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La enseñanza de matemática en Uruguay: un desafío nacional
Sin duda, tenemos un problema con la matemática.
Fecha de publicación: 14/08/2026
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Por:
Ing. Julio Fernández

Perder matemática se ha vuelto una experiencia tan común para los estudiantes que hasta figura en campañas publicitarias recientes (1) de la ANEP (“No faltar hoy es una oportunidad para mañana”). La matemática es como un “cuco” que a menudo determina opciones para toda la vida, a edades muy tempranas. Esto le resta oportunidades de progreso a los jóvenes, frena el desarrollo de recursos humanos en ciencia, ingeniería y tecnología, y compromete el futuro del país.

Si queremos progresar, debemos superar el miedo a la matemática. Aunque persista la idea de que la habilidad matemática es un don innato, la neurociencia confirma lo contrario: no existen cerebros incapaces, sino procesos individuales que se despiertan a ritmos diferentes. Combatir los prejuicios y sesgos sobre la matemática —incluidos los de género— que sabotean el aprendizaje desde la infancia es una obligación ética.

¿Cómo revertir la situación? Dos informes recientes de la Academia Nacional de Ingeniería de Uruguay y del Grupo Interacadémico para la Educación Matemática (que reunió a integrantes de las academias de Ciencias, Economía, Ingeniería y Medicina del país) ofrecen pistas claras.

El primer paso es rescatar el contenido cultural y humano de la matemática: valorarla como un logro intelectual y estético, comparable a la música o la literatura. Además de ser indispensable y útil —la matemática nos permite calcular una deuda, analizar una encuesta, dimensionar un puente o resolver un cubo de Rubik—, quizás su mayor valor educativo es que nos ejercita para imaginar modelos, comunicarlos y operar rigurosamente con ellos, en un mundo inundado de datos.

Aprender matemática exige un esfuerzo particular. Es una disciplina abstracta y jerárquica: funciona como una cadena donde, si se pierde un eslabón, cuesta mucho entender el siguiente. Requiere práctica constante, atención profunda y una excelente comprensión lectora para descifrar un lenguaje que es muy denso en símbolos, gráficos y conceptos.

Por eso, las academias proponen pasar de una práctica reproductiva —basada en la repetición mecánica— a una práctica productiva. Se busca que los estudiantes razonen, conecten, comuniquen y resuelvan problemas reales, descubriendo conceptos por sí mismos y ganando confianza, para afirmar su aprendizaje.

En este proceso, el rol del docente es determinante. Un docente efectivo no solo domina la materia, sino que sabe cómo la procesan sus alumnos y puede anticipar sus dudas, errores y confusiones. Sin embargo, Uruguay tiene un déficit histórico de profesores titulados en educación media y carece de un sistema eficaz de actualización profesional para los docentes en ejercicio.

La tecnología y la inteligencia artificial abren enormes oportunidades para explorar conceptos y simplificar cálculos rutinarios. En ese rubro, Uruguay cuenta con la ventaja de la conectividad y la infraestructura del Plan Ceibal. No obstante, la evidencia es clara: tener acceso a dispositivos y software no garantiza mejores aprendizajes si no hay suficiente tiempo, capacitación ni espacios de innovación para que los docentes puedan integrar estas herramientas en su aula, en condiciones reales y, en sus propios términos, evaluar los resultados.

La mejora de la educación matemática no admite soluciones mágicas ni recetas importadas. Exige una estrategia de largo plazo que involucre a tomadores de decisión, docentes y familias. Si aspiramos a un Uruguay innovador y equitativo debemos garantizar que cada joven tenga las herramientas del razonamiento lógico para comprender, pensar y transformar el mundo. En esa tarea se juega nuestro futuro.

Los informes de las academias están disponibles en aniu.org.uy.

Referencia:

  1. El 29 de setiembre de 2025, ANEP, Presidencia de la República, Unicef, Ministerio de Educación y Cultura y Ceibal lanzaron la mencionada campaña, para promover la asistencia a clases.

(*) Presidente de la Academia Nacional de Ingeniería del Uruguay.

Buenos Aires 484, CP 11000, Montevideo, Uruguay
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