Entrevista
EN HYATT CENTRIC
“El trabajo que hizo el MEF es digno de destaque, porque preguntó dónde aprieta el zapato con un llamado público”
Uruguay ha avanzado a un estadio de desarrollo “elevado”, según lo entiende Marcos Soto, lo que quiere decir que “efectivamente alcanzó un nivel de desarrollo” y moverse de ahí es “complejo”. Así lo explicó el decano de la UCU Business School en entrevista con CRÓNICAS, en la que afirmó que hoy ve una “obsesión por el crecimiento” que lleva a conclusiones “equivocadas”. Por otro lado, lanzó que hay “una brecha entre lo que espera la ciudadanía y lo que el gobierno ha entendido”.
Fecha de publicación: 14/08/2026
Compartí esta nota
Marcos Soto, contador y decano de la UCU Business School
Por:
Redacción

 

Menú: El entrevistado degustó en el restaurante Plantado, ubicado en la planta baja del Hyatt Centric de Montevideo, su clásico bife ancho, acompañado de una ensalada de verdes.

-En su visita a Uruguay, la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI) exhortó al país a tomar más riesgos para aumentar el crecimiento. ¿Cómo lo interpreta?

-Siempre cuando nos miran de afuera, y cuando alguien dice lo que dice, primero hay que aceptarlo y tomar esa visión, porque por algo se dice. Y esto habla un poco de nuestra idiosincrasia y nos describe muy bien. A veces, sumergidos en nuestra realidad y coyuntura, nos vamos perdiendo un poquito. Y esto es una buena descripción de lo que sucede a la hora de tomar decisiones a todo nivel, tanto en el sector público como privado, donde el uruguayo tiende a ser conservador. Uruguay es un país estable, que genera confianza, seriedad y previsibilidad, y todo eso es un conjunto de cosas o atributos que tenemos que preservar, pero que sobre todo debemos valorar y entender que, cuando alguien lo dice, lo dice luego de recorrer una región que tiene una realidad opuesta a la uruguaya. En cuanto a tomar riesgos, creo que caemos en dos trampas democráticas, a decir de Jean Tirole. Una es la intención de los gobiernos de buscar sucesivamente sus reelecciones, en este caso no del presidente, sino del partido. Y en esa búsqueda se evita tomar decisiones que tengan costos políticos. Esto se ve en diferentes experiencias a nivel internacional, y en Uruguay suele pasar que se evitan ciertos temas que están de fondo y no se terminan de encarar. La otra trampa democrática es la incidencia que tienen los lobbies en nuestra democracia. Y el lobby es en sentido amplio, como cámaras, corporaciones o sindicatos, que tienen una llegada muy fácil a los tomadores de decisión, lo que termina bloqueando cambios potenciales y eso genera una gran cápsula de statu quo.

-¿Es una cuestión de estancamiento o de estabilidad?

-En primer lugar, obviamente vivimos en un momento en el que la obsesión por el crecimiento muchas veces nos lleva a saltar a conclusiones equivocadas. Hablo de obsesión por el crecimiento porque las necesidades son dinámicas. Hoy las personas tienen demandas que antes no tenían. Uruguay avanzó a un estadio de desarrollo elevado y desde 2013 somos un país considerado de alta renta por el Banco Mundial, que es un sitio reservado para pocos a nivel mundial. Esto quiere decir que Uruguay efectivamente alcanzó un nivel de desarrollo y movernos de ahí es complejo. Hacer cosas que muevan la aguja hacia más desarrollo es muy complejo, y estamos atravesando eso que se llama estancamiento. A veces nos comparamos con tasas de crecimiento de países vecinos, como Argentina, pero vienen de estados mucho más deteriorados. Entonces, dar saltos desde lugares mucho más bajos es más fácil. Es verdad que puede haber un trade off entre estancamiento y estabilidad. La estabilidad es un atributo y hay que cuidarlo y respetarlo, porque es lo que nos da la posibilidad de tener financiamiento y de atraer inversiones. Pero son dos conceptos distintos. Uno puede ser estable y crecer, y ese es el gran dilema que tiene Uruguay.

-Uruguay es estable y crece poco.

-Uruguay es estable y ha empezado a enlentecer mucho su crecimiento.

-¿Y por qué entiende que ha ocurrido?

-Primero, porque no somos una isla. Las tasas de crecimiento que estamos viendo en distintos países, salvo en aquellos que vienen de bases muy bajas, son tasas extremadamente moderadas. El FMI prevé para América Latina un crecimiento de 2% aproximadamente. Entonces, creo que hay un factor externo que incide en todo esto y Uruguay está inmerso en esa situación. Luego, tenemos algunos factores que están generando dolores, como la dificultad de atraer inversiones que dinamicen distintos sectores de actividad. La estabilidad tiene el beneficio de que hace bajar los riesgos, y en economía, esto también implica el descenso de los retornos. Y cuanto menos riesgoso es un país y una plaza, menos retorno tiene el que pone su capital allí. Frente a dificultades, temas de escala, de inserción internacional y potenciales conflictos internos que pueda tener un emprendimiento, además del bajo retorno, tal vez el inversor evalúe la posibilidad de poner su capital afuera, con un retorno mayor. Y esto es un tema que Uruguay debe empezar a descomponer. Tenemos el desafío de ser más competitivos. Esto es la capacidad de poder competir en el exterior, tanto en bienes como en servicios. Lo que está ocurriendo ahora es que el costo Uruguay está desajustado con lo que el consumidor del exterior y los mercados internacionales perciben como una evolución. Y considero que en este punto hay que trabajar mucho. 

-¿Cree que el proyecto de Ley de Competitividad y Reducción del Costo de Vida apunta a solucionar parte de estas problemáticas?

-Es positivo. El tema de la competitividad es dinámico y este proyecto de ley no puede ser visto como una estación terminal, sino como la primera parada. Uruguay tiene un camino largo para ir desmontando obstáculos, trabas y desregulaciones.

-¿Y qué otras paradas hay?

-Hay muchas y debemos detectarlas. El trabajo que hizo el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) es digno de destaque, porque preguntó dónde aprieta el zapato con un llamado público. Ha habido un proceso singular con este tema, pero es un primer estado de situación, donde se pondrán a prueba un montón de cuestiones. Entre ellas, se pondrá en juego una de las pruebas de Tirole, que es el lobbismo, porque posiblemente en algunos de estos artículos del proyecto de ley, vinculados a registro de productos, autorización de empresas importadoras y despachos aduaneros, habrá varios aspectos que van a pisar callos o generar tensión con algún lobby. El sector político se pone a prueba en esta primera parada, para ver qué tan maduro y dispuesto está a salir del discurso y pasar a la acción.

-¿Es viable en Uruguay desprenderse de esa influencia de los lobbies?

-No es posible, porque esto existe a nivel mundial. Sí es posible desafiar el poder del lobby. Debería ser posible desafiar el poder de los lobbies y es la propia ciudadanía quien debería hacerlo, a través de exigir y reclamar acción y cambios.

-Muchas veces lo que ocurre es que la ciudadanía no es consciente de la existencia de un lobby. Sí lo es de ciertos problemas o ineficiencias, pero no de la raíz en sí.

-No es consciente del lobbismo, es consciente de la parálisis. Cuando percibe que no está pasando nada, la ciudadanía empieza a entender que algo está pasando. Y esas brechas entre expectativa y realidad, son parte del deterioro que muchos gobiernos tienen hoy. Por eso, no es un dato menor que son pocos los gobiernos en la actualidad que terminan siendo reelectos.

-¿Nota este deterioro en el gobierno actual?

-No es que lo vea yo, lo dicen las encuestas, que sorpresivamente muestran niveles de aprobación bajos y son indicadores que despiertan preocupación. Y cuando uno se pregunta por qué, quizá haya que entender que la gente espera una acción y una transformación distinta. Hay una brecha entre lo que espera la ciudadanía y lo que el gobierno ha entendido. Aun en ausencia de grandes reformas, la ciudadanía espera acción en algunas áreas estratégicas.

-¿En cuáles?

-En el transporte metropolitano, la pobreza infantil, la educación, la seguridad. Desde hace mucho tiempo, el tema central de preocupación es la seguridad. Y han cambiado los gobiernos y la preocupación sigue siendo la misma.

“Abrir una discusión sobre el atraso cambiario en Uruguay, si nos enfocamos en el precio del dólar, es algo estéril”

-Se suele hacer referencia a cómo el mal llamado atraso cambiario impacta negativamente en el sector agroexportador. ¿Cree que es una discusión vigente o el tiempo ha demostrado que no es pertinente darla?

-No es pertinente darla, por varias razones. Cuando uno habla de atraso cambiario, uno puede constatar cierta evidencia de la realidad, pero no se puede actuar sobre ella. Entonces, si no se puede actuar sobre ella, es una discusión inocua. Cuando digo que no se puede actuar sobre ella es porque, por suerte y gracias a los aprendizajes sucesivos que hemos tenido, el tipo de cambio es una variable que administra el mercado a través de su oferta y demanda, y los tipos de cambio y la cotización del dólar son el resultado de esa oferta y demanda. Es verdad que puede haber algún precio en la economía que incida en la cotización del dólar, como la tasa de referencia del Banco Central, que es el precio del dinero. Pero también, con algunos movimientos que hemos tenido en el último tiempo, se ha demostrado que ese precio del dinero y la tasa de interés han incidido poco y nada en la cotización del dólar. Entonces, abrir una discusión sobre el atraso cambiario en Uruguay, si nos enfocamos en el precio del dólar, es algo estéril.

 

Estos personajes aparecen en esta nota
Marcos Soto
Buenos Aires 484, CP 11000, Montevideo, Uruguay
Copyright (c) 2026 Crónicas Económicas. Todos los derechos reservados.