Edición especial 45 aniversario
Una mirada de largo plazo para impulsar el crecimiento, reducir desigualdades y preparar al país para el futuro
Uruguay ha alcanzado avances “sustantivos” en las últimas décadas, pero todavía enfrenta el desafío de sostener el crecimiento y transformarlo en más oportunidades para la población. Con ese objetivo, deberá promover mejoras en innovación, educación, productividad y diversificación de su economía, sin dejar de lado la cohesión social. También tendrá que prepararse para los cambios tecnológicos, fortalecer sus empresas públicas y reducir las desigualdades territoriales.
Fecha de publicación: 31/07/2026
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Rodrigo Arim, director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto
Por:
Redacción

¿Cómo evalúa la evolución del desarrollo del país en los últimos 45 años y cuáles cree que siguen siendo las principales deudas pendientes?

Desde una mirada larga, Uruguay ha logrado avances sustantivos y evidentes. Hace cuatro décadas y media, la sociedad uruguaya no lograba emerger aún de las sombras del autoritarismo, la crisis de la tablita sacudía el funcionamiento de la economía y socavaba el bienestar de los hogares y los problemas de ausencia de dinamismo se constituían en un dato estructural. Uruguay, en democracia, trabajosa y gradualmente logró mejorar sus instituciones, sus marcos de decisión política, construyó reglas de juego creíbles y un funcionamiento republicano que lo volvieron a ubicar en un lugar de privilegio en el contexto regional. La inflación cedió, pero los problemas de dinamismo económico se volvieron a expresar en sacudones dolorosos, como la crisis de comienzos del siglo XXI. A estos logros de las últimas décadas del siglo XX, el país ha sumado en las dos primeras décadas del siglo XXI un incremento relevante y sostenido del ingreso de los hogares, asociado a un crecimiento económico persistente —aunque enlentecido en la última década— que ha permitido construir políticas públicas más inclusivas, mejorar la distribución del ingreso y sostener un dinamismo económico que ha permeado a la mayor parte de la sociedad.

¿Qué entiende que necesita Uruguay para crecer de forma sostenida y, al mismo tiempo, generar más oportunidades para su gente?

Dado el nivel de desarrollo alcanzado por el país, la estabilidad macroeconómica y la calidad de sus instituciones son ingredientes imprescindibles para impulsar el crecimiento, pero ya no son suficientes. Las políticas para asegurar el crecimiento no son inmutables al estadio de desarrollo y Uruguay requiere ahora de la innovación generalizada en el entramado productivo, el surgimiento de nuevos emprendimientos que diversifiquen la producción e impulsen la productividad, el fortalecimiento de sus capacidades logísticas —y la integración de las mismas a las cadenas logísticas del mundo—, la apuesta a cambios en las formas de producir que incrementen la productividad (como el riego en el agro), el acceso a energía sostenida en fuentes renovables y competitiva a nivel internacional y mejoras en la educación de las generaciones más jóvenes.

En una economía en donde más del 60% del empleo privado descansa en micro y pequeñas empresas, innovar es un desafío mayor y acceder a líneas de financiamiento estables y de largo plazo para estos actores es también clave. La estabilización económica, la baja inflación histórica que vivimos actualmente, abre las puertas a mejorar el acceso al crédito e incentivar la innovación entre estos actores, absolutamente clave, lo cual abre una agenda de política renovada que se está recorriendo.

Estas acciones no suceden en forma espontánea, requieren de políticas públicas que las impulsen y resulten consistentes. Por ejemplo, el acceso a mercados internacionales más diversos, donde resulte posible diversificar la oferta exportadora uruguaya y agregar valor a cadenas que ya ocupan un lugar relevante en los flujos de comercio es clave. También lo es construir políticas que sean capaces de brindar cohesión social de mediano y largo plazo. Sociedades donde un segmento de la sociedad relevante no logra aprovechar las ventajas del dinamismo económico no solo no son deseables, sino que además generan derivas políticas y sociales que opacan la planificación de largo plazo por parte de los actores e incitan a no asumir riesgos.

Desde la OPP se trabaja con una mirada de largo plazo. ¿Cuáles considera que son las prioridades que el país no puede postergar si quiere mejorar su competitividad y su calidad de vida en las próximas décadas?

Somos una sociedad cuyo tamaño poblacional es pequeño y lo seguirá siendo. Debemos apostar a las capacidades de nuestros jóvenes, diversificando sus trayectorias formativas y la calidad de las mismas. En el contexto en que vivimos, con un cambio tecnológico cuyo derrotero todavía es incierto pero que afectará nuestras vidas y las oportunidades futuras, cuidar a las nuevas generaciones con sistemas más robustos de protección social destinados a la infancia y adolescencia y su vínculo con la salud y la educación es central. Son políticas justas, pero a su vez necesarias para ubicar al país en un sendero de desarrollo sostenible.

Mejorar las políticas que vinculen el conocimiento con el funcionamiento del país en sus distintas dimensiones —económicas, sociales, institucionales— es parte central de cualquier estrategia de desarrollo y esa es la razón por la que el gobierno lo ha priorizado con claridad.

Estamos en un proceso de definir con distintos actores —empresas, sindicatos, gobiernos departamentales, la Comisión de Futuros del Parlamento— cuáles son las áreas donde podríamos identificar apuestas que mejoren el desempeño del país en los próximos años.

Desde la OPP hay dos ingredientes adicionales que hacen a sus funciones sustantivas que me gustaría mencionar: por un lado, las empresas públicas son muy importantes para el funcionamiento económico del país y lo seguirán siendo. En un contexto de cambios tecnológicos que inciden en el funcionamiento de cada una de ellas —la electrificación de la movilidad obliga a pensar más que nunca las estrategias de UTE y Ancap de manera conjunta, la inteligencia artificial altera y seguirá alterando el negocio del BROU y el BHU, para poner ejemplos concretos— es necesario pensar qué cambios son imprescindibles para atender las necesidades de desarrollo de todo el país.

Otra dimensión son las desigualdades territoriales. Somos un país pequeño, sin grandes accidentes geográficos, pero con una distribución de la población y de las actividades económicas peculiar. Es obligación del país, y OPP en esta área tiene un rol claro, pensar cómo deberíamos articular el desarrollo nacional con el desarrollo local, siendo conscientes de los problemas de escala y simultáneamente explicitando los dilemas de política que implica asegurar cierta equidad territorial en el desarrollo.

Si tuviera que imaginar el Uruguay dentro de otros 45 años, ¿qué le gustaría que las próximas generaciones destacaran de las decisiones que se están tomando hoy?

Un país que se ubica en el club de los países desarrollados, con reglas claras exigentes, en particular en términos medioambientales, que apueste a las capacidades creativas de su gente y asegure que el bienestar, en sus diversas dimensiones, resulte accesible para toda la población; con patrones de equidad y prosperidad que permitan desarrollar una convivencia sana, basada en el respeto mutuo, en la diversidad de opciones de vida. Un país que cultive una democracia deliberativa como mecanismo para solucionar sus dificultades y colabore en sostener la paz y el respeto entre los pueblos a nivel internacional.

Estos personajes aparecen en esta nota
Rodrigo Arim
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