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El petróleo que aún no tenemos y el país que debemos empezar a construir
Uruguay tiene por delante una discusión que trasciende las coyunturas políticas, los períodos de gobierno y las legítimas diferencias ideológicas. Se trata de pensar qué hacer con una eventual riqueza hidrocarburífera y, fundamentalmente, qué país queremos construir a partir de ella.
Fecha de publicación: 09/10/2026
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Por:
Felipe Carballo

La posibilidad de que nuestro país cuente en el futuro con recursos de hidrocarburos que puedan ser explotados comercialmente nos plantea una responsabilidad política, económica y social. No alcanza con preguntarnos cuánto dinero podría ingresar a las arcas del Estado. La verdadera pregunta es cómo transformar una riqueza natural, que por definición es finita, en una oportunidad de desarrollo que perdure en el tiempo.

La historia internacional nos ofrece experiencias muy diversas. Países que encontraron en sus recursos naturales una oportunidad para mejorar la calidad de vida de sus pueblos y otros que, pese a contar con enormes riquezas, no lograron traducirlas en desarrollo sostenible. La diferencia no estuvo únicamente en la cantidad de recursos disponibles, sino también en las decisiones políticas, en la calidad de sus instituciones y en la capacidad de planificar más allá de las urgencias del presente.

Es precisamente desde esa perspectiva que impulsamos la creación del Fondo Soberano Intergeneracional de los Recursos Hidrocarburíferos del Uruguay. Una iniciativa que parte de una convicción: los recursos naturales no renovables pertenecen al conjunto de la sociedad y su eventual explotación debe generar beneficios que trasciendan a quienes tenemos la responsabilidad de gobernar hoy.

La propuesta establece un mecanismo de distribución de los ingresos netos que perciba el Estado. Un 15% se destinaría a Rentas Generales, un 25% al Fondo Nacional de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación y el 60% restante al Fondo Soberano Intergeneracional. Tiene como objetivo distribuir recursos y establecer prioridades estratégicas para el desarrollo nacional.

La educación, la ciencia y la innovación son herramientas indispensables para construir soberanía, generar oportunidades y mejorar nuestra capacidad de competir en un mundo cada vez más exigente. Fortalecer nuestras universidades, apoyar la investigación científica, impulsar la innovación tecnológica y promover el desarrollo productivo significa invertir en el Uruguay del futuro.

También significa reconocer que el desarrollo nacional no puede concentrarse exclusivamente en Montevideo. Por eso, la propuesta establece que al menos el 30% de los recursos destinados a educación, ciencia e innovación se ejecuten en proyectos localizados fuera de la capital. La descentralización debe ser una expresión de voluntad política para luego traducirse en oportunidades concretas para todos los uruguayos, vivan donde vivan.

Sin embargo, uno de los aspectos más relevantes de esta iniciativa es la preservación del capital del Fondo Soberano. El proyecto establece que ese patrimonio sea permanente e intangible y que únicamente puedan utilizarse sus rendimientos netos, previa autorización legal específica, para financiar proyectos estratégicos de desarrollo nacional.

Esta disposición busca evitar que una eventual bonanza económica se transforme en una respuesta transitoria a las necesidades fiscales de un gobierno. La riqueza proveniente de un recurso que se agota debe convertirse en activos que permanezcan. Es una forma de asumir que las generaciones futuras también tienen derechos sobre los recursos naturales del país, aunque hoy no tengan voz en las decisiones que tomamos.

A su vez, el proyecto incorpora mecanismos de transparencia, auditorías, controles institucionales y una estructura de administración con representación técnica e independiente. La administración de un patrimonio de estas características exige profesionalismo, responsabilidad y rendición de cuentas. Debe estar protegida de los intereses particulares y de las disputas político-partidarias. Por eso, proponemos que sus principios fundamentales solamente puedan modificarse con mayorías parlamentarias especiales, procurando que el Fondo se convierta en una verdadera política de Estado.

Pero hay otra dimensión que no podemos dejar de considerar: la ambiental. La eventual explotación de hidrocarburos debe abordarse con responsabilidad, con las máximas garantías ambientales y con una evaluación rigurosa de sus consecuencias. El desarrollo económico no puede estar desligado de la protección de nuestro patrimonio natural ni de los compromisos que tenemos con las próximas generaciones.

Pensar en un Fondo Soberano no significa dar por hecho que Uruguay tendrá petróleo o gas en cantidades comercialmente explotables. Tampoco significa anticipar ingresos que todavía no existen. Significa, precisamente, prepararnos con responsabilidad para un escenario que podría abrir nuevas posibilidades para el país.

En definitiva, la discusión que proponemos es mucho más profunda que la eventual explotación de un recurso natural. Es una discusión sobre la responsabilidad de la política, sobre la capacidad de construir acuerdos y sobre la necesidad de pensar el desarrollo nacional con una mirada de largo plazo.

Los gobiernos pasan, las circunstancias económicas cambian y las generaciones se suceden. Lo que debe permanecer es la capacidad de una sociedad de tomar decisiones que mejoren la vida de sus habitantes y amplíen las oportunidades de quienes vendrán después.

Si alguna vez Uruguay logra transformar sus recursos hidrocarburíferos en una fuente extraordinaria de riqueza, tenemos la obligación de garantizar que esa riqueza no se agote con su explotación, sino que se transforme en conocimiento, educación, innovación, desarrollo y bienestar.

No sabemos si el petróleo estará bajo nuestros pies. Lo que sí sabemos es que el futuro del Uruguay depende, en buena medida, de las decisiones que seamos capaces de tomar hoy.

(*) Diputado por el Frente Amplio.

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Felipe Carballo
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