Esta actividad, que contó con el apoyo de la Fundación Konrad Adenauer, constó de la presentación de Iturralde sobre la situación económica internacional, regional y local, y de la visión del contexto político con el análisis de Zuasnabar.
En su conferencia “Los límites de la estabilidad. Falta de crecimiento y necesidad de acción”, el CED advirtió que ya no alcanza con ser estable para atraer inversiones que nos permitan crecer, sino que hoy es imperioso tomar medidas que promuevan el crecimiento.
Iturralde comenzó su conferencia con el análisis del contexto internacional, que observó que es neutro para Uruguay, se enfocó en la situación de nuestro país y cerró con una mirada a la región, que se caracteriza por aplicar políticas procrecimiento con resultados positivos.
Respecto a la situación macroeconómica de Uruguay, el CED señaló que las expectativas de crecimiento tienden a la baja: todas las fuentes, oficiales y privadas revisaron su proyección para 2026 y el mediano plazo, el crecimiento efectivo ya confirma la desaceleración que las proyecciones venían anticipando y que la inflación se mantiene dentro del rango meta, mientras las expectativas a 24 meses permanecen ancladas.
Si bien en 2025 se cumplieron las metas fiscales mediante la contención del gasto compensatoria de la desaceleración en la recaudación, el cumplimiento de las metas fiscales del 2026 exige una contención del gasto adicional del orden de 0,25% del PIB.
El freno estructural que preocupa al CED
Pero el análisis del CED va más allá, el centro de estudios identificó que hay un divorcio entre los indicadores: por un lado, se ven datos que parecen alentadores, como los de consumo y empleo y, por otro, variables como la inversión que cae a valores mínimos desde la pandemia y se consolida como el principal freno estructural al crecimiento de la economía.
En este sentido, la rentabilidad esperada se ubica como principal determinante de la inversión. Uruguay mantiene costos elevados para la producción, así como rigideces normativas. La productividad se mantiene estancada. Los aumentos de salario real no encuentran fundamento en la productividad, lo que erosiona la capacidad de generar empleo. A todo esto, se suma el alto precio de la energía que supera al de los países de la región.
En lo relativo al empleo, un dato destacado por el CED es el aumento del peso de los trabajadores por cuenta propia (64,2% de los cuales no tienen secundaria completa), mientras que disminuye el de los asalariados privados. De los 109.000 puestos de trabajo creados en la década, 73.000 fueron por cuenta propia, contribuyendo al aumento del empleo, pero también a la informalidad.
Lo que muestra el escenario regional es que tomar medidas hace la diferencia. Uruguay presenta, después de Bolivia, la menor proyección de crecimiento para el período 2025-26.
Frente a un contexto internacional neutro, la necesidad de políticas procrecimiento, como las llevadas a cabo en Paraguay, Chile y Costa Rica, se acentúa. Por el momento, Uruguay crece sistemáticamente menos que los países de la región y el diferencial de la inversión resulta un factor determinante.
En este contexto, el CED reduce su proyección de crecimiento a 0,9% para el 2026.
El análisis de la coyuntura política
El director de Equipos Consultores, Ignacio Zuasnabar, analizó la coyuntura política y destacó que hay cierta descompresión para el gobierno debido a que la desaprobación de la gestión del presidente Yamandú Orsi bajó un poco, aunque dentro del margen de error (pasó de 53% en junio a 51% en agosto).
Indicó que se da una paradoja: la base de apoyo político del presidente Orsi viene del electorado frenteamplista de izquierda, por más que en la dirigencia y quizás en la militancia sea donde resida la crítica. Sin embargo, el problema de aprobación de Orsi radica más bien en los votantes de centro del Frente Amplio.
En cuanto al mediano plazo, Zuasnabar identificó diferentes tendencias: hay una caída del aprecio por el liderazgo político en su conjunto que representa “una luz amarilla”. De hecho, el único político que tiene un saldo neto positivo es el expresidente Luis Lacalle Pou, todo el resto del liderazgo político está en saldo negativo y Guido Manini Ríos es quien tiene el mayor rechazo.
Por otra parte, la lejanía hacia la política se ha acentuado, hay una sensación de que no está al servicio de solucionar los problemas de la gente y un 35% de los uruguayos está desinteresado por ella.