Oleggini dijo que la primera vuelta en Brasil no lo sorprendió. Las encuestas “no han acertado la mayoría de los últimos procesos electorales” y hay votos volátiles “muy difíciles de adelantar”. Estimó que Flavio Bolsonaro, que ganó por dos puntos, tiene entre 70% y 80% de chances en el balotaje, aunque “nunca hay que dar por muerta ninguna opción”.
Sobre qué cambiaría en el Mercosur con un gobierno suyo, sostuvo que la política de integración “nace de Itamaraty”, la cancillería brasileña, y que “poco se ha movido de su línea” sin importar quién gobierne. Recordó que en el gobierno anterior de Jair Bolsonaro el ministro de Economía planteó flexibilizar el bloque y “no pasó”: “uno a cero Itamaraty”. El factor que sí podría cambiar el panorama es el gobierno argentino: antes estaba Alberto Fernández y hoy, dijo, hay “un presidente que seguramente esté más cercano a esa flexibilización”.
De todos modos, consideró que la flexibilización “se va decantando” sin reforma: si Uruguay cierra por su cuenta acuerdos como el Cptpp, que negocia, Brasil y Argentina harían “un mirar para el costado” y no un cambio normativo.
El Mercosur está incompleto
Oleggini definió al Mercosur como “una unión aduanera incompleta”. En una unión plena, como la Unión Europea, el producto paga aduana al ingresar y luego circula libremente; en el bloque, uno que pasa de Brasil a Argentina, a Paraguay y a Uruguay enfrenta aduanas en cada tramo.
Sobre los acuerdos bilaterales, explicó que, en una unión plena, si Uruguay firmara un TLC con Japón, un televisor japonés que paga 20% para entrar al Mercosur ingresaría sin arancel y circularía por el bloque, generando “una competencia desleal”. Pero como el Mercosur nunca se configuró así, técnicamente no es “una estructura para decirte que no podés firmar un acuerdo bilateral”; que alguien deba habilitarlo, agregó, es “un discurso” con efectos específicamente desde “el punto de vista político”.
No ve probable que avance hacia una unión aduanera real: “nació como unión aduanera herida de muerte”, por diferencias de tamaño y de voluntad política. Para el experto, los escenarios son seguir “funcionando mal” o reconocer que “en el fondo es una zona de libre comercio”. Dado que para Brasil es un proyecto político, concluyó que “estamos como atados en un proyecto que difícilmente vaya para adelante y difícilmente vaya para atrás”.
En 40 años, planteó, “los resultados son exiguos totalmente”. Lo atribuyó a la falta de complementariedad: salvo la industria brasileña y algo de la argentina, los cuatro países producen en su mayoría lo mismo. El comercio del Mercosur creció cuatro o cinco veces en ese lapso, frente a más de 10 del comercio mundial: “no sé si llamarlo fracaso, pero por lo menos no tuvo el éxito que pensábamos”.
El rumbo de Uruguay
Oleggini sostuvo que la salida uruguaya “es hacia el mundo”, no hacia el Mercosur. En 1998, año de máxima integración comercial del bloque, el Mercosur recibía 56% de las exportaciones uruguayas; en setiembre de este año fue 17% y, anualizado, cerca de 20%: su peso cayó casi tres veces.
En dólares, aclaró, el 20% actual puede superar al 56% de entonces, porque el volumen exportado creció: son casi US$ 3.000 millones de los US$ 13.500 millones que exporta Uruguay, “no es una cifra despreciable”. Por eso no hay que perder “la corriente del Mercosur”, pero tampoco verlo como “el lugar para potenciar el comercio exterior del Uruguay”.
Sobre el gobierno de Yamandú Orsi, vio en la política exterior y comercial “mayormente” una continuidad de la “línea” histórica, “con mínimos matices”, con frentes heredados y nuevos: Corea del Sur, Canadá, Japón, Vietnam y acercamientos para levantar restricciones sanitarias, como en Indonesia.
Acuerdo Mercosur-UE
Oleggini consideró que Uruguay no se preparó lo suficiente para el acuerdo, tras “más de dos décadas” de negociación. “Desconfiamos muchas veces de que el acuerdo se fuera a firmar”, dijo, y al firmarse e implementarse casi de inmediato, el país tenía “un gran debe” de información sobre lo que implica. Además, “no estamos preparados del todo para vender dentro del acuerdo”, sobre todo en productos.
Los commodities, explicó, ya tenían su lugar en Europa y mejoran su acceso con cuotas y aranceles. Lo que faltó fue trabajar en información y preparación de las empresas, principalmente las pymes. Pidió evitar lo ocurrido con el TLC con México, una herramienta que “hoy en día está muy desaprovechada”.