-Afirmó que Solaria no está en condiciones financieras de afrontar una inversión de US$ 5.700, tal como anunció el presidente la semana pasada en conferencia de prensa. ¿Cómo fundamenta esta afirmación?
-He dedicado mi vida, con un portafolio y un banner, a traer inversiones al Uruguay. Solito. Toda noticia de inversión es buena para mí, pero no existe, en el mundo terrícola, una empresa con los números de Solaria que pueda enfrentar una inversión de este tipo. Entonces, estoy en la difícil posición de tener que cuestionar esto, porque cae por su propio peso. Sobre la inversión en sí, no tengo una opinión negativa, pero tampoco soy pro de tapizar de datacenters todo el Uruguay, con lo que ello implica en cuanto al consumo de agua y la utilización de la energía.
-¿El gobierno debió clarificar más aspectos del acuerdo?
-No hay nada clarificado. Además, el director de UTE es nuestro, por eso nos compromete. Llamé a Darío Castiglioni y me dijo que no lo incluyeron. Ni a él ni a Carolina Cosse. Ojalá se concrete este anuncio, pero hay que dimensionar de lo que estamos hablando. US$ 5.700 millones es una fortuna y hay que tener muchas agallas para anunciar a los cuatro vientos una inversión de este tipo. Entonces, después vas al componente intelectual del Frente Amplio y se dice cualquier cosa, porque siempre habrá foquitas que lo aplauden, pero a mí me toca decir: paremos. Con la inversión del datacenter de Google no hubo ninguna opinión mía.
-¿Esta inversión puede terminar transformándose en un tema político, como ocurrió con Cardama?
-Imagino que no. Lo de Cardama es malo para Uruguay. Esto sí puede ser más parecido a UPM. No creo que se logre una inversión de estas características; sí puede pasar en partes intermedias. Se puede generar un parque grande. Hace dos años que vengo legislando sobre parques fotovoltaicos, pensando en dónde ponerlos y demás aspectos importantes. Hay muchas cosas que quedan por explicar.
-Hace poco dijo que en el Partido Nacional (PN) hay dirigentes esperando que vuelva Lacalle Pou. ¿Hoy el partido está condicionado de más por la figura del expresidente?
-No. En el PN hay muchos que no recorren, no proponen y no hacen nada esperando que venga Luis, que como es su amigo, se descansan en eso. Eso es lo que a mí me molesta. Cuando este Frente Amplio, en el piso, igual trabaja. Me molesta, porque un gobierno se tiene que sudar y nosotros ya tuvimos una experiencia de muchos que no transpiraban la camiseta.
-¿Por ejemplo?
-Tuvimos un ministro de Desarrollo Social, Alejandro Sciarra, que no estuvo en la elección. Yo espero que, quienes tengan aspiraciones, la suden. Que ayuden a Luis. Pero con un FA con plata, estatal y financiado, se necesita mucho laburo. Es más, quiero que nos hagan la competencia a la interna. No queremos ser los únicos, y todos tienen su perfil. Ahora, haciendo videos saludando viejas no se ganan las elecciones.
-¿El PN tiene hoy un problema de liderazgos?
-De liderazgo no. Es un tema actitudinal. Un gobierno tiene 2.000 cargos. Yo quiero 3.000 laburando, gastando suela y haciendo lo que hay que hacer. Hablando en una esquina o en una asociación de jubilados.
-¿No se da una “luisdependencia” en ciertos aspectos entonces?
-Los liderazgos y las figuras son lo que son. Le pasaba a Tabaré Vázquez y a Sanguinetti en su segundo gobierno. Yo ni siquiera me planteo esto. Lo que sí me planteo es ir a Dolores, para estar en un momento trascendente para el sector agrícola y que otros estén viendo Gran Hermano. Eso sí me calienta.
-Usted se define como representante de una derecha popular. ¿Qué significa eso concretamente?
-A la gente de trabajo, como primera cosa. Con su seguridad, su educación, su capacidad de tener un psicólogo en un tiempo lógico para un hijo que la está pasando mal. Apunto al laburante, el que se levanta, trabaja y recibe facturas. Todo aquel que paga impuestos. Aspiro a transformar que el aguinaldo sea un derecho y no una excepción. Este gobierno dice que se crearon 10.000 empresas nuevas, pero son todas Literal E, personas que no tienen aguinaldo. Bueno, cambiemos eso.
-¿Y en qué se diferencia esa visión que plantea de otros sectores del PN?
-Que yo esto lo digo. En eso. A mí no me cuesta decir que soy de derecha.
-¿Pero hay consenso sobre estos aspectos que propone en sus compañeros de partido?
-En la mayoría de cosas, sí. En algunos énfasis, sobre todo en algunos derrapes míos, o formas de decir ciertas cosas, capaz que no.
-¿Y qué piensa hacer con sus propuestas? ¿Cómo se transforman en políticas concretas?
-En un cajoncito voy guardando mis propuestas.
-¿Y qué hay en ese cajoncito?
-Hay una mega LUC, diferenciar los soldados que tienen experiencia en patrullaje de los que no, que Colonización no pueda comprar más campo y que le dé un subsidio a los jóvenes para arrendar los campos con la plata que genera. También que las tesis de grado de UTEC sean tapizables y muchas cosas más.
-Habla como alguien que se para como un precandidato, o al menos alguien que se proyecta en un lugar ejecutivo dentro de unos años.
-Sin serlo. Pero sí hablo como alguien que no va a llegar a la próxima elección para renovar el vale y vivir cinco años más en el Senado. Nada es más al pedo que esta legislatura, discutimos sobre la nada; a veces discutimos sobre homenajes, y es frustrante. No quiero más esta vida para mí. He pensado en renunciar y en hacer eso que se basa en darle la derecha a la gente. La mejor forma de hacer política es conocer el Uruguay y lo que está pasando. El Palacio Legislativo te aleja de eso.
-¿Y qué pretende con esa mega LUC?
-Comprar todos los problemas en el primer semestre.
-Estos grandes proyectos muchas veces implican pelearse con mucha gente.
-Exacto.
-¿Y hay disposición en el PN para pelearse con esa gente?
-No sé, de mi parte sí. Vamos a comprarnos todos los líos de una sola vez. Si pudimos enfrentar una pandemia sin saber qué iba a pasar... Hoy es momento de resistir, juntar fuerzas y ganar la elección, para después hacer esto. No creo en un Parlamento no ejecutivo con las demandas que tiene la sociedad.
-¿Ha hablado con Lacalle Pou de esta idea de una mega LUC?
-Con Lacalle Pou no hablo de política mano a mano desde que era presidente. Lo he visto muchas veces, pero tampoco le quiero romper las bolas y salir en la selfie con él. Lo veo y somos amigos, pero no he hablado de política con él últimamente.
“Decir Bukele sí o Bukele no, es una respuesta algorítmica”
-¿Es aplicable en Uruguay un modelo de seguridad como el de Nayib Bukele en El Salvador?
-Y esa es la pregunta común. Para hacer eso, hay que reformar todo lo que se aprende en la Facultad de Derecho. Lo que sí se puede hacer, que es donde nosotros hicimos reformas, es atacar otros lugares. La inocencia presunta de la policía, a través de la Ley de Urgente Consideración (LUC), por ejemplo. Se puede avanzar. Se pueden vender las 300 hectáreas que están al lado del penal de Libertad y construir dos cárceles más. Plata hay, tenemos que ver los temas de sentido común y no discutir sobre los diagnósticos. Hay que hacer. En cuanto a las medidas de Bukele o de Bolsonaro, hay cosas que se pueden hacer, como correr a los malandros. Decir Bukele sí o no, es una respuesta algorítmica. La gente te lleva a soñar con Bukele por un algoritmo, no profundiza. Ni nosotros profundizamos tanto. Es tanto lo que hay que reformar, que prefiero ir por otros lados.
-¿En qué estado está hoy la inseguridad y el narcotráfico en Uruguay?
-Acá no sé si no hay zonas en donde el crimen organizado cobra peajes. Dicen que hay barrios en donde hay una especie de mafia, que lo sufren principalmente los comercios. Ya no somos el país más educado del mundo y capaz que, cuando este gobierno entregue el mandato, vamos a estar tan en la lona que nos vamos a dar cuenta de todo y podamos escribir un capítulo fuerte en la historia de Uruguay. Mientras tanto, somos el 16 de junio de 1950. Y no es así.