-El informe recientemente publicado del IMD World Competitiveness Center ubica a Uruguay entre los países más prósperos de América Latina y el Caribe, pero le asigna una calificación C1 en desafíos económicos. ¿Cómo se explica esa ambivalencia entre fortaleza institucional y debilidades económicas?
-Una de las razones es el tamaño de la economía y que no atrae suficiente inversión extranjera. Si se mira el desempleo juvenil, es bastante alto, y son indicadores que dicen mucho de cómo está la economía. Siempre hay que mirar el desempleo juvenil y la atracción de la inversión extranjera. También Uruguay tiene un nivel bajo de inversión propia en el exterior, y eso implica un alto riesgo a las fluctuaciones de la economía global. Pero, al mismo tiempo, tiene un nivel institucional bastante desarrollado. La situación social es bastante fuerte también, lo que balancea el desempleo juvenil. Ahora, poniendo a Uruguay en el contexto latinoamericano, solo Chile y Costa Rica tienen un mejor desempeño. Sin embargo, el tema en la región son las desigualdades. Es un cliché decir que el rico es más rico y el pobre es más pobre, pero es algo que realmente describe a América Latina. Y, en ese contexto, Uruguay es fuerte económicamente.
-¿Uruguay aprovecha lo suficiente las ventajas que le otorga su estabilidad política e institucional para impulsar el crecimiento económico?
-Creo que la prioridad sería cerrar la brecha en inversión. Si hay una fuerza laboral con un nivel alto de educación, se puede cerrar la brecha de inversión. Pero es cuestión de mercadeo. Se puede trabajar en campañas y un buen ejemplo de cómo hacerlo es el de Nayib Bukele en El Salvador. Nunca vamos a oír hablar de Uruguay sobre el contexto económico. Siempre es de lo social y lo institucional, porque son sus activos. Siempre se enfatiza que la economía de Uruguay es pequeña.
-¿Es este el principal obstáculo de Uruguay para alcanzar un mayor crecimiento?
-Creo que sí. El nivel educativo es bastante alto. En muchas partes de América Latina, las carreras dominantes son economía y leyes, y a lo mejor esas no son las capacidades que busca la inversión extranjera. Puede ser que Uruguay necesite repensar el talento que está desarrollando. Si se mira a Suiza, por ejemplo, tiene un sistema de pasantías que está diseñado entre el sector privado y el público. Si el privado necesita banqueros, las pasantías son sobre bancos. La clave es diseñar el sistema educativo para poder desarrollar el talento que se necesita para atraer inversión extranjera. Y la brecha de la inversión es el mayor freno que tiene Uruguay.
-El informe también señala que la formación bruta de capital fijo en Uruguay representa el 15,6% del Producto Interno Bruto (PIB), frente al promedio general, que se sitúa en el 21%. ¿Cuál es la consecuencia de esto?
-Acá se juega la atracción de la inversión. El problema es que la economía no crece y está estancada. Uruguay tiene las capacidades de cerrar la brecha y hacer crecer mucho más este capital fijo de los niveles actuales. Panamá es un buen ejemplo de ello, porque tiene un modelo que se enfoca en lo económico y su ventaja comparativa está en lo geográfico, puntualmente en el Canal de Panamá. Y han desarrollado toda la infraestructura, el talento y las capacidades apuntando al canal. Hay un gran riesgo en eso, porque si hay una concentración económica a ese nivel, cualquier problema geopolítico te afecta. Y es donde se debe poner el foco. Si el problema es económico, no veo por qué Uruguay no pueda tener éxito. Pero no es algo de cinco años. Si vamos a hablar de desarrollar talento y que sea dedicado específico a la IA, por ejemplo, para desarrollar una fuerza laboral de técnicos en IA, no se puede hacer en un período corto de tiempo. Es algo para hacer pensando en 10 o 15 años. Lo que ocurre es que muchas veces estas decisiones son políticas, y los políticos están ligados a elecciones y a procesos electorales. Ahí está el principal problema. Si a un político le dicen que algo tendrá éxito en 10 o 15 años, reaccionará diciendo que tiene prioridades más inmediatas.
-¿Entiende que Uruguay corre el riesgo de haberse asentado en su posición privilegiada, por así llamarle, dentro de la región y haber perdido la capacidad de llevar adelante reformas estructurales?
-Hasta cierto punto, creo que sí. Tener éxito en lo social y lo institucional da cierto confort y da la seguridad de que, cualquier problema que surja, se puede balancear con estos aspectos. Pero el problema es que la situación que vivimos en el mundo es bastante volátil. Miremos lo que está pasando en Francia: de un día para otro empezó a haber protestas entre los jóvenes. Y si un país tiene desempleo juvenil alto, se puede crear cierta volatilidad en la economía. Cuando los jóvenes no tienen nada que hacer, puede haber problemas. Entonces, hasta cierto punto, hay un asentamiento en Uruguay, aunque la productividad es bastante alta, por encima del promedio regional. Pero el crecimiento es el problema central. Por cómo está la situación en el mundo, no solo en América Latina y las fricciones sociales, el extremismo político y la polarización, hay que estar más atentos a los problemas internos y propios de cada país. Y Francia es un claro ejemplo de ello. Son situaciones que se podrían haber evitado. En las condiciones de Estados Unidos, por ejemplo, todo va a la raíz del resentimiento que se origina en las desigualdades sociales, ya sean económicas o educativas. Y creo que Uruguay no está a salvo de esa situación, como tampoco lo están Costa Rica o Chile. Los tres países sobresalen en la región, pero no están exentos de esto que menciono. Creo que Uruguay está en un buen camino. En ese buen camino ha estado en los últimos 40 años. Solo Chile y Costa Rica ranquean mejor, pero el gran problema es la brecha de inversión y la formación de capital bruto ligada a la inversión, lo cual tiene mucho que ver con el desempleo juvenil. La solución es generar el talento que se necesita en la economía internacional y la demanda por capacidades, que relacionado a la IA es alta. Si se mira a Vietnam, por ejemplo, con el turismo ha desarrollado una industria fuerte. El Vietnam de los 80 tenía una mala reputación. Ahora es una de las atracciones turísticas más grandes de Asia, y eso tiene que ver con una campaña de relaciones públicas y enfocarse en desarrollar un sector turístico fuerte.
El “primer factor” del desempleo juvenil es la falta de oportunidades
-En el informe también se resalta que el desempleo juvenil en Uruguay alcanza el 27%, mientras que en la región el promedio es del 15%. ¿Qué explica que un país con buenos indicadores sociales, comparados con los de la región, tenga tanta dificultad para insertar a los jóvenes en el mercado laboral?
-El primer factor son las oportunidades a las que acceden los jóvenes. Otro factor es la falta de incentivos. Si alguien se gradúa de abogado y no tiene oportunidades, ¿qué va a hacer? Hay muy poca gente que está dispuesta a trabajar en lo que sea, por fuera de lo que estudió y lo que se formó. Hace falta un alineamiento entre las capacidades que se están desarrollando y las oportunidades. Esa es una forma de entender la brecha. También hay un problema de falta de motivación; si una persona tiene una vida cómoda con asistencia social, por ejemplo. No quiero decir que todo se base en ese punto, como lo presentan en Estados Unidos, pero tiene mucho que ver. Allí se ve el ejemplo de mucha gente que no tiene la motivación de ingresar a la fuerza laboral. Otro grave problema son las drogas. Si la juventud consume demasiadas drogas, la motivación se verá afectada. Lo más importante en el caso de Uruguay es la oferta y la demanda, lo que se ofrece y lo que el sector privado necesita. También es probable que los cambios tecnológicos que ha habido en el último tiempo hayan afectado a los jóvenes.