-¿Está satisfecha con lo hecho por el gobierno de Yamandú Orsi hasta ahora?
-Ha sido hasta ahora una experiencia diferente, principalmente porque no tenemos mayoría parlamentaria, lo que marcó el inicio de la gestión. Y comenzamos con un piso menor en las encuestas al que normalmente tienen los gobiernos al inicio, en su luna de miel. En cuanto a la gestión política, creo que nos costó un poco el ordenamiento, con el convencimiento de que debíamos reflejar nuestras prioridades en el presupuesto y en las rendiciones. En definitiva, empezamos con ciertas dificultades políticas, económicas y del contexto internacional. Creo que en este momento el equipo de gobierno está afianzado, mejoró la conducción política y pudimos plasmar algunas de esas ideas que desde un inicio fueron claves y que ahora empiezan a mostrar resultados. Uno de estos resultados es la baja en el primer semestre de 2026 en las cifras de pobreza, principalmente en los niños de cero a seis años.
-Hay muchos uruguayos que no son pobres por ingresos, pero viven en situación de pobreza estructural. Con la baja actual del indicador medido por ingresos, ¿no se corre el riesgo de invisibilizar aún más las carencias en vivienda, salud o servicios de esta población?
-Es un desafío. En educación estamos haciendo una apuesta muy grande, mirando a la población más vulnerable y desplegando becas. Pasamos de 14.000 a 70.000 becas, y mantener a los chiquilines en el sistema educativo es clave para atender la pobreza. En los planes de vivienda también estamos poniendo el foco en estos sectores. No se va a eliminar de un plumazo la situación de vulnerabilidad que tiene parte de la sociedad, pero creo que vamos en el camino correcto, amortiguando de a poco.
-Hay varios hitos económicos de este gobierno que se enmarcan junto al descenso de la pobreza medida por ingresos. La suba del salario real y de las jubilaciones y pensiones mínimas, como también la baja inflación. Pero hay un costado relevante en este punto, y es el ritmo al que crece la economía. ¿Hace falta insistir más en reformas y programas que atiendan esto último?
-Lo estamos haciendo. Acabamos de aprobar la Ley de Competitividad, que es algo muy ambicioso para modernizar el Estado y que apunta a mejorar el vínculo con las pequeñas y medianas empresas. En el último período del Frente Amplio (FA) y en el gobierno de Lacalle Pou se creció, en promedio, en el entorno del 1%. Y eso es preocupante. Uruguay debe crecer a tasas más altas. En 2025 crecimos 1,6%, que es un poco más, aunque no es lo que habíamos previsto.
-¿Hay consenso en la interna del FA acerca de la agenda de reformas a llevar adelante?
-Sí, hay consenso. Si hay algo por lo que los seregnistas podemos sentirnos felices, es que ya nadie discute ese rumbo instalado por Danilo Astori en su momento, que fue disruptivo para una parte de la izquierda. El crecimiento con equidad, pensar en la macro y defender que ningún país crece en desorden. Esa seriedad en la conducción ya nadie la discute en el FA y creo que Gabriel Oddone es un buen representante en la política económica.
-Hoy en la izquierda, entonces, ya no existen esos viejos conceptos o postulados en contra del capitalismo.
-El FA tiene diversas posturas que se pueden manifestar en la política internacional, pero actuamos por consenso y lo que nos guía, cuando llegamos al gobierno, es nuestro programa. Siempre nos aferramos al concepto primigenio del FA, que es ser una fuerza nacional, popular y democrática. El FA fue gobierno durante 15 años y gobernó con la Constitución en la mano. Y cuando perdimos la elección, como hacen todos los partidos democráticos del mundo, entregamos el gobierno. No hay ninguna duda de la convicción democrática del FA y en lo económico tampoco hay dudas de que el orden macroeconómico y el crecimiento con equidad es la clave. Eso ya no lo discute nadie.
-¿Hoy Gabriel Oddone tiene más respaldo a la interna del FA que cuando asumió como ministro?
-Oddone no veía de la lucha política, pese a que es un hombre político y en su momento militó. Creo que tiene, por su capacidad y los resultados que ha obtenido, un respaldo importante. Siempre habrá voces disonantes, pero a nosotros, que somos una fuerza muy discutidora, no nos preocupa.
-Han existido distintas disonancias a la interna del Ejecutivo. Ocurrió recientemente con el puerto y la esencialidad, cuando Orsi fue al portaaviones estadounidense o cuando se anunció que los blindados patrullarían los barrios, con Juan Castillo siendo la voz que marcó las diferencias. ¿Cómo afecta esto en la gobernabilidad?
-Creo que un gobierno se debe alinear detrás de las posturas que encarna el presidente. Yo fui ministra ocho años y, si sentía la necesidad de expresar que no compartía lo que decía el presidente, era porque estaba en el lugar que no debía estar.
-¿Entiende que Castillo ha cruzado algunas líneas?
-A mí no me gustó. Salir públicamente a discrepar con el presidente, teniendo ámbitos como los tiene el Ejecutivo para analizar los temas, no es oportuno. También es cierto que se saldó públicamente.
-¿Y qué dejan entrever estos episodios? ¿Una falta de autoridad del presidente?
-Castillo representa lo que representa dentro del FA, que es una línea que en algunos aspectos puede tener discrepancias con alguna política en general de otros sectores del FA. Pero Orsi tiene la autoridad necesaria, es un hombre conciliador y de diálogo. Esto mucha gente lo ve como una debilidad, pero yo lo veo como una gran fortaleza para un gobernante. Que Orsi sea alguien de diálogo y no de confrontación, le hace muy bien a Uruguay y al mundo.
-¿A qué atribuye la baja popularidad de Orsi?
-Fundamentalmente a la opinión de algunos frenteamplistas que querrían haber visto resultados más rápidamente. Estoy convencida que las encuestas reflejan eso esencialmente. Ya sabíamos lo que opina la coalición. Pero estas cifras representan que hay una porción del FA que, en su momento, aspiraba a resultados más rápido. Pero creo que se cerraron filas, esa etapa terminó y lo vamos a ver reflejado en el Congreso. Y creo que, con los recientes anuncios, la opinión pública tendrá una tendencia más favorable y seguirá en ese sentido.
-¿Hay áreas en las que usted hubiera esperado una mayor agilidad en la implementación de políticas? La oposición le ha marcado al gobierno que demoró un año en armar un plan para la seguridad, por ejemplo.
-Tengo claro que la seguridad es un tema difícil. El Ministerio del Interior está trabajando bien, tiene un plan, un objetivo y cuadros policiales interesantes. También hay una batería de controles que se habían debilitado, principalmente en la lucha contra el lavado de activos y el narcotráfico. La gente lo pasa por alto, pero se terminó el Uruguay en el que alguien venía con una valija de US$ 100.000 y nadie preguntaba de dónde venía. Y eso también hace a la lucha contra la seguridad.
-¿La izquierda cambió su mirada sobre la seguridad y la delincuencia? ¿Hay un cambio de paradigma en cómo encarar este tema?
-Es cierto que durante un buen tiempo pensamos que atendiendo las cuestiones sociales había una parte de la lucha contra la inseguridad ganada. Y ahí se nos metió el narcotráfico, que es muy tentador en algunos sectores de la sociedad. Mucho más que lo que las políticas públicas podrían resolver. Y ahí sí hay una confusión, pero el camino que hemos elegido es el de la Constitución y la ley.
“El triunfo de Bolsonaro para nosotros sería quedarnos solos en América”
-¿Qué se juega el gobierno de Yamandú Orsi en las próximas elecciones de Brasil?
-La segunda vuelta en Brasil la veo más compleja, salvo que Lula pueda hacer un trabajo con los 23 millones que no fueron a votar, y que pueda tener en esa población algún resultado. Es difícil, no imposible, y la expectativa estará puesta en cómo les llegarán a aquellos que no votaron. Como país, nosotros vamos a seguir teniendo relaciones si gana Bolsonaro. Así lo hemos hecho siempre. Si gana Bolsonaro, no me preocupa el relacionamiento, sino las decisiones que pueda tomar respecto al Mercosur. Algunos dicen querer que gane Bolsonaro porque sería bueno para Uruguay; pero sería muy malo para nosotros. Solamente con irse del Mercosur ya sería un golpe importante. Veremos qué pasa y, políticamente, el triunfo de Bolsonaro para nosotros sería quedarnos solos en América.