay un mínimo margen para ver si se puede ajustar algo de lo que allí se propone, pero no confrontar. Ese es el modelo que estamos viendo, que no es el que hubo en el primer gobierno del FA. Y los mensajes desde adentro del FA apuntan, salvo algunos casos, a callarse la boca en las discrepancias. Esto, en perspectiva, puede ayudar al manejo del gobierno, pero contribuye a que no haya ningún colchón hacia los votantes de esa área que están disconformes.
“Cuidado con mirar el mapa solamente hacia el oeste y saltarse a Brasil, a México y a Europa”
-La región ha dado un giro hacia la derecha. Recientemente lo hizo Colombia, fue Chile hace unos meses, Argentina en 2023 y en Perú parece imponerse Keiko Fujimori, aún a la espera del resultado final. ¿En qué lugar queda Uruguay en política internacional?
-Una cosa es el giro de las sociedades y otra el esquema de política internacional de los gobiernos. Por ejemplo, Colombia giró hacia la izquierda y hacia la derecha. La izquierda tuvo un nivel de votos nunca antes visto en la historia de ese país. A nivel de política internacional, tenemos un conjunto de países que siguen totalmente a Estados Unidos. Pero las dos potencias latinoamericanas están del otro lado, que son Brasil y México. Entonces, hay que tener cuidado con lo cuantitativo y lo cualitativo. A su vez, en este momento Brasil y México, en política global y más allá de la región, tienen una gran sintonía con España, en un momento en que España tiene una fuerza muy grande en el plano internacional y en el plano europeo. Entonces, estos dos países están jugando en un plano en el que aparecen España y las otras cuatro potencias de Europa Occidental y Canadá con un discurso muy fuerte. Cuidado con mirar el mapa solamente hacia el oeste y saltarse a Brasil, a México y a Europa. Uruguay puede elegir, hoy está muy cerca de Estados Unidos. No del todo, pero claramente está muy lejos de la posición de México, Brasil y España en este tema.