-¿Cómo ha visto la gestión de la economía hasta el momento?
-El gobierno recibió el país con una muy baja tasa de crecimiento y no ha habido disparadores significativos que hagan crecer la actividad. También hay que detallar que en este punto ha conspirado en contra la situación externa, que es algo difícil de proyectar y de considerar en los supuestos. En realidad, tampoco se han visto acciones que en los hechos hayan mostrado un cambio sustancial de lo que puede ser la tendencia.
-¿Qué valoración hace de esta Rendición de Cuentas?
-Hay una doble lectura. Por un lado, el gobierno había fundamentado inicialmente que las finanzas públicas no daban como para poder tener un incremento del gasto y de alguna manera se había afianzado esa primera presentación, y se podía coincidir en que las finanzas públicas no estaban permitiendo ese nuevo gasto. Y ahora, más allá de la reasignación, hay un incremento. Entonces, el incremento en la Rendición de Cuentas puede tensionar las cuentas del gobierno, que ya estaban ajustadas. Y ese cambio de posición va a generar una mayor presión sobre la recaudación, que es lo que estimamos. A esto se le debe sumar el anuncio de la Dirección General Impositiva (DGI) de una mayor fiscalización.
-¿Cuál es la salida al bajo crecimiento de la economía y a su poca capacidad de recaudación?
-Lamentablemente, la implementación y los resultados de las reformas estructurales necesarias para abordar estos problemas se verán en el mediano y largo plazo. Se necesitan reformas estructurales para hacer al Estado más eficiente. Ni más grande ni más chico. Eficiente. Un Estado que permita responder las demandas del sector privado en tiempo y forma y no sea una traba al crecimiento. Creo que todos saludamos y apoyamos esa agenda de competitividad o de mejora que ha planteado el ministro Gabriel Oddone, pero es tremendamente insuficiente. Por supuesto que por algún lado hay que empezar. Creo que todo el sistema la apoya, pero con eso poco se puede hacer. La competitividad de la industria está sumamente hackeada y ahora se abren los retos que traerá el acuerdo de la Unión Europea con el Mercosur, que por un lado son posibilidades, pero por el otro también son amenazas.
-¿Qué amenazas ve?
-Industrias que no pueden, por los altos costos que tiene la producción local, verse más competitivas. Entonces, las industrias deben estar preparadas para enfrentar esa competencia. Y en muchos casos no están preparadas, por muchos factores. Pero claramente, si el tema estructural del pasado no se resolvió, de la noche a la mañana empezar a competir con productos que en algunos casos reciben subsidios como ya se ha demostrado, como en la producción agroalimentaria en algunos países de la Unión Europea, va a ser muy difícil. Habría que hacer un análisis rama por rama y ver dónde están los ganadores y los perdedores. Pero siempre en estos acuerdos hay de los dos.
-¿Entiende que debe haber un acompañamiento del Estado para estos sectores que menciona?
-Sería lo deseable.
-¿En qué tipo de acompañamientos piensa?
-Los acompañamientos deberían apostar a tener un Estado más eficiente, porque recursos no hay, y además no es lógico, porque podría ser catalogado como una acción por fuera de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Entonces, por ese lado no vendrían. Pero el Estado debería generar apoyos desde el punto de vista de la simplificación burocrática, que en los hechos ya hemos visto que no ha pasado. Realmente es una interrogante este tema. En el análisis rama por rama claramente puede haber ganadores, el consumidor es el principal ganador en esto, pero el fabricante nacional, en algunos casos, va a ser el gran perdedor.
-Mencionaba que la Ley de Competitividad le parecía insuficiente. ¿Qué entiende que le hace falta?
-Las mejoras en las ineficiencias que ha planteado Oddone en cuanto a los registros, son perfectibles en su totalidad, no son solo los trámites que ha detallado el ministro en donde se pisan las distintas reparticiones del Estado. Existen controles en los que se piden tres o cuatro veces la misma certificación o el mismo trámite, por ejemplo, en un país que es pequeño. Hay inscripciones en registros que se hacen tanto en organismos nacionales como departamentales. Cada registro tiene su costo. No solo el costo del propio trámite, sino el costo en tiempos de la gestión. Hay un sinfín de ejemplos. Y con todo esto se han dado pequeños pasos, pero en el organigrama del Estado y en el funcionamiento de los trámites existe una infinidad de lugares donde el Estado en su conjunto debería ser más eficiente, en lugar de pisarse entre distintas reparticiones. En este sentido hay mucho por caminar. Hay oficinas con ventanillas únicas, como la del inversor, que resultan no ser ventanillas únicas después en los hechos, porque hay directrices que, en vez de hacerla el propio organismo, uno debe seguirlos con distintos requerimientos según cuál sea el organismo. En definitiva, hay mucho camino por recorrer.
-El tema de desempapelar o desburocratizar la economía es un consenso entre economistas y especialistas, pero en los hechos es muy difícil de concretar, como ya ha quedado demostrado. ¿Por qué cree que ocurre esto?
-Es una muy buena pregunta y me encantaría tener la respuesta, pero no la sé responder. En algunos casos, sé que el Estado está manejando la posibilidad de digitalizar algunos aspectos de la ventanilla única, en el marco de la Comap y con la nueva reglamentación de la ley. Pero todavía existen otras etapas, derivadas de la reglamentación anterior, que son muy trabajosas y me han manifestado que estaban en la gestión de nuevas tecnologías. Pero no sé si la demora es por falta de recursos o porque la implementación de esto está atada a las licitaciones públicas. Sin embargo, lo que está claro es que hay mucho por hacer. Ahora, con la nueva reglamentación de la Ley de Promoción de Inversiones, con la comisión de aplicación, es todo electrónico y eso debería agilizar los trámites. O eso esperamos, porque las demoras les generan perjuicios a las empresas.
“Debemos ser mucho más eficientes, menos burocráticos y responder rápido para atraer inversiones”
-¿Qué hace falta para que Uruguay sea atractivo para las inversiones?
-Más allá del número de inversión sobre el Producto Interno Bruto (PIB) al que el gobierno aspira, hay que tener en cuenta lo siguiente: hemos visto en el pasado que el número puede estar dado por una gran inversión dentro de una zona franca como UPM, pero, obviamente, si uno genera atracciones mayores que las globales para que las inversiones se radiquen en Uruguay, de alguna manera son cosas puntuales. Eso se implementa para grandes inversiones con el objetivo de lograr el número pautado por el gobierno, pero no de forma recurrente. Lograrlo de forma recurrente sería que existan atractivos para inversiones de todo porte, y no solo que se den concediendo una zona franca o para que un régimen particular de inversión extranjera se radique en el país. En definitiva, no es solo una cuestión del número y del porcentaje, sino de cómo la inversión se conforma. Ahí el Estado tiene que realmente dar un segundo salto. Creo que las bases están sólidas. Esas bases sólidas son la seguridad jurídica, económica, política e institucional, que son aspectos fundamentales para estos casos. Nosotros pensamos que es algo normal porque estamos acostumbrados, pero contar con estos puntos que menciono no es normal a lo largo de todo el mundo. Entonces, ese primer escalón de estabilidad que nos hace ser confiables, algo que es muy valorado en el resto del mundo, está consolidado. Y ahora tenemos que dar un paso más allá en estos aspectos. Debemos ser mucho más eficientes, menos burocráticos y responder rápido para atraer inversiones. También es fundamental que las inversiones que llegan se puedan implementar y que comiencen a caminar de forma rápida.