Menú: El entrevistado degustó en el restaurante Plantado, ubicado en la planta baja del Hyatt Centric, lenguado con boniato al horno y agua tónica. Para la sobremesa, optó por un café.
-¿Uruguay hoy tiene una estrategia de inserción internacional definida o sigue reaccionando a las oportunidades que aparecen?
-Creo que sí, que la tiene. Si se miran los hechos y las acciones que se han tomado, se nota que hay una estrategia revelada en los hechos. Quizá uno pueda decir que eso no es demasiado explícito, y hay razones para que no lo sea. A veces hay un ruido de opiniones alrededor de eso, pero entre 2025 y 2026 se concretaron una serie de acuerdos importantes. Hay una coincidencia en el arco político de que el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) es algo útil para el país. El otro acuerdo importante es el Transpacífico, que es un proceso que viene desde el gobierno anterior y que es fundamental para el país, más aún amplificado en el contexto actual. Por otro lado, como una cuestión más general aparece, en este mundo de erosión de los marcos multilaterales y las reglas, el acercamiento, en el nivel que se llegue, de Uruguay con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).
-¿Sigue teniendo vigencia hoy la OCDE en este contexto?
-Nosotros no tenemos ni tamaño ni poder. Entonces, padecemos el uso del tamaño y el poder en las relaciones internacionales y comerciales, y en términos estratégicos debemos ir a espacios que estén restringidos por reglas. En el caso de la OCDE, lo que está ocurriendo es que muchos de sus fundadores están revirtiendo las políticas, pero hay muchos otros que no. Y hoy la OCDE está en un programa bastante extrovertido, tanto con economías asiáticas como con economías de América Latina, para expandirse e integrar nuevos miembros para fortalecer ese ámbito de convergencia regulatoria y buenas prácticas. El mundo no se agota en los tres hub centrales que son Estados Unidos, China y la propia UE. Hay mucho planeta más.
-Durante muchos años se habló de Uruguay como un país encerrado por el Mercosur. ¿El acuerdo con la UE cambia algo al respecto o aún hace falta más modernización en el bloque?
-Es un paso hacia lo que usted dice. Europa es un exportador de reglas en sus acuerdos. La intensidad en que se adoptan esas reglas depende de cada uno de ellos, porque no todos los de la UE son iguales. En el caso del acuerdo con el Mercosur, no es demasiado intenso. Pero, en lo que tiene, implica mejoras en las reglas de comercio del Mercosur. Hay un conjunto de reglas vinculadas a bienes que son cosas positivas que el Mercosur adoptará con la UE y que también deberá adoptar en el marco propio regional. Es el fin de los derechos consulares con nuestros vecinos y de la tasa consular, porque tenemos un plazo para eliminarla en el marco de este acuerdo. Y creo que es el fin de la tasa consular a nivel general.
-¿Y qué entiende que debería hacer Uruguay para que el acuerdo tenga un impacto real y no se transforme simplemente en una baja de aranceles?
-En lo que refiere a aranceles, el acuerdo es bastante asimétrico. El Mercosur es una zona de manufactura terriblemente protegida y tiende a generar una zona de libre comercio de manufactura con plazos relativamente largos, y eso es importante para el bloque porque tanto Brasil como Argentina han generado un pacto proteccionista de manufactura. El acuerdo con la UE es una señal de un proceso de apertura en la manufactura del Mercosur, que también debería generar efectos en otros lados, como en la estructura del arancel externo común o en la posibilidad de que el Mercosur negocie manufacturas con otros lugares. En cuanto al acceso al mercado, no es tanto. El primer motivo es que, en general, la UE tiene aranceles bajos y muchísimos acuerdos preferenciales de libre comercio. Entonces, en ese sentido, no es mucha la preferencia que nos entregan. El acuerdo con la UE sirve para nuestra apertura, pero no nos resuelve los problemas de acceso al mercado. Estos, en la estructura de oferta agropecuaria del Mercosur y de Uruguay en particular, están en Asia, por eso el Transpacífico es clave.
-¿Qué lectura hace de lo anunciado por el propio Lula a través de un posteo en X, de que Uruguay decidió ceder a Brasil el excedente de la cuota de carne que va a China?
-Primero que nada, la respuesta general es que se trata de algo definitivamente menor. Y es un tema de la consecuencia de tener que gestionar cuotas y rentas asociadas a distorsiones que se generan en el mercado internacional, las que heredamos con la UE por el acuerdo que nos cuotificaron en el tema agrícola o el tema de China y sus salvaguardas en el sector. Es una cuota que queda excedente, amplificada un poco por la noticia política y por decir que Uruguay está más cerca de Brasil en este contexto y por un intercambio de favores. No le veo una significancia económica importante. Creo que por detrás está el hecho de que a Brasil le queda oferta libre, porque no va a entrar en la UE y estamos también en medio del reparto de la cuota europea de carne. No se ha dicho que es esto por aquello, pero queda la conjetura posible de que Uruguay se pueda beneficiar de ello, más que nada por el precio. Esto no es público, pero conjeturo que puede venir por ese lado. La oportunidad del anuncio tiene que ver más que nada con el tiempo político de Brasil y que a Lula le habrá convenido eso.
-¿En qué lugar está hoy Uruguay en la negociación de cuotas para la UE?
-Es todo un tema que debería haberse previsto y haber fundado criterios generales, con un sistema de división de cuotas adecuado, porque las cuotas son un problema que los europeos nos generan. Ellos son exportadores de buenas reglas en general, pero esto es una exportación de malas reglas, distorsiones y reparto de restricciones cuantitativas. Esto muestra poca previsión de parte de los negociadores, en términos de no tener elaborada una regla de orden general sobre el tema. Cualquier fórmula compleja tiene de malo el cómo se monitorea y cómo se lleva el control. Lo adecuado sería una regla más simple. De todas formas, me parece que estamos discutiendo por maníes. Es un tema que lleva mucha intensidad, que sectorialmente importa mucho y es lógico que los sectores que lo discuten inviertan en eso, pero desde el punto de vista global lo que hace es generar ruido y distorsión de energía en algo que no es relevante, en el sentido de que determina negocios, pero no futuros. Lo que determina futuros son las corrientes comerciales que se liberalizan y que, de algún modo, generan cambios sobre las decisiones de inversión. Uruguay necesita atraer inversión y comercio, eso genera verdaderas condiciones de apertura.
Impuesto Temu: “La orientación del cambio es la adecuada”
-Usted realizó una consultoría al Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) sobre el régimen de compras web. Una vez implementado el mal llamado impuesto Temu, ¿cree que el debate sobre el tema de las franquicias puso el foco en un problema equivocado?
-La orientación del cambio creo que es la adecuada, en un contexto en el que el comercio electrónico está creciendo no solo a nivel internacional, sino también a nivel doméstico. Hubo preocupaciones por el incremento enorme de Temu. Ahora surgió un tema puntual que es el de la negociación del TIFA y una redacción que se interpreta de una forma particular, que supuestamente Uruguay le habría concedido a Estados Unidos la exoneración de impuestos. Y mi punto de vista es distinto al del punto de vista de los negociadores. Entiendo que en este momento tan frágil de la situación con Estados Unidos, dada la disrupción y la reversión de la política comercial de ellos, hay muchos temas a negociar y Uruguay tiene algunos mercados relativamente relevantes a cuidar, como lo es la exportación de servicios. Desde el punto de vista de la negociación, puedo entender que se haya hecho la excepción en el cobro del IVA vinculado con el TIFA o dejarlo condicionado a esa negociación, pero esto es de una gran complejidad de implementación. Porque vos no tenés un mecanismo de origen de esto. De dónde viene, cuál es el remitente y demás. Sé que existieron complicaciones y postergaciones, y la manera en que lo reglamentó, y esto es conjetural, es suficientemente restrictiva como para que el IVA se esté aplicando a todas las compras.