El trabajo de campo del primer relevamiento sistemático del ecosistema fintech uruguayo ya cerró y el informe se encuentra en etapa de validación de resultados, confirmó Corcoll.
“La principal motivación era tener finalmente un primer mapeo sistemático, dado que en la región ya existían mediciones con metodologías comparables, en Chile, México, Argentina y Brasil”, explicó. El objetivo era dimensionar el tamaño, el alcance y la dinámica de estas empresas, con qué actores se relacionan y dónde visualizan los desafíos y las oportunidades de desarrollo del sector.
El estudio combina un componente cuantitativo (número de fintech, sectores de actividad, previsiones de inversión) con otro cualitativo, centrado en el vínculo con otros actores del sistema, la adopción tecnológica y los principales desafíos internos y del entorno regulatorio.
Un primer hallazgo, adelantó Corcoll, es que el universo identificado por Exante “abarca bastante más que el universo que es miembro de la Cámara”, aunque evitó precisar la cifra: “no quiero adelantar resultados, compete a la Cámara comentar los números”. La CUF conocía a sus socias o a empresas con las que tenía relación, “pero no contaba con un directorio de participantes del ecosistema”; por eso la primera etapa fue un relevamiento extensivo para identificar a toda la fintech que opera en el país, con casa matriz local o extranjera, antes de encuestarla directamente.
Un sector pequeño, denso y en crecimiento
“La penetración de la fintech en Uruguay es relativamente alta en la comparación regional, con lo cual el alcance ya nos deja bien posicionados en relación a otros países de América Latina”, sostuvo, aunque aclaró que en términos absolutos la cantidad de fintech uruguayas es menor que en otros mercados de la región.
El ecosistema resultó, además, más heterogéneo de lo esperado, con empresas en etapa de startup conviviendo con otras ya consolidadas, y con una porción “no despreciable” que tiene su casa matriz en el exterior.
Sobre el vínculo con otros actores, la entrevistada precisó que seis de cada 10 fintech relevadas se relacionan con bancos y actores financieros tradicionales, y cinco de cada 10 lo hacen regularmente con otras tecnológicas. La gran mayoría, además, usa inteligencia artificial en procesos internos o en productos y servicios. “Es un mercado pequeño en términos de tamaño absoluto, pero bastante denso en términos relativos”, con un enfoque colaborativo y “muy interconectado”, sintetizó.
El relevamiento también indagó sobre expectativas de crecimiento: al consultar cómo esperan que evolucionen su facturación, su empleo y su inversión, “la gran mayoría espera crecer, mantenerse con crecimiento”, tanto en la lectura de los últimos 12 meses como en la de los próximos, afirmó Corcoll.
Desafíos a futuro
Entre los desafíos, mencionó la rentabilidad y los costos de operación (ligados, según la especialista, a la situación macroeconómica del país), el tamaño del mercado uruguayo y la necesidad de expandirse internacionalmente, factores que “no son exclusivos de este ecosistema”. La importancia de la construcción de alianzas, agregó, surgió como un tema clave y transversal en todo el relevamiento.
Como oportunidades, las empresas señalaron la interoperabilidad financiera u “open finance”, sobre la que hay cambios normativos en estudio que llegarían “en el corto plazo”, y las nuevas tecnologías financieras, como el blockchain y los activos digitales, un terreno “más incipiente” en Uruguay, pero también en la mira del regulador.
Los resultados completos se presentarán el 7 de octubre en el Uruguay Fintech Summit 2026, evento anual organizado por la CUF.
Qué se entiende por “fintech” en el estudio
Definir el universo relevado no fue trivial, afirmó Corcoll: “hay un núcleo duro que se entiende como fintech, pero dónde se traza la frontera definitiva es un poco difuso”. Exante adoptó una definición basada en el rol de la tecnología: se considera fintech al conjunto de empresas que la utilizan como componente central de su actividad para desarrollar, prestar, distribuir, gestionar o facilitar productos y servicios financieros.
“El carácter fintech no se define por el origen de la empresa, sino por el rol que la tecnología cumple en la propuesta de valor de la compañía”, expresó. Quedan fuera proveedores o socios estratégicos que, aunque relacionados con el sector, no cumplen ese criterio.