En su última reunión a finales de julio, la Fed estadounidense mantuvo su tasa de política monetaria en el rango de 3,5%-3,75% -en sintonía con las expectativas-, pero la continuidad de presiones inflacionarias por la prolongación del conflicto geopolítico en Medio Oriente y cierta moderación en el mercado laboral, presentan un desafío para la entidad, que debe balancear su doble mandato: estabilidad de precios y pleno empleo.
“La persistencia de un nivel de inflación manteniéndose por encima del objetivo del 2% anual induciría a la entidad a mantener la tasa de interés elevada, e incluso, a aplicar ajustes al alza adicionales en lo que resta del año”, señala el informe.
Puente indica que, en este escenario de tasas altas por más tiempo, el posicionamiento en bonos con grado de inversión continúa ofreciendo una relación atractiva de riesgo-retorno, siendo propicios los tramos menores a cinco años de duración por su menor sensibilidad a cambios en la tasa de interés.
Dólar débil
En relación a las perspectivas del mercado, en el último mes se observa una visión más cauta por parte del consenso de analistas. Un mes atrás la expectativa era que se efectuaran entre uno y dos incrementos de tasas en lo que resta del año, mientras que ahora se proyecta uno solo.
Esta tendencia se alinea con la postura oficial de la entidad, que proyecta condiciones monetarias más restrictivas a corto plazo, con la tasa de interés de referencia finalizando en el 3,8% promedio. Asimismo, para los próximos dos años se estiman niveles por encima del 3%.
El contexto de tasas elevadas da cierta fortaleza al dólar estadounidense. No obstante, en los últimos 30 días, el índice global del dólar (DXY) cedió 2,5% hasta 98,9 puntos.
La perspectiva a corto plazo es que el dólar mantenga una debilidad moderada respecto a otras monedas desarrolladas, perdiendo el impulso exhibido algunas semanas atrás como refugio de valor. La persistencia de los déficits gemelos (fiscal y comercial) y la compresión de los diferenciales de tasas de interés de la Fed y el Banco Central Europeo (BCE) actuarían como los principales catalizadores bajistas. Bajo este escenario, se estima que el euro siga fortaleciéndose, promediando 1,15 dólares por euro en el tercer trimestre.