En los últimos 45 años ha cambiado mucho la forma en que nos comunicamos. ¿Cuáles cree que fueron los hitos más importantes en la evolución de las telecomunicaciones en Uruguay?
En los últimos 45 años, el primer hito fue el advenimiento de la telefonía celular que marcó un gran cambio en las telecomunicaciones, llegando en pocos años a cubrir las necesidades de comunicación en todo el territorio nacional.
El otro hito excluyente es, sin dudas, el surgimiento de internet con los cambios a todo nivel que esto significó. El desarrollo de la red de Antel acompañó ese cambio desde el principio, pasando rápidamente de la internet que utilizaba red telefónica conmutada con módems dial-up (de acceso telefónico) al ADSL, para culminar con un desarrollo muy temprano de la fibra óptica, la cual posicionó al país como uno de los mejores conectados del mundo.
La conectividad se ha transformado en una herramienta clave para el desarrollo. ¿Qué papel entiende que tiene hoy Antel en la competitividad del país?
Antel tiene un rol decisivo como motor de desarrollo del país y cuenta con todas las capacidades para brindar soluciones tecnológicas al sector público y al privado. El objetivo es que sea socia tecnológica tanto de las empresas públicas, la educación, las intendencias, los ministerios y otros organismos del Estado, como de las empresas privadas.
En ese rol, aportamos la mejor red móvil y de fibra óptica del país, con el liderazgo del mercado en ambos sectores. En móvil, contamos con la red más desarrollada tanto en 4G como en 5G; en esta última tecnología ya superamos las 870 radiobases. Nuestra red celular permite desplegar soluciones de internet de las cosas (IoT) en todo el territorio, y la capilaridad de la fibra óptica hace posible que las empresas se instalen en cualquier lugar con conexión de alta velocidad.
Si bien la infraestructura de telecomunicaciones ya es excelente, la inversión no se detiene: este año se mantendrá en el orden de los US$ 150 millones y, para todo el período, se proyectan unos US$ 750 millones.
Entre esas inversiones figura la compra —antes de fin de año— de equipamiento para ejecutar/correr inteligencia artificial en el data center de Pando, al servicio de Antel, las empresas y el gobierno, con una inversión que va a superar los US$ 10 millones. Esto es fundamental en materia de soberanía digital, ya que permite que los datos queden en el país.
Se sumará además un nuevo data center en el área metropolitana, cuya construcción comenzaría entre fines de este año y principios del próximo, con una inversión estimada de US$ 70 millones.
Todo esto se sustenta en una robusta conectividad internacional a través de cables submarinos de fibra óptica que conectan al país con Argentina, Brasil y Estados Unidos.
La inteligencia artificial, el 5G y la transformación digital están cambiando la forma de trabajar, estudiar y hacer negocios. ¿Cómo puede Uruguay aprovechar esas oportunidades y qué rol debe cumplir Antel en ese proceso?
La inteligencia artificial, el 5G y la transformación digital abren oportunidades enormes, pero ninguna de ellas es posible sin una base: la conectividad. Entendemos la conectividad como un derecho básico, como el agua potable o la energía eléctrica, porque arriba de eso pasa la vida moderna: el trabajo, el estudio, los negocios.
Antel, como empresa pública, tiene —más allá de la lógica del mercado— el deber de llevar las telecomunicaciones a todo el territorio y garantizar el acceso a internet de los uruguayos, vivan donde vivan.
A principios de junio, con la inauguración en la localidad Porvenir, Paysandú, Uruguay se convirtió en el primer país de América con todos los pueblos de más de 1.000 habitantes conectados con fibra óptica. Eso significa que se puede teletrabajar, estudiar y emprender con la misma calidad, fiabilidad y velocidad que en Montevideo.
Para fin de año completaremos las localidades de más de 500 habitantes, y al final del 2027 llegaremos a todas las de más de 100 hogares. Sobre esa infraestructura, Uruguay está en condiciones de aprovechar plenamente la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías, sin excluir a nadie.
En un mundo donde la tecnología avanza a gran velocidad, ¿qué desafíos cree que serán los más importantes para Antel y para el país en los próximos años?
Uno de los grandes desafíos que tiene Antel es la transformación de una empresa de telecomunicaciones, acostumbrada a vender servicios de conectividad, en una empresa de tecnología, que se posicione como referente de soluciones digitales y tecnológicas estratégicas junto a los socios de negocio.
Arriba de la excelente red que tiene Antel, se deben crear servicios que le saquen provecho a la infraestructura a través de diferentes verticales de negocio, como el agro, la industria, el gaming, entre otros.
¿Cuáles son las iniciativas que está impulsando Antel para ampliar la propuesta de valor para sus clientes más allá de los servicios tradicionales de telecomunicaciones?
En un mercado cada vez más competitivo, Antel busca posicionarse como un hub de contenido para darles a sus clientes no solo la mejor red, sino también el acceso a entretenimiento, deportes y cultura a través de AntelTV, con transmisiones especiales que democratizan el acceso a contenidos.
Las transmisiones de los partidos de la selección uruguaya en la competencia mundial, a través de la señal de Canal 5, y las finales de la Liga Uruguaya de Básquetbol, por VTV, marcaron un récord de audiencia en la plataforma.
En forma permanente, además, se incorpora contenido a AntelTV, que actualmente ya cuenta con una variada oferta de radios, streaming, canales de televisión y un catálogo de películas uruguayas.
Por otro lado, desde enero de 2026, el gerenciamiento del Antel Arena pasó a manos de ITC, subsidiaria de Antel. El primer cuatrimestre de este año (enero-abril) presentó resultados contables positivos, con ingresos que superaron los US$ 1.393.170, un 44% más que en el mismo período de 2025.
La meta para 2026 es mejorar los resultados a través de un ajuste de gastos, la optimización de recursos, la diversificación y potenciamiento de los más de 100 eventos proyectados para el año, de manera de hacerlo más eficiente y también más democrático.