-Andrés Ojeda anunció la creación de un “gabinete paralelo” días atrás, que hará un seguimiento al gabinete oficial, y usted forma parte. ¿Cómo ve lo hecho hasta ahora por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF)?
-En cuanto al gabinete paralelo, el nombre siempre me pareció horrible. Básicamente es un conjunto de asesores organizado en áreas de gobierno, para lo que es la gestión del partido, como partido de oposición, y también como forma de mejorar la capacidad de propuesta de los legisladores y del partido en general. Hay que entenderlo de esa manera y no como una especie de auditoría de lo que es la gestión de gobierno. Es tener capacidad de informar y asesorar legisladores y autoridades del Partido Colorado (PC) en las distintas áreas que hacen a las políticas públicas y, eventualmente, empezar a andar un camino para lo que puedan ser propuestas de cara al futuro. Es también una buena oportunidad de conocer cuadros nuevos y para reclutar gente joven que vaya recabando la experiencia que los viejos podemos transmitir desde ese punto de vista. El MEF creo que ha tenido la dificultad de tratar de implementar una agenda que el ministro y su equipo tenían al inicio de su gestión, por las contradicciones que parte de esa agenda tenía con el propio programa del Frente Amplio (FA) y que eran visibles dentro de la campaña. Y esa controversia, al instalarse el FA en el gobierno, salió a la luz. Lo que pretendía el MEF en términos de perspectivas fiscales e incentivos que podía tener la economía para el crecimiento económico, debía balancearse con otras aspiraciones y agendas que venían desde otras áreas de gobierno y desde distintos sectores del FA. Eso ha generado una situación de conflicto. No se puede nivelar las finanzas públicas y al mismo tiempo gastar más, y la vía de escape que se buscó con la flexibilización de la regla fiscal será un problema en el largo plazo para la economía.
-¿Por qué?
-Porque realmente pone la perspectiva de deuda pública uruguaya en un nivel muy alto y sin capacidad de corrección en el mediano plazo, lo que generará una tensión fuerte en los próximos años de este gobierno o, si tienen la suficiente suerte de que no surja un problema en estos tres años, será un problema que enfrentará la próxima administración. Ahí hay un problema potencial en la gestión de la economía uruguaya que es fruto de esta controversia interna y, hasta ahora, la vía de escape ha sido gastar más, apostar a un crecimiento que todavía no ha llegado y a una mayor recaudación vía nuevos impuestos, que está por verse.
-¿En qué lugar ha quedado Gabriel Oddone en ese panorama que define?
-Oddone es una especie de mediador entre lo que se quiere hacer y lo que se puede hacer, donde la vara de lo que se puede hacer ha quedado muy baja. Hay un exceso de realismo o cierta dosis de pesimismo sobre lo que es capaz de lograrse y uno ve que las aspiraciones que ha tenido el gobierno durante su primer año, al menos, son relativamente bajas. El gobierno tuvo el gran logro de haber aprobado la Ley de Presupuesto, que es una vara baja para lo que puede hacer una gestión. Ahora hay una iniciativa interesante que es la Ley de Competitividad, que se puede decir que ese es el verdadero Gabriel Oddone y que son cosas perfectamente compatibles con la agenda de cualquiera de los partidos de oposición. Veremos qué suerte tiene en el trámite parlamentario.
-¿Qué sería lo esperable de este gobierno teniendo en cuenta lo que menciona sobre el exceso de realismo?
-El problema es que, a medida que avance el período y se acerque el próximo período electoral, las presiones por un mayor gasto irán en aumento, el punto de partida ya fue muy alto y, basado en expectativas de crecimiento que eran muy optimistas, en un país que tiene dificultades estructurales para crecer, problemas de competitividad y un costo país muy elevado, es complejo. Y en la agenda del gobierno no hay nada que encare esos problemas estructurales, más allá de algunas cuestiones interesantes que aparecen en la Ley de Competitividad.
-¿Qué señal dio el ministro en la presentación de la Rendición de Cuentas, cuando en la previa había anunciado que sería de gasto cero y terminó con un aumento de US$ 31 millones?
-No me sorprende. Cada vez que se abre una Rendición de Cuentas, lo que cabe esperar es que haya un mayor gasto. La única manera de tener una rendición con gasto adicional cero es mandar una ley de un solo artículo. Si no, siempre se abre una discusión y hay una posibilidad de plantear mayores gastos, y ahí es donde la cuestión se le va de control al MEF, porque el propio debate parlamentario lleva a mayores presiones en materia de gasto. Este gobierno se quitó la posibilidad en su primer año, con el presupuesto, de evaluar la calidad del gasto público. Tomó la cantidad de gasto como un dato y sobre eso montó las propuestas. Lamentablemente, por una razón que desconozco, el MEF decidió no dar esa pelea por una racionalización del gasto público y seguimos con programas presupuestales que carecen de evaluación, que han mostrado poco nivel de efectividad en los últimos 20 años y con la iniciativa de la pobreza infantil se repite una agenda que no ha dado resultados en estos años, que es gastar más en transferencias que no cambian los problemas fundamentales que están por detrás de la pobreza infantil.
-¿No es algo bueno la unificación del sistema de transferencias para la infancia y la adolescencia, con la que se pretende bajar un 25% la pobreza en niños de cero a tres años?
-Si uno aumenta transferencias, las combina y hace distintos mecanismos como para que suene como un mayor nivel de transferencia para los hogares, lo que probablemente se logre es, en términos de mediciones estadísticas, que haya más hogares por encima de la línea de pobreza para un hogar de determinadas personas. Con esa transferencia el hogar queda por encima de determinado nivel de ingreso y se tacha de la lista de hogares que quedan por debajo de la línea de pobreza. Es un efecto puramente estadístico, pero en el fondo sigue siendo el mismo hogar, con las personas viviendo en las mismas condiciones y en el mismo entorno. Por lo tanto, el problema estructural en sí no se cambia, porque lo que hay que cambiar son las condiciones de acceso al mercado de trabajo de los jefes de hogar y la educación de todos los integrantes de ese hogar. Lo que lamento en esto es la oportunidad perdida en términos de discusión de políticas públicas.
Ley de Competitividad “es un inicio de la discusión y de poner el foco donde están los problemas”
-¿Qué opinión tiene acerca de la Ley de Competitividad y Reducción del Costo de Vida?
-Hay cosas que considero que son contradictorias y que son mejorables, pero creo que, mirado en su conjunto, la Ley de Competitividad es un paquete de ideas que no es nuevo, que ha estado presente en gobiernos anteriores y que, por distintos motivos, nunca tuvo el sustento político suficiente como para salir adelante. En esta oportunidad es bienvenido que aparezca, el ministro lo ha planteado como algo importante pero menor, ha tratado de bajarle la expectativa en cuanto a que no son cambios estructurales y sustanciales en la economía uruguaya, pero sí importantes. Yo considero que son importantes y que se trata de un camino para empezar a desregular cosas y bajar costos para el país. Obviamente hay que hacer más, por más que haya cosas que pegan en algunos callos y que seguramente en el proceso parlamentario aparezcan contradicciones. Creo que es una iniciativa para apoyar y todo lo que salga de allí será positivo para empezar.
-¿Alcanza al menos para empezar a hincarle el diente al problema de la competitividad?
-Por lo menos pone sobre la mesa lo que son privilegios y costos generados al país por trámites o requerimientos que son totalmente innecesarios.
-Sin embargo, se tocan intereses y, como usted dice, el proyecto puede sufrir modificaciones en el Parlamento.
-Al poner esos intereses sobre la mesa, ya se plantea una discusión de que un determinado trámite podría ser más barato, que tal permiso podría no solicitarse si se suspende la intervención de determinada oficina pública en el proceso. Por lo menos es un inicio de la discusión y de poner el foco donde están los problemas, porque realmente gran parte de los problemas de Uruguay pasan por ahí.