-¿En qué lugar cree que está parado hoy el presidente Yamandú Orsi?
-El presidente está tratando de mejorar su imagen. No me resulta del todo claro que haya adoptado una especie de gestión estratégica de imagen, pero me da la impresión de que, entre el gobierno y el partido, han hecho un esfuerzo por transmitir un mensaje a la interna, donde había mucho ruido. Y eso no tiene tanto que ver con el episodio de la camioneta en particular. No creo que los frentistas le hayan perdido aprecio al gobierno por lo de la camioneta, sino porque hay un runrún de que el gobierno no está respondiendo a la orientación ideológica del partido.
-¿En qué punto se ven esas disonancias? ¿Puede ser la política internacional y la postura sobre lo que ha ocurrido en Gaza?
-Eso hizo un poco de ruido. Pero hay algo un poco más sustantivo, que se trabaja políticamente desde la interna, que es más bien la orientación económica. Porque tampoco es por el lado de las políticas sociales, más allá de las restricciones en el gasto público y la posición conservadora de Gabriel Oddone y del equipo económico. El gobierno tiene una orientación hacia el gasto social, pero creo que está instalada la idea de que, para ser de izquierda, hay que sacarles a los que más tienen para darles a los pobres. No alcanza con darles plata a los pobres, también tenés que sacarles a los ricos. Un componente de esto es el impuesto al 1% más rico del PIT-CNT, que levantaron el Partido Comunista y otros grupos del Frente Amplio (FA). Y otro componente tiene que ver con las AFAP y el diálogo de la seguridad social.
-Si se hace una comparativa entre Gabriel Oddone y Danilo Astori, más allá de la reforma tributaria de 2007, no parece haber tantos matices entre uno y otro. Sin embargo, hoy en día dentro del FA hay una marcada oposición y postura rígida en cuanto a la línea económica desde dentro del partido.
-Sí, tiene razón. Aunque en el primer gobierno del FA pasaron cosas parecidas. Astori insistió mucho en mantener ciertos equilibrios y estaba aquello de darle el 6% a la educación y saltaron, y hasta Astori amenazó con renunciar. También estuvo lo del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, que el propio canciller vetó, cuando Gargano le enmendó la plana al presidente. Ahora se habla de Juan Castillo, pero esto es algo que ya pasó, y no sé si es tan diferente. Lo que ocurre es que el gobierno de Tabaré Vázquez agarró la economía en un buen momento y con crecimiento. Eso favoreció un proceso redistributivo, que tuvo cierto impacto. La diferencia acá es Vázquez y Orsi. Todas estas críticas a Vázquez no le hacían mella, porque tenía buena popularidad y un gran liderazgo.
-Pero no se le paraban en los pedales como está pasando hoy.
-Porque no le hacían daño. A Mujica tampoco. Tal vez, sobre el final del segundo gobierno de Vázquez, se empezó a sentir otro rigor, relacionado a que el boom económico se había frenado. Pero hay un tema de que Orsi no da la talla en términos de líder.
-¿Tiene un liderazgo frágil y eso da lugar a que integrantes de su propio Ejecutivo lo contradigan públicamente? Pasó con Castillo, pero también la semana pasada Valeria Csukasi tuvo declaraciones sobre Netanyahu que van en contra de lo que ha manifestado el gobierno.
-Una cosa es que un ministro o viceministro diga lo que piensa, tal vez de forma desalineada con el gobierno. Otra cosa es enmendarle la plana y contradecirlo. Capaz que Csukasi dijo algo inconveniente desde el punto de vista del discurso de Cancillería e internacional. Pero Orsi es una especie de dirigente intermedio del FA, incluso de su propio sector, porque no es el jefe del MPP, como era Mujica o el propio Astori. A Orsi, como no está allá arriba, cualquiera se le anima, esa es la sensación que tengo. Si te oponías a Vázquez, no importaba si tenías razón; salías perdiendo.
-Entonces, ¿a Orsi se le animan porque saben que no pierden?
-Algo de eso hay. Porque el Partido Comunista no ha cambiado de orientación. ¿Y por qué ahora pasan cosas que no pasaban hace 20 años? No es que los comunistas veían al FA como una especie de avance en un proceso de cambios y se desengañó.
-¿Cree que las diferencias dentro del FA están más acentuadas que antes?
-Creo que ahora están más acentuadas porque la perspectiva del FA es de menor cuantía. Con el crecimiento que hubo durante los dos primeros gobiernos del FA, la expectativa de la gente era que, como las cosas iban bien, se podía ir a más. Pero el segundo gobierno de Vázquez frenó eso y este gobierno está en ese mismo escenario, pero sin Vázquez, sin Mujica y sin Astori. No es lo mismo Astori explicando por qué no conviene tener déficit fiscal que Oddone.
-El gobierno, según lo han evidenciado las últimas encuestas, atraviesa un período de bajos niveles de aprobación. ¿Cómo puede hacer el Ejecutivo para revertir esta tendencia?
-No lo tengo claro. Creo que el camino estándar es la economía, lo que ocurre es que la economía no va tan mal como las encuestas. Si las encuestas reflejaran el estado de la economía, no deberían darle tan mal al gobierno. En la opinión pública hay una percepción más global, que puede incluir cierta decepción económica, pero no hay indicadores económicos particularmente duros, aunque no es que sean muy positivos. No creció el desempleo, los salarios mejoraron levemente y no hay indicadores duros que muestren un deterioro en la situación económica. Sin embargo, la percepción económica es más negativa de lo que corresponde a esos indicadores, tal vez por un tema de expectativas. La gente percibe más inflación de la que hay y siente que la plata no le alcanza.
-¿Y no hay un error en cómo el gobierno está comunicando este tipo de cosas? De hecho, fue parte de la autocrítica que realizó el Ejecutivo.
-Tiendo a pensar que es una excusa autocomplaciente. El gobierno anterior, cuando procesó su autocrítica, también se enfocó en problemas de comunicación. Decir que hago todo bien y como no logro explicarlo la gente no me aprueba, es muy autocomplaciente. Creo que el gobierno actual tiene problemas de profesionalismo y de trabajar con mucha seriedad y planificación, con gente especialista en cada tema. Porque desde el caso de la camioneta, previo a la asunción del gobierno, es algo que no se puede dejar librado a vaya a saber qué.
-¿Un recambio en el gabinete puede darle un lavado de cara al gobierno, pensando en las encuestas más que nada?
-En el gabinete hay que ir por un recambio cuando ves que hay un problema concentrado en un área específica. Si tenés una crisis económica, cambiás al ministro de Economía, por ejemplo. Pero no es algo de que, si el gobierno va mal, se cambian un par de ministros a ver si se logra un impacto positivo. Por otro lado, si hay un área que no va bien, como en la seguridad, y la gente tiene una opinión negativa, si se cambia al ministro, hay que ver a quién se pone y cuánto va a durar. En todo caso, si el gobierno dice que puso a un ministro en ese lugar porque es alguien capacitado y que se ha dedicado a ese tema, y no lo piensa cambiar en este momento porque faltan tres años de gobierno, es válido. Recurrir a un cambio en el gabinete no me parece que vaya a mover la aguja.
“Lo de la pobreza infantil está vinculado a la visión del FA y puede generar un impacto”
-¿Le falta un buque insignia a este gobierno?
-Sí, totalmente. No sé si el tema es la situación de calle o la pobreza infantil. Se me ocurre que es mejor lo de la pobreza infantil, porque el tema de la situación de calle es complicado de resolver, sobre todo para un gobierno de izquierda muy empático con la situación de esas personas. Es muy difícil de resolver, tomando en cuenta la situación de esas personas y el eventual derecho que tienen a circular libremente. Entonces, lo de la pobreza infantil está estrictamente vinculado a la visión de izquierda del FA y es algo que puede generar un impacto, no sé si visible, pero por lo menos en las grandes cifras. Si el presidente hubiera dicho, o tal vez está a tiempo, que su desvelo era bajar la pobreza infantil, hubiera sido distinto.