Sociedad
Los cambios pendientes para mejorar el aprendizaje y reducir el abandono escolar
“El problema de la educación uruguaya no es que empeoró, sino que se estancó”, advierte especialista
Aunque Uruguay logró ampliar la cobertura y el acceso a la educación en las últimas décadas, el avance fue más lento que el de otros países de la región y eso se reflejó en una pérdida de posiciones. Para el sociólogo Pablo Menese Camargo, especializado en políticas educativas, el principal desafío sigue estando en la educación media. Entrevistado por CRÓNICAS, analizó las causas del abandono, explicó por qué varias reformas no lograron los resultados esperados y planteó la necesidad de repensar el rol docente y el tiempo pedagógico.
Fecha de publicación: 21/08/2026
Compartí esta nota
Por:
Redacción

“No empeoramos; el problema es que hace 40 años que avanzamos demasiado lento”. Así, Menese Camargo resumió su diagnóstico sobre la educación uruguaya. Esa diferencia explica que Uruguay haya pasado de ocupar una posición de liderazgo a quedar rezagado frente a sus vecinos.

Según el experto, la temática suele plantearse en términos equivocados. Sostuvo que no puede hablarse de un deterioro general cuando los indicadores muestran avances en cobertura y matrícula. La educación primaria mantiene una cobertura prácticamente universal desde la década de 1990 y, tanto la educación media como la superior, registraron un aumento de estudiantes y egresados. Sin embargo, advirtió que esos avances fueron insuficientes frente al crecimiento de otros países del Mercosur.

A su vez, explicó que Uruguay incrementa el egreso de la educación formal obligatoria a un ritmo de 1% anual desde hace cuatro décadas, mientras que en países vecinos crece entre un 5% y un 6%. “No es que empeoramos; el problema es que los demás avanzaron mucho más rápido”, acotó.

Las razones detrás del abandono

Uno de los principales desafíos sigue siendo el abandono de la educación media. Aunque las condiciones socioeconómicas todavía son un factor clave, Menese Camargo aseveró que la realidad no puede explicarse por la pobreza. “Dos de cada tres jóvenes que no culminan la educación obligatoria no pertenecen a hogares pobres”, afirmó, lo que demuestra que las dificultades alcanzan sectores sociales mucho más amplios.

Existe otro elemento decisivo: el escaso rédito que hoy tiene terminar el bachillerato. El entrevistado detalló que numerosos estudios muestran que completarlo muchas veces no representa una mejora significativa para acceder a un empleo o percibir un salario mayor. De esa manera, muchos adolescentes y jóvenes de clase media concluyen que permanecer tres años más en el sistema no modifica a gran nivel sus oportunidades laborales.

Pero el problema también está en el propio diseño del sistema. Según su visión, la educación media continúa organizada como una preparación para la universidad, cuando desde 2008 forma parte de la educación obligatoria y debería constituir un objetivo en sí mismo. “Todavía no redefinimos qué significa terminar la educación media para quienes no seguirán estudios universitarios”, declaró.

Las reformas no cambiaron la tendencia

En las últimas décadas Uruguay impulsó distintas reformas. Sin embargo, para Menese Camargo, ninguna logró modificar la trayectoria del sistema porque la mayoría fueron cambios de alcance limitado que no abordaron los problemas estructurales.

“Se agregaron o quitaron horas de algunas materias, se modificaron orientaciones o programas, pero seguimos manteniendo un modelo pensado hace casi un siglo”, señaló. Como ejemplo mencionó la transición entre primaria y secundaria, un “puente roto” que ya había sido advertido por el maestro y pedagogo Julio Castro en la década de 1940 y que, considera, continúa expulsando estudiantes.

Asimismo, cuestionó que el bachillerato obligue a los adolescentes a optar por una orientación, cuando en la práctica, con determinado número de créditos, se puede acceder a cualquier carrera. 

Tiempo pedagógico y el rol docente

Aunque cree que fortalecer la formación docente es fundamental, el experto entiende que el principal desafío está en redefinir el rol y trabajo de los profesores dentro de los centros.

Un docente de educación media suele tener apenas tres o cuatro horas semanales con cada grupo y necesita repartir su carga horaria entre varios liceos para completar su salario. De esa forma, termina trabajando con cerca de 300 estudiantes, sin tiempo suficiente para generar vínculos pedagógicos fuertes ni participar activamente en la diaria del centro.

“Podemos tener excelentes docentes, incluso con posgrados o doctorados, pero si ven unas pocas horas a cada estudiante semanalmente, es muy difícil construir cambios”, aseguró.

De estos temas se habla en esta nota
Educación
Estos personajes aparecen en esta nota
Pablo Menese Camargo
Buenos Aires 484, CP 11000, Montevideo, Uruguay
Copyright (c) 2026 Crónicas Económicas. Todos los derechos reservados.