El Banco Central del Uruguay (BCU) definió el pasado jueves 8 aumentar la Tasa de Política Monetaria (TPM) en 25 puntos básicos, llevándola del 5,75% al 6%, con “el objetivo de preservar el anclaje de las expectativas de inflación y contribuir a la convergencia de la inflación hacia la meta de 4,5%”.
Un día después de esa definición, el presidente del BCU, Guillermo Tolosa, mantuvo una reunión con medios especializados, buscando explicar el alcance de la decisión, los motivos de la misma y dar señales del camino futuro.
Estos encuentros con medios de prensa son una instancia habitual del BCU, luego de cada reunión de política monetaria y en particular después de aquellas que implican un cambio de rumbo.
Tolosa explicó que al aumentar la TPM el BCU “redujo la instancia expansiva” de la política monetaria, pero que sigue ubicándose por debajo de lo que se entiende es la tasa de interés neutral (7%), por lo que mantiene su carácter expansivo. No obstante, reconoció que es la primera vez en 18 meses que la política monetaria “cambia el signo”.
“No quiere decir que iniciamos un nuevo ciclo de aumento de tasas”, aclaró Tolosa, y agregó que desde el BCU se van a seguir “evaluando los datos” para tomar futuras decisiones.
El jerarca se refirió al contexto internacional de alta volatilidad de precios e incertidumbre. Explicó que más allá del aumento directo de los precios de la energía, también se está reflejando un encarecimiento del costo de fletes, lo que repercute en un aumento de los precios importados. A esta situación se suma el aumento registrado en los precios de los alimentos debido a shocks climáticos asociados al fenómeno de El Niño.
En tal sentido, el presidente del BCU enfatizó que el aumento del IPC de setiembre responde a una suba puntual asociada a estos shocks internacionales y que no se trata de una suba generalizada. “No nos gusta llamarlo inflación”, remarcó Tolosa, argumentando que la inflación -de acuerdo a su definición-, trata de un aumento sostenido y generalizado del nivel de precios, algo que, entiende, no está ocurriendo en el escenario actual.
Proyecciones
La decisión del BCU se tomó en función de las proyecciones económicas y de inflación para los próximos meses. Respecto al nivel de precios, el BCU estima que la inflación va a seguir aumentando por unos seis meses más, y luego de marzo o abril comenzaría un proceso de descenso gradual que la llevaría nuevamente a la meta del 4,5%. Esta nueva proyección, explicó Tolosa, incluye tanto las perspectivas sobre el precio del petróleo como la estimación de impacto del fenómeno de El Niño.
Tolosa defendió que Uruguay está mejor que otros países respecto al cumplimiento de la meta y que las expectativas privadas para el HPM (24 meses) siguen ancladas pese a los ocho meses de aumento del dato del IPC. “Ese es el trade mark (marca registrada) de un Banco Central creíble”.
El presidente del BCU destacó “los efectos enormes en la macroeconomía” de tener las expectativas ancladas al objetivo.
En primer lugar, comentó que genera precios más estables, ya que los empresarios “remarcan más cuando no creen en el cumplimiento” de la meta. Por otro lado, “hace que los shocks sean más acotados” y no se “filtren” al resto de la economía. Además, genera una menor tasa de interés para el conjunto de la economía, ya que los inversores financieros precisan “cubrirse menos”. Tolosa aseguró que ello también “tiene un efecto enorme sobre las cuentas públicas” y “derrama sobre el resto de las empresas en la economía”. “No lo festejamos lo suficiente”, valoró.
Respecto a la actividad económica, reconoció que “pisó algunos pozos”, pero que “no descarriló el camino”. La tasa de desempleo está baja en términos históricos y la masa salarial está en su punto más alto.
Riesgos
En relación a los riesgos asociados a las proyecciones de inflación, valoró que esta podría elevarse más de lo previsto si persisten los aumentos de precios de la energía, si se registra un efecto mayor al esperado por el shock climático o si se desanclan las expectativas de inflación.
Del otro lado, podría incidir en una baja de la inflación una demanda menor a la proyectada que modere la presión sobre los precios y también el fortalecimiento del real brasileño.
Finalmente, es un riesgo con resultado incierto la evolución del dólar, ya que puede apreciarse generando presiones al alza sobre los precios o, por el contrario, depreciarse y aliviar los niveles de inflación.