En un país cuya economía ha atravesado importantes transformaciones durante los últimos 45 años, ¿qué lugar ocupa hoy el turismo como motor de desarrollo?
Si bien es un período con una perspectiva muy amplia, sobre todo porque la robustez de los datos en la década del 80 era muy diferente (peor obviamente) a la que tenemos ahora, se puede afirmar que el turismo ha pasado de ser un sector económico complementario, a consolidarse como uno de los principales motores de desarrollo de la economía uruguaya.
Primero que nada, porque es un gran generador de empleo. De acuerdo a un trabajo de los economistas Micaela Antúnez y Martín Naranja del BPS, publicado en mayo de 2025, “Trayectoria de los cotizantes del sector turístico en Uruguay”, sobre un total de 123.000 puestos de trabajo formales en alta temporada del 2024, más del 60,5% tuvo una cotización continua durante todo el año 2023.
Y en segundo lugar porque ha representado desde muchos años a esta parte uno de los principales sectores exportadores (contando servicios y productos) del Uruguay con una cifra que ha superado los US$ 2.000 millones en 2025.
Estos dos aspectos, sin embargo, no han logrado que el sector sea visto en la opinión pública y muchas veces en el sector político como lo que es: uno de los principales motores del desarrollo económico del país.
Déjeme poner otro ejemplo: durante el 2025 los ingresos en dólares por turismo crecieron un 8,1% respecto al 2024, mientras que el PIB en ese año creció en dólares nominales un 3,7%.
Uruguay ha logrado posicionarse como un destino seguro y de calidad, pero la competencia es cada vez mayor. ¿Qué cree que hace falta para atraer más visitantes durante todo el año y no solo en las temporadas?
Obviamente que la seguridad y la calidad siguen siendo atributos esenciales, pero para crecer en visitantes y en ingreso de divisas necesitamos diferenciarnos por valor. Nuestra competitividad se debe fortalecer en el valor de las experiencias y no en su precio. El precio es muy importante sin dudas, pero no es todo. La competitividad trasciende el precio.
Desde el lado de la oferta, y si bien ha demostrado ser muy buena —no en vano tenemos el índice de turistas per cápita más alto de Sudamérica, cosa que no se logra sin calidad, compromiso y profesionalismo de los operadores—, hay mucho por mejorar. Sobre todo, en la diversificación. Hay productos como la gastronomía, con enorme potencial, que siguen necesitando apalancamiento para crecer e internacionalizarse. El turismo rural en todas sus variantes, el cultural y el deportivo, tienen también gran capacidad de crecimiento y segmentación. Y se han dado importantes avances estratégicos en el turismo de bienestar, como la presentación del vademécum de aguas termales.
Desde el lado de la demanda, uno de los principales aspectos es la promoción. Porque permite que Uruguay esté presente desde el momento de la decisión de viaje del turista. Un destino que no se promociona corre el riesgo de dejar de existir, justamente porque la competencia es cada vez más intensa. Pero la promoción por sí sola no alcanza, debe estar respaldada, además de por la oferta lógicamente, por buena conectividad. Es por eso que la Ley de Presupuesto contiene un artículo para la instrumentación de incentivos en ese sentido que se materializarán este año.
Las herramientas digitales, como la inteligencia artificial, permiten segmentar mercados, medir resultados casi en tiempo real y optimizar el gasto. El desafío es invertir en forma eficiente, llegando a los públicos adecuados con el mensaje adecuado en el momento oportuno.
Dicho esto, la estacionalidad va a seguir existiendo, es esperable en todos los mercados; a lo que apuntamos es a que los descensos no sean tan abruptos.
El turismo genera actividad para hoteles, restaurantes, comercios y muchos pequeños emprendimientos. ¿Cuáles son hoy los principales desafíos para que ese crecimiento llegue a más personas y a más localidades del país?
Si bien Uruguay tiene un buen potencial más allá de los destinos tradicionales, para que el crecimiento llegue más allá debemos primero que nada seguir trabajando en la diversificación de la oferta y en el desarrollo de productos que pongan en valor la identidad de cada región.
Para ello hemos dispuesto una serie de herramientas que apoyen a las micro y pequeñas empresas, desde capacitación, préstamos no reembolsables, préstamos con tasas bonificadas, hasta capacitaciones en inteligencia artificial. Entendemos que van en línea con el fortalecimiento de las cadenas de valor locales, que promueven que el visitante consuma bienes y servicios producidos en cada destino.
La construcción de ofertas que trasciendan departamentos y que incluso se integren allende las fronteras es un desafío muy importante. Para ello tenemos ámbitos de trabajo nacionales e internacionales donde se integran el sector público con el privado que exigen mucha articulación y con resultados de muy largo plazo.
También es importante la mejora de la conectividad, la infraestructura y las capacidades de gestión y gobernanza en los destinos emergentes. No alcanza con tener atractivos; es necesario que existan servicios de calidad, personal capacitado y una buena articulación entre el gobierno nacional, los gobiernos departamentales y el sector privado.
Y, por último, no podemos pretender que un destino sea demandado si no lo promocionamos. Y, otra vez, aparece la segmentación en la promoción.
Si tuviera que imaginar cómo será el turismo uruguayo dentro de otros 45 años, ¿qué le gustaría que hubiera cambiado y qué decisiones cree que hay que tomar desde ahora para lograrlo?
Me gustaría que dentro de 45 años Uruguay sea más conocido, que sea la opción de turismo de más personas y que se haya consolidado por ofrecer un turismo sostenible, con menor estacionalidad y presente en todo el territorio.
Un turismo que genere oportunidades para las nuevas generaciones, que haya conjugado las carreras terciarias con el mercado laboral. Que exporte talentos.
Me imagino un sector turístico que tenga herramientas que le permitan tomar decisiones en forma proactiva y no reactiva, y que sepa cuantificar las correlaciones entre las variables que afectan el turismo y el ingreso de divisas por turismo.
Para llegar a ese escenario, tenemos muy buenas condiciones políticas. El turismo une a la opinión política, basta repasar los programas de los partidos que hoy tiene representación parlamentaria. Estamos de acuerdo en las visiones de largo plazo que trascienden los períodos de gobierno. Eso significa invertir en promoción, fortalecer la competitividad, mejorar la conectividad, impulsar la innovación y la transformación digital, cuidar nuestros recursos naturales y culturales y acompañar a las empresas, especialmente a las pequeñas y medianas, para que puedan crecer y adaptarse a los cambios.
Nos falta aún tomar riesgos. Estoy convencido de que vamos a consensuar la toma de decisiones que nos avalen asumirlos. Hoy somos el país que menos gasta en promoción por turista (receptivo) de toda Sudamérica y aun así tenemos buenos resultados.
Si logramos materializar esta visión estratégica, dentro de 45 años estoy seguro de que el turismo en Uruguay será reconocido no solo por la cantidad de visitantes que recibirá, sino por la calidad del desarrollo económico que genera: más empleo, más oportunidades para el interior del país y mayor ingreso de divisas.
Lo más importante para lograr lo que hemos conversado ya lo tenemos, que son los recursos humanos en el sector privado, en el sector público y en la academia.
Algunas de las herramientas para la consecución de esos objetivos las hemos ido construyendo y otras las queremos dejar legadas, como la metodología de trabajo, planes estratégicos y herramientas concretas de apoyo al sector.