Después de 45 años de cambios en la economía uruguaya, ¿cuáles cree que fueron las transformaciones más importantes y qué lecciones dejaron para el futuro?
Las transformaciones más importantes fueron, en primer lugar, el cambio de la matriz energética que hoy permite que el 98% de la energía eléctrica de Uruguay se genere con energías renovables. En segundo lugar, las transformaciones en la seguridad social, haciendo que el modelo previsional uruguayo sea inclusivo y comprenda a un conjunto importante de la población y que sea sostenible a largo plazo con las sucesivas modificaciones. Por otro lado, la reforma de la salud introducida en el año 2008 es una transformación muy importante por la centralización de un esquema de seguros. La reforma tributaria implementada en el 2007 fue muy importante, promovió una recaudación tributaria más justa y más eficiente.
La adhesión al Mercosur en el año 91 y la apertura de la economía que tuvo lugar en los 90 fueron cambios muy sustanciales. Pero lo que atraviesa todo el período es el proceso de estabilización que la economía ha hecho. Teníamos una economía muy inestable y hoy tenemos una economía estable. Y la gestión de la salida de la crisis del 2002, en particular lo que se hizo al no declarar el default de la deuda y que se reestructuraron todos los pasivos del sector público y del sistema financiero, es un ejemplo.
En síntesis, hay muchas cosas destacables en la gestión de la política económica de Uruguay de los últimos 40-50 años. El aumento del gasto en educación también constituye un elemento central.
¿Qué entiende que necesita Uruguay para crecer de forma sostenida y al mismo tiempo mejorar la calidad de vida de su población?
En primer lugar, lo que se requiere es fortalecer los estímulos a la innovación y a la inversión. Uruguay tiene un funcionamiento imperfecto entre la incorporación de tecnología y el mundo de los negocios. Es un tema central en el cual el gobierno está trabajando. Segundo, Uruguay tiene que seguir integrándose al mundo de manera más activa, tanto por lo que el Mercosur vaya logrando con la firma entre terceros bloques como por lo que el país unilateralmente haga. Abrir la economía sigue siendo uno de los elementos fundamentales.
Uruguay debe continuar aumentando el gasto en educación, ese es un tema central. Hay que mejorar la dotación de recursos y al mismo tiempo la gestión del sistema educativo para tener mejores resultados.
El país tiene que fortalecer su competitividad desde el punto de vista del costo de la energía y de los costos logísticos como dos elementos centrales. Y tiene que seguir trabajando en consolidar una situación fiscal sostenible a largo plazo.
Para mejorar la calidad de vida de la población, en primer lugar, tenemos que reducir el costo de vida, para lo cual tenemos que hacer reformas microeconómicas que permitan una asignación de recursos más eficiente. Por otro lado, tenemos que fortalecer nuestra matriz de protección social de manera de reducir los niveles de desigualdad y, en particular, reducir los niveles de pobreza infantil, de forma tal que sea una sociedad más cohesionada.
¿Cuáles son los principales desafíos que tiene la economía uruguaya para mejorar la competitividad?
Hay que avanzar hacia reformas microeconómicas que promuevan una mayor eficiencia de la economía. Eso supone desburocratizar los vínculos entre los contribuyentes y el Estado.
Tiene que ver con facilitar el comercio exterior de manera tal de generar menos controles, estimular la innovación. Tenemos que seguir fortaleciendo nuestros esquemas de atracción de inversiones mediante estímulos tributarios, porque Uruguay es un país de presión fiscal elevada y, por tanto, tenemos que hacer algunas revisiones, por ejemplo, del gasto tributario y de cómo lo estamos asignando. Es probable que eso requiera modificaciones de largo plazo.
Tenemos que volvernos más competitivos en dos capítulos centrales para nosotros: la logística y la energía. En la logística, el tema portuario es clave. Nuestro sistema portuario, y particularmente el puerto de Montevideo, tiene que volverse más competitivo. Sobre eso se pueden revisar esquemas tarifarios, aspectos vinculados a la regulación y a la gobernanza. Y tiene que ver con la gestión de la infraestructura y de las inversiones que son necesarias para el dragado.
En materia de energía tenemos que ser capaces de disponibilizarla a precios más competitivos para alojar inversión en sectores intensivos en el uso de energía.
En un contexto de cambios tecnológicos, transformaciones demográficas y conflictos internacionales, ¿qué temas cree que deberían ocupar un lugar central en la agenda económica del país durante las próximas décadas?
Una estrategia de educación: ¿cuál es el tipo de educación y el contenido que queremos para tener un capital humano más flexible, con más capacidad de adaptarse a escenarios cambiantes?
Hay que hacer una fuerte inversión en innovación, especialmente en inteligencia artificial. También debemos definir cuál será el rol de Uruguay: no solo atraer data centers, sino generar valor agregado mediante el desarrollo de software y otras soluciones vinculadas a la inteligencia artificial.
Debemos concentrarnos en fortalecer nuestras instituciones y eso supone la estabilidad macroeconómica y la reducción de la pobreza como elementos centrales, para poder ser una sociedad cohesionada de manera de atraer inversiones y, al mismo tiempo, generar buenas condiciones de vida para la población y adaptarnos a los cambios a nivel global. Y tenemos que seguir favoreciendo una mejor explotación de nuestros recursos naturales en el sentido de estar alineados con las restricciones ambientales que se ponen sobre la mesa.