Edición especial 45 aniversario
“El mundo pasó de una lógica predominantemente geopolítica a una donde la geoeconomía ocupa un lugar central”
Durante las últimas cuatro décadas y media, el tablero internacional experimentó transformaciones que redefinieron las fuentes de poder, competitividad e influencia entre los países. Para Nicolás Albertoni, exvicecanciller de la República, la estabilidad y la institucionalidad continúan siendo activos clave para Uruguay, pero el desafío pasa ahora por convertir esas fortalezas en capacidades vinculadas al talento, la tecnología, la innovación y la inserción en las nuevas cadenas globales de valor. En un escenario donde la geoeconomía gana protagonismo, sostiene que la estrategia de desarrollo del país deberá anticiparse a los cambios y construir una visión internacional de largo plazo.
Fecha de publicación: 31/07/2026
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Nicolás Albertoni, exvicecanciller de la República
Por:
Redacción

Si compara el escenario internacional de hace 45 años con el actual, ¿cuál considera que fue el cambio más profundo en la forma en que los países generan influencia, prosperidad y poder?
El cambio más profundo es que el poder ya no depende solamente del territorio, los recursos naturales o la capacidad militar. Hoy también se construye mediante tecnología, conocimiento, control de datos, acceso a mercados, cadenas de suministro y capacidad para establecer reglas. La influencia es cada vez más económica, digital y regulatoria. En otras palabras, el mundo pasó de una lógica predominantemente geopolítica a una donde la geoeconomía ocupa un lugar central.

Uruguay construyó buena parte de su inserción internacional sobre atributos como estabilidad, institucionalidad y apertura al mundo. ¿Siguen siendo ventajas suficientes o el país necesita desarrollar nuevas fortalezas para las próximas décadas?
Siguen siendo ventajas fundamentales, especialmente en una región marcada por la incertidumbre. Pero ya no son suficientes por sí solas. Uruguay debe convertir esa reputación en nuevas capacidades: talento, infraestructura digital, energía competitiva, innovación, agilidad regulatoria y una estrategia más activa para atraer inversiones. La estabilidad debe dejar de ser únicamente un atributo y transformarse en una plataforma para generar desarrollo.

Durante años, la agenda internacional estuvo dominada por el comercio y la integración económica. Hoy aparecen temas como tecnología, inteligencia artificial, datos, energía, seguridad y cambio climático. ¿Cuáles serán los asuntos estratégicos que definirán la política exterior del futuro?
El comercio seguirá siendo central, pero estará cada vez más vinculado con tecnología, inteligencia artificial, datos, infraestructura digital, transición energética, seguridad económica, minerales críticos, cadenas globales de valor y sostenibilidad. La política exterior deberá integrar todos esos asuntos y dejar de tratarlos como agendas separadas. Cada vez será más difícil distinguir dónde termina la política económica y dónde comienza la política exterior.

En un contexto de creciente competencia entre grandes potencias y fragmentación geopolítica, ¿cómo puede un país pequeño como Uruguay preservar autonomía, atraer inversiones y ampliar oportunidades para sus ciudadanos y empresas?
Uruguay debe preservar una política exterior independiente y evitar quedar atrapado en las tensiones entre las grandes potencias. Pero independencia no puede ser sinónimo de pasividad. En un escenario donde muchas veces predomina la polarización, existe la tentación de limitarse a observar para evitar costos políticos. Ese sería un error. El centro de la discusión internacional ya no es únicamente geopolítico; es cada vez más geoeconómico. La competencia se juega por atraer inversiones, integrarse a cadenas globales de valor, desarrollar capacidades tecnológicas, asegurar recursos estratégicos y participar en la definición de nuevas reglas económicas. Si un país pequeño no está presente en esas conversaciones, otros tomarán las decisiones por él.
Para Uruguay, la mejor forma de preservar autonomía es diversificar. Cuantos más mercados, socios, acuerdos, inversiones y vínculos tecnológicos tenga, mayor será su margen de decisión. La inserción internacional del futuro exige una diplomacia más activa, orientada a generar oportunidades concretas para las empresas, atraer inversión de calidad y posicionar al país en los sectores donde se definirá el crecimiento de las próximas décadas.

La economía del conocimiento, la transición energética y la bioeconomía aparecen como grandes tendencias globales. ¿Qué deberes debería hacer Uruguay hoy para posicionarse con éxito en esos sectores durante los próximos 20 o 30 años?
Debe invertir de manera sostenida en educación, ciencia, infraestructura y formación de talento; facilitar la inversión y la innovación; y generar reglas previsibles para sectores emergentes. Uruguay tiene buenas condiciones de partida, pero necesita escala, continuidad y una coordinación más estrecha entre el Estado, las empresas, la academia y el sector científico-tecnológico. La clave será transformar ventajas naturales en ventajas competitivas.

Mirando hacia adelante, ¿qué oportunidades internacionales cree que el país corre el riesgo de desaprovechar si mantiene las mismas estrategias de inserción que utilizó en las últimas décadas?
El principal riesgo es quedar fuera de las nuevas cadenas globales de valor vinculadas con servicios, inteligencia artificial, infraestructura digital, energía limpia, alimentos de alto valor agregado y bioeconomía. También puede perder oportunidades si continúa pensando su inserción internacional exclusivamente desde la exportación de bienes tradicionales y no desde la atracción de inversión, talento, tecnología e innovación. El mundo cambió más rápido que muchas de nuestras estrategias.

Si tuviera que señalar una decisión estratégica que Uruguay debería adoptar ahora para llegar mejor preparado a los próximos 45 años, ¿cuál sería?
Hay varias cosas, pero una concreta sería construir una estrategia nacional de inserción internacional de largo plazo que trascienda los períodos de gobierno y combine apertura comercial, atracción de inversiones, desarrollo tecnológico, formación de talento e innovación. Uruguay necesita pasar de reaccionar frente a los cambios internacionales a anticiparlos. En un mundo cada vez más competitivo, la mejor forma de defender el interés nacional es tener una visión de largo plazo y una presencia mucho más activa en la construcción de las oportunidades del futuro.

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Nicolás Albertoni
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