En las últimas semanas se registró un fuerte incremento de la deuda pública global, lo que marca una señal de advertencia para los mercados, según analizaron diversos expertos consultados por el portal web especializado El Economista.
De acuerdo al Fondo Monetario Internacional (FMI), para finales de la década en curso el conjunto de la deuda pública mundial aumentará desde el actual 94% hasta el 100% del Producto Interior Bruto (PIB). Ello quiere decir que el pasivo de todos los países será equivalente a toda la actividad económica global de un año sin que haya una aparente voluntad política por atacar el problema.
Este incremento constante se debe a un desequilibrio crónico de las cuentas de los países, que los lleva a gastar más de lo que recaudan. El FMI estima que el déficit público global se mantendrá en un 5% del PIB en los próximos años, con las dos principales potencias del planeta con saldos negativos superiores del 7%. De acuerdo al organismo multilateral, EEUU mantendrá un déficit fiscal superior al 7% del PIB y para comienzos de la década que viene su deuda pública supondrá el 142% de toda su actividad económica. Por su parte, para China espera que el nivel de déficit llegue al 8% de su economía durante los próximos años y que su deuda alcance el 127% del PIB para 2031.
El aumento constante de la deuda a un ritmo muy superior al crecimiento nominal de la economía implica que la carga de intereses se eleve progresivamente. Este escenario de descuadre fiscal unido al aumento de las tasas de interés implica destinar cada vez más dinero de los presupuestos al pago de los intereses, lo que restringe el resto de servicios públicos.
“No es sostenible”
Con esta realidad de fondo, varios expertos cuestionan la sostenibilidad de esta acumulación de deuda pública.
“No, no es sostenible”, respondió Emre Tiftik, director de Mercados Globales y Política del IIF. Explicó que, de momento, el sistema financiero ha podido absorber toda la deuda gubernamental que se ha emitido, pero alertó que "esta tolerancia" podría acabarse.
Por su parte, Rafael Doménech, responsable de Análisis Económico de BBVA Research, indicó que hay dos factores sobre los que depende la sostenibilidad futura. "Que los gobiernos implementen planes de consolidación fiscal creíbles a medio plazo y que logren impulsar el crecimiento del PIB potencial mediante aumentos de la productividad", sostuvo.
A lo largo de la historia, cuando se hablaba de una crisis de deuda pública, generalmente se ponía el foco en economías en desarrollo, con altos niveles de pasivo y bonos con los tipos de interés disparados. Sin embargo, a partir de la crisis financiera de 2008, la lectura comenzó a cambiar conforme los países más ricos registraban unos niveles de pasivos cada vez más altos.
"Muchos mercados maduros ahora parecen un mercado emergente antes de una crisis de deuda", comentó Tiftik, que advierte por la nula voluntad política por controlar el déficit público.
En 2025, el conjunto de países de la OCDE tuvo un gasto de intereses brutos de dos billones (millones de millones) de dólares, el mayor nivel de la historia. En términos relativos, supone el 3,2% del PIB. El gasto de intereses de los Estados se ha disparado desde la pandemia y ya supera a los peores años de la crisis financiera.
Crisis política y social
Los expertos consultados no anticipan un colapso mundial en el corto plazo, pero sí mencionan la necesidad de reformas. "Los gobiernos pueden seguir endeudándose, pero no indefinidamente a estas tasas de emisión", indicó Tiftik, y advirtió que “cuando la demanda de los inversores se desplome -y eso sucederá-, la refinanciación se convertirá en una crisis política, no solo económica".
Por su parte, Doménech vaticinó que “el peligro latente es que, si los mercados financieros perciben una falta de disciplina o ausencia de un horizonte claro de reducción del déficit, comenzarán a exigir primas de riesgo aún mayores”. Esta situación podría generar “tensiones de refinanciación severas en los países con mayores desequilibrios, forzando finalmente ajustes fiscales mucho más abruptos y dolorosos".
Por otra parte, un efecto secundario es que se produzca un quiebre del endeudamiento privado. El FMI estima que la deuda de hogares y empresas en todo el globo representa el 143% del PIB mundial. Un aumento sostenido de los bonos públicos podría llevar a los inversores a rechazar la renta fija privada, tanto en forma de préstamo directo como de bonos.